El 7 de River Valley 52. Bee
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52. Bee

Bee

—¿Sigues con ese catarro? —pregunta Jaz con el ceño fruncido.

—Bueno…, el tiempo tampoco ayuda demasiado. —Toso, llevándome la mano a la boca.

—¿Por qué no te has quedado en casa descansando?

Niego con la cabeza y me limpio la nariz con un pañuelo.

—Mi padre ha vuelto, y no… no quiero.

Jaz entrecierra los ojos, esperando que le diga algo más, pero tampoco tengo fuerzas ni ganas para repetir lo que le he dicho. No me siento orgullosa.

—¿Ha pasado algo?

—Bueno, digamos que le he puesto un poco a caldo.

—¿Qué? Pero… ¿qué ha pasado?

Niego con la cabeza mientras avanzamos a clase de gimnasia.

—No ha pasado nada nuevo. —Me encojo de hombros—. Lo mismo de siempre. Él estaba en su planeta y, esta vez, lo he bajado de su órbita diciéndole lo que pienso. No hay nada extraordinario…

—Bueno, Bee. Creo que el hecho de que le hayas dicho todo lo que te lleva atormentando años sí que es extraordinario, ¿no te parece?

La observo en silencio, porque quizá tenga razón.

—Tal vez nunca habría llegado a estos extremos si mi madre…

—Tu madre no podía hacer el papel de ambos. Ella hacía muy bien su rol, pero tu padre seguía ignorando el suyo. Tarde o temprano acabaría explotando.

—Supongo que tienes razón… —Suelto una sonrisa y me miro los pies.

—¿Y… con Bastian? ¿Sabes algo de…?

Niego de nuevo con la cabeza, tragando saliva al mismo tiempo para evitar echarme a llorar ahí mismo.

—Bastian se acabó —suelto con una brusquedad que pilla a Jaz totalmente desubicada.

—Pero…

—Teníamos un trato y creo que ha cumplido perfectamente su función. Él se ha puesto las pilas y Grayson no ha vuelto a molestarme.

Mi mejor amiga me observa como si no comprendiera mi lógica. Como si hubiera algo en todo aquello que no encajara, y tiene razón, solo que no me siento preparada para verbalizar que la he cagado y no he sabido cómo solucionarlo.

—Pensaba que igual esperabais hasta que él finalizara la recuperación de los créditos…

—Es mejor así.

—¿Eso se lo has preguntado a él? ¿O es algo que has decidido por tu cuenta?

Supongo que, por un lado, me puede la vergüenza por no haber hecho las cosas mejor.

Por no haberle dicho lo del dichoso espejo.

Por haberme colado en la intimidad de su casa y que tanto él como sus tíos se hayan abierto conmigo de una manera muy íntima, y yo…

, bueno, por no haber hecho las cosas bien.

Haber salido corriendo de su casa tampoco ayuda a que pueda mirarlo a la cara.

La bola se ha ido haciendo más y más grande, hasta que no tengo la fuerza suficiente para pararla.

—No —respondo con la boca pequeña.

—Bee… —agrega con un tono que es más lastimero que otra cosa. Se para frente a mí—. Escúchame y deja de esquivar el tema ¿Tú no eres la fiel defensora del diálogo?

—Sí, claro. Pero también creo que hay cosas que es mejor no alargarlas. Es mejor cortar por lo sano y ya.

Jaz me agarra de los brazos con delicadeza e intenta colocarme frente a ella para que la mire, pero esquivo sus ojos dorados.

—Mírame, Bee.

A regañadientes, hago caso a su petición.

—¿Es mejor cortarlas por lo sano porque te has dado cuenta de que Bastian te gusta y de que no hay nada fingido detrás de ese trato? ¿Por eso quieres mandarlo todo a la mierda? ¿Por miedo a que sea él quien te «deje»?

Aparto la vista porque tiene razón: me gusta Bastian como jamás pensé que me gustaría alguien como él.

En todas mis fantasías había imaginado que me enamoraría de un chico inteligente y responsable, que sacara buenas notas y con el que tal vez pudiera compartir tiempo de estudio.

Un empollón como yo.

Jamás esperé encontrar en Bastian cosas que me gustaran.

Supongo que, cuando nos conocimos, pensaba que detrás de toda esa fachada de estrella del equipo no había nada.

Que era una cáscara vacía, pero tuve que cerrar la boca cuando empecé a conocerlo y empaparme de cada uno de sus detalles y matices.

Lo que más miedo me da de todo esto es que con él me he sentido lo suficientemente segura como para no necesitar la validación de nadie más que la mía propia. Con él estoy siendo esa versión de mí que nunca pensé que llegaría a conocer, y me da miedo no ser así si no estoy a su lado.

Como si esa Bee solo existiera junto a Bastian.

Un ruido sordo nos hace girar la cabeza y, entonces, lo veo por el pasillo con la mochila al hombro y una sudadera ancha.

Mi corazón retumba con fuerza en respuesta, y mis piernas están a punto de ceder cuando parece que viene hacia nosotras. Pero él está muy lejos de allí. Sus ojos miran, pero parecen vacíos, como si estuvieran en otro lugar.

Con el corazón en la garganta, me giro de golpe, porque no sé cómo actuar en caso de que quiera hablar conmigo, aunque, después de nuestra última conversación, dudo que quiera hablar de nada.

Y mi decepción llega cuando pasa por nuestro lado sin mirar. Sin percatarse de nuestra presencia. Resoplo y aparto la vista, fingiendo que no esperaba una mirada suya.

—Bee, esto no está bien.

La fulmino con la mirada.

—No me digas… —Echo a andar de nuevo hacia el gimnasio, mentalizándome de que voy a tener que dar vueltas como un pollo sin cabeza alrededor de una pista y de que mis notas van a depender de ello—. Mira, da igual. En serio.

—¿Cómo vais a pasar de…?

—Pues como hace mucha gente. ¿No hay relaciones que se acaban de un día para otro? Pues ya está.

Jaz se queda callada, porque supongo que no sabe qué más decir al respecto.

—¿Qué vamos a hacer por tus dieciocho? —pregunto, cambiando de tema de forma radical.

—No tenía pensado nada especial. Una cena en casa y poco más…

—Me gusta el plan.

—Oye, Bee. —Pongo los ojos en blanco porque no quiero volver al tema—. Queda menos de una semana para la final y Adriel quiere que vayamos…

Empiezo a negar con la cabeza antes de tiempo, pero mi mejor amiga tampoco me da pie a que diga mucho más.

—Piénsatelo, ¿vale?