61. Bee
Bee
Ya en el suelo, agarrada a su mano, me dejo llevar por los pasillos vacíos del instituto hasta que llegamos a la biblioteca.
Su pecho sube y baja a la vez que el mío.
—¿Por qué me has traído aquí?
—Es el sitio perfecto —susurra.
Me agarra las manos con ternura y empieza a trazar pequeñas caricias con su dedo pulgar sobre el dorso de mi mano.
—Llevo muchos días pensando cómo hacer esto, pero sigo sin saberlo, Bee.
—¿Hacer el qué?
—Decirte lo que siento.
Se me corta el aliento.
—Creo que no hace falta…
Me interrumpe.
—Sí. Sí hace falta. Porque yo me he pasado toda la vida sin recibir ni una sola muestra de afecto.
Ni una. —Me fijo en cómo le tiemblan los labios—.
Y pensaba que no me hacía falta. Nunca he podido apoyarme en mis padres, porque, bueno…
, no estaban, y… este año, gracias a mi trato contigo, me he replanteado muchas cosas, como, por ejemplo, dejarme apoyar por la gente que me quiere.
Hablar las cosas que me hacen sentir mal.
Aunque no esperes que lo haga ya… me estoy adaptando…
—Tienes gente maravillosa a tu alrededor que está dispuesta a escuchar todo lo que tengas que decir.
—Ya. Pero es algo que me ha costado procesar…
—No tiene que ser fácil haber pasado toda tu vida detrás de una máscara.
Niega con la cabeza.
—La verdad es que no. Porque ha llegado un punto en el que me odiaba tanto a mí mismo… porque no era capaz de reconocerme. No sabía quién era.
—¿Y ahora?
—Bueno, ahora estoy encontrándome.
Le dedico una sonrisa amplia.
—Cuando te encuentres del todo, vas a sorprenderte.
Frunce el ceño.
—¿Por qué?
—Por todo lo que vas a encontrar en ti.
—Me he pasado toda mi infancia pensando que no era más que un monstruo que destrozaba todo lo que tocaba. Que nadie me quería ni lo iba a hacer jamás. Por eso, en parte, siempre he mantenido esa distancia con casi todo el mundo, hasta que llegaste tú.
—¿Yo?
—Sí. Tú. Con esa aura de chica buena y responsable. De abuela, incluso. —Nos echamos a reír con fuerza—. Despertaste mi curiosidad y, gracias a eso, he visto cosas de mí y de los que me rodean que no esperaba.
—¿Y te gusta lo que has visto?
—Sí. No está mal.
—Está increíble —finalizo con seguridad.
Juntamos la frente y nos quedamos en silencio un instante.
—Oye, Bastian. —Carraspeo—. Quería disculparme por todo lo que ha pasado. No era mi intención ocultarte nada.
—Da igual, Bee. Yo tampoco he hecho las cosas bien.
—No sabía…
—Ya está. Ya pasó. Él estuvo aquí y, gracias a toda esa mierda, ahora ya puedo decir que tengo una familia de verdad.
Lo miro fijamente esperando a que siga.
—Mis tíos quieren adoptarme, de forma definitiva.
Abro los ojos de golpe sin poder creerme lo que estoy escuchando.
—¿En serio?
Asiente con la cabeza y lo abrazo con fuerza.
—Te lo mereces tanto… De verdad.
—Gracias, Bee —susurra, acariciando mi pelo con ternura—. Por ver a través de todas mis capas. —Me mira a los ojos.
—Ha sido un honor para mí ver todas y cada una de ellas.
—¿Ahora me concederías el honor de ser mi novia? Mi novia de verdad.
Nos reímos al mismo tiempo. Noto los latidos de mi corazón retumbando con fuerza.
—Te diría que sí…
—¿Pero?
—Pero el curso está a punto de acabar, y yo no sé lo que voy a hacer, tú te irás y…
—Bee. Para. No intentes controlar todo porque es imposible. Aquí y ahora.
Lo observo, y verme a través de esos ojos azules es lo más bonito que he visto jamás.
—Aquí y ahora —concluyo en un susurro.
Sus manos me aprietan más de la cuenta y mis pies dejan de tocar el suelo. Me posa sobre una de las mesas de estudio y, con un gesto extremadamente suave, desliza las yemas de los dedos por mi rodilla hasta llegar a mi muslo y ejerce un mínimo de presión.
Hago lo que me pide en silencio; abro las piernas para que pueda colarse entre ellas. La intensidad de su mirada me está ahogando. Mi corazón bombea a toda velocidad. Me sudan las palmas de las manos. Mi boca se seca. Mi vientre grita.
—Te… Bee, yo te…
—Tú, ¿qué?
—Te siento, en amarillo.
Frunzo el ceño, totalmente confusa, porque no entiendo lo que quiere decir.
—No te entiendo.
—Tú eres amarillo, Bee. Es como si… si tuviera que ponerle un color a lo que siento.
Entiendo que, cuando te has pasado gran parte de tu vida anulando lo que sientes, o escondiéndolo, luego cuesta un mundo exteriorizarlo.
No es fácil, yo soy la primera que lo entiende, porque las cosas con mi padre también están yendo despacio, deshaciendo hábitos que han estado ahí durante demasiado tiempo.
Y me resulta muy tierno que Bastian trate de decirme lo que siente a su manera.
—¿Estás diciendo que…?
Asiente, colocando las manos en mi cara.
—Sí. Justo eso.
Desde que tengo memoria, siempre había soñado con que llegaría el día en el que se declararían a mí de una forma hiperromántica, pero lo que nunca esperé es que alguien definiera sus sentimientos con un color, y que esa manera, precisamente, sea mi favorita.
Y para alguien a quien le cuesta tanto mostrarse tal y como es, me parece la mejor de las formas.
Nadie nunca ha definido mejor el amor hacia el otro.
Me lanzo a sus labios dispuesta a ahogarme en ellos. Dispuesta a demostrarle al siete del River Valley que para mí el amarillo también es amor.