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El corazón se me cae a los pies cuando nuestros ojos se encuentran. Desde el otro lado de la calle, veo su habitual expresión de tristeza. Antes de que me pidiera salir, éramos amigos. Lo conozco desde la guardería. Pero ahora hay muchísima distancia entre nosotros, y no hablo de la física.
¿Qué está haciendo aquí? No puede estar aquí.
Con una sacudida de la cabeza, que le alborota la melena castaño oscuro, se vuelve lentamente y se pierde entre las sombras. Cierro los puños y quisiera poder correr tras él.
Si lo hubiera visto cualquier otra persona, él ya estaría en el asiento trasero de un coche patrulla.
Ahora mismo, dos de ellos chirrían al detenerse ante la tienda, y me sobresaltan. Las luces azules se reflejan en el escaparate y hacen que reluzcan los fantasmas colgados ahí.
Esta vez no vacilaré en darle al botón de enviar, porque tengo algo que decirle que no tiene nada que ver con lo mucho que lo echo de menos o con lo mucho que lamento tener que estar alejada de él. Saco el móvil del bolsillo y envío un mensaje a Nash, sin darme tiempo a pensármelo dos veces.
Penny: ¿Estás bien?
Debe de estar preocupado. El mes pasado rompieron un escaparate del colmado y le echaron la culpa a él. A pesar de la falta total de pruebas y de que habían visto a Karter por esa zona.
Eso tiene que estar rondándole por la cabeza a Nash.
Estará asustado, y solo tiene a su hermana de su parte. Los dos contra todo el pueblo. No es una buena apuesta.
—Penny, los polis quieren hablar con nosotras —dice Adi, interrumpiendo mis pensamientos y devolviéndome directamente al cadáver en Party Town.
—Sí —contesto mientras lanzo una última mirada hacia el punto donde estaba Nash.
Adi y yo hablamos con los polis por separado fuera de la tienda. No tengo mucho que contarles, aparte de que he encontrado el cadáver de Noah al darle accidentalmente una patada, y que ese ha sido el peor momento de mi vida.
Al poli le parece sospechoso que yo lo haya encontrado. Pero si no hubiera sido yo, lo habría encontrado cualquier otro.
Cuando se lo hago ver, se suaviza, pero solo un poco. Sigue mirándome como si fuera a subrayar mi nombre tres veces en su libreta y pegar mi foto en un tablón de sospechosos. O quizá estoy siendo paranoica y exagerando las cosas.
Me han llamado mi padre y mi madre, pero están a horas de la ciudad, en reuniones, y pasará un buen rato antes de que puedan volver. Nunca me he alegrado tanto de que no estén en casa.
En este momento, no necesito que me agobien con su cariño. Cuesta mucho convencerlos de que estoy bien. No quieren que esté sola, así que les prometo ir a casa de Adi hasta que regresen.
Evidentemente, no es eso lo que voy a hacer.
En cuanto me libre de Adi, me voy directa a la granja de Nash.
—¡Uf, todo esto es tan raro! —dice Adi. Su madre la agarra como si el cadáver de Noah estuviera a punto de saltarle encima y devorarle el cerebro.
—Lo sé. ¿Estás bien? —le pregunto mientras intento mantenerme quieta. Estoy de los nervios, ansiosa, y desesperada por largarme de aquí.
—Creo que sí. No he sido yo quien lo ha encontrado...
Agito la mano mientras deslizo mi peso de un pie al otro.
—Estoy bien. Impresionada, pero bien. En cuanto nos dejen marcharnos, creo que me iré a casa a darme una ducha.
A decir verdad, sí que quiero hacer eso.
—Acabo de hablar con el agente Gray, y dice que podemos irnos. Puede que tengan más preguntas, pero ya saben dónde vivimos —nos comunica la madre de Adi—. ¿Quieres venirte a casa, Penny?
—Sí, creo que sí. —Tengo que hacerlo, por si mis padres preguntan—. Pero primero pasaré por casa a ducharme y cambiarme. Será cosa de una hora.
En realidad tardaré como unos veinte minutos. Lo que me dejará tiempo suficiente para ir a ver a Nash.
—Vale, cariño. Adi, vamos a casa. No te quiero por las calles.
Adi pone los ojos en blanco por la manera en que su madre dice calles .
Aunque el asesino en serie del año pasado y el cadáver de este año la tienen, comprensiblemente, aterrada.
Todos estamos aterrados.
Me meto en el viejo jeep que mi abuelo me dejó en herencia y conduzco hacia mi casa. La de Nash está en el lado opuesto del pueblo, pero si me voy hacia la izquierda y Adi me ve, se preguntará adónde voy. Bueno... sabrá exactamente adónde voy.
Me desvío y tomo la ruta larga para ir a casa de Nash.
Salgo de la plaza y llego donde las tiendas dan paso a las casas, luego más lejos, hasta las granjas y los campos de maíz de los alrededores. Sigo a un tractor durante más de un kilómetro hasta que tuerzo hacia el largo camino de gravilla.
Esa carretera irregular que conduce a su casa me resulta muy familiar.
Podría estar yendo a ver una película o a dar vueltas por algún campo en uno de los quads de trabajo.
El desguace queda a la izquierda, aún con las cintas de la policía.
No sé qué es lo que Nash y Grace piensan hacer con la granja, pero no creo que encuentren mucho apoyo si intentan volver a abrir el desguace.
Una nube de polvo me sigue, así que sabrán que alguien se acerca. Grace ya no me soporta. La última vez que hablé con Nash por teléfono, ella estaba por detrás diciéndole que colgara porque yo era una mierda y no sabía lo que era la lealtad.
«Nada de lealtad».
Y he demostrado que tenía razón.
Aparco fuera de la gran granja roja y bajo del jeep . Las plantas que solían crecer ante la fachada están todas muertas. Jackson era un gran jardinero.
¿Cómo se pasa de regar girasoles a apuñalar a chavales de instituto?
Cierro el coche y voy a la puerta principal. Hay barro pegado a la madera; no se han molestado en limpiarlo. Mientras me froto las manos, ruego por que sea Nash quien me abra y no Grace.
Ella ya debería ir a la universidad, pero corre el rumor de que no la aceptaron tras lo que hizo su padre.
Pero eso me parece raro. El otro rumor es que no quería dejar a Nash solo. Ese sí me lo creo.
Solo se llevan un año y siempre han estado muy unidos. Cuando su madre murió, hace cinco años, Grace ocupó su lugar. Hubo un tiempo en que para mí también era como una hermana. Se preocupa por todos y confía en la gente con facilidad, hasta que le das una razón para no hacerlo.
Pulso el timbre, pero no funciona, así que llamo a golpes y espero.
Puedo oír a alguien moviéndose: un portazo, algo que rasca el suelo. Quizá Nash ha visto que soy yo y está corriendo a esconderse, haciendo caer la silla donde estaba sentado.
No podría culparlo.
Un segundo después, la puerta se abre y Nash me está mirando ceñudo.
Tiene los brazos cruzados, y se lo ve mucho más musculoso de lo normal, como si se pasara todo su tiempo libre en el gimnasio doméstico de su padre.
Me resulta muy incómodo tardar tanto en formar palabras. Sus ojos son de un impresionante azul oscuro con manchitas más claras que parecen constelaciones, pero en este instante me miran muy enfadados.
Como muy muy enfadados.
Se pasa la mano por el alborotado pelo y suelta aire.
—¿Qué quieres, Penny?
¿Por qué me siento tan estúpida y atontada como cuando empecé a colgarme de él? Si pudiera evitar que me gustara, ya lo habría hecho. Es una mierda echar de menos a alguien de quien tienes que mantenerte alejada.
—¿Te... te he visto en el pueblo?
—Muy bien. Estaba en el pueblo. Y ahora, ¿qué es lo que quieres?
—Noah está muerto —susurro.
—¿Quién coño es Noah? —Su expresión es fría; sus ojos, duros; el mentón, tenso, como esperando la acusación. Sabe quién es Noah.
—Vamos al insti con él.
«Y tú aún deberías estar en el instituto con nosotros, pero te has pasado a las clases online ».
Ninguno de los profesores quiere decirme cómo le va. Al parecer, respetan su intimidad, así que yo no me entero de nada, y no lo soporto. Me quedo solo con mi imaginación, que al parecer siempre tiende hacia lo negativo.
Se encoge de hombros, aún sujetando la puerta con tanta fuerza que tiene los nudillos dos tonos más claros que el resto de su bronceada piel.
—Estaba en el equipo de fútbol americano —le recuerdo. «Contigo».
—Vale. Eso ha pasado en el pueblo. ¿Por qué me lo cuentas?
En este momento, no estoy segura. Soy una tonta por venir aquí, pero ¿cómo no iba a hacerlo?
—No lo sé. Solo me pareció... que tenía que hacerlo. Lo siento, esto ha sido un error. No debería estar aquí.
Comienzo a dar la vuelta, pero él sale y me cierra el paso.
—Entonces, ¿por qué has venido? ¿Por qué ahora? ¿Crees que he tenido algo que ver? Mi padre es un asesino despiadado y eso significa que yo también lo soy. ¿Va de eso?
—No.
Arquea una ceja, retándome, presionándome. Es como si quisiera que le diera la razón y le demostrara que soy igual de corta de miras que el resto del pueblo.
—¿No?
—Nash, si pensara que eres un asesino, no estaría aquí ahora, ¿no crees?
—Si estuviera matando gente, no te mataría a ti. Sería la manera más rápida de que me atraparan.
Ay.
—¿Esa es la única razón por la que no me matarías? —«¿Por qué diablos le estás preguntando eso?»—. Olvídalo —le digo, y alzo la mano antes de que él pueda responder—. Ya me voy.
—¿Directa a la poli a contarles que he estado hablando de a quién mataría?
—¿De verdad piensas eso de mí?
No parpadea mientras me mira, como si yo hubiera dicho algo increíblemente estúpido. Aquí, es él quien está siendo tonto. Yo quiero ser amable con él, pero también quiero golpearlo con algo duro.
Claro, está furioso, pero al menos está hablando conmigo.
—Es complicado, Nash —le digo, en respuesta a la pregunta que cuelga en el aire—. No quería alejarme, pero ¿qué más podía hacer?
—Sí, claro, todo va de ti, Penny.
—No, no estoy diciendo...
—Tienes razón, debes irte. Si Grace baja y te ve, la va a liar parda.
Casi le pregunto cómo está ella, pero algo me dice que no quiero saber la respuesta.
—Me gusta la nueva pickup —digo mientras señalo el nuevo Chevrolet rojo en la entrada.
—No es mía.
Supongo que es de Grace, ya que no veo su viejo coche, y la pickup negra de Nash está en el granero sin paredes.
Me sigue hasta el coche y me observa mientras abro la puerta.
—Siento haber venido —digo por encima del hombro—. Pero te echo mucho de menos, y odio todo esto. Lo odio tanto...
En cuanto largo eso, salto al asiento.
Por eso he venido. Porque siempre era a él a quien acudía, incluso antes de que empezáramos a salir. Porque sé que está sufriendo y quiero hacer que se sienta mejor. Porque tengo miedo de que haya un asesino imitador, y no sé qué supondrá para él si lo hay.
Lo veo en el retrovisor; me observa con una expresión vacía e ilegible.