45. Bee
Bee
¿Sabes ese momento en el que has hecho algo mal, pero no lo sientes exactamente así?
Esa sensación que te pesa y que te recuerda constantemente que hay algo que no está bien, pero tú no terminas de sentirte en armonía con ella.
¿Como ir en contra de tus valores, pero, aun así, ceder por presión social?
Una de las cosas positivas de estar sola es que tengo demasiado tiempo para pensar. Y eso también es algo malo, porque no he dejado de darle vueltas desde que Bastian se fue.
Cuando la puerta se cerró con su partida, supe que las cosas no estaban bien. A pesar de haber pasado ese último rato metidos en la cama.
¿Nunca has fingido que todo está bien, aunque notes que no es así? Pues así me he sentido durante todo este tiempo, pero no me veía capaz de… abordar un tema que para mí no tiene la importancia que sí parece tener en él.
Me levanto de la cama y voy hacia la ducha con el móvil.
¿Hoy hacéis algo?
Adri: ¡Navy Pier! ¡Veeen!
Me lo pienso.
Adri: ¿Qué tienes que pensar?
Hay manzanas de caramelo y algodón de azúcar.
—¿No le has dicho que eres virgen? —El tono de decepción de Jaz me hace sentir un poco mal.
Trato de pedir un mínimo de silencio porque estamos en mitad de la calle, donde cualquiera nos puede escuchar, pero mis amigas están demasiado centradas en mi virginidad.
Y se les olvida.
—Era —enfatiza Adri.
—¿Qué?
—Has dicho «eres virgen», y de virgen ya no tiene nada.
Jaz pone los ojos en blanco y hace un gesto con la mano.
—Ay, bueno, ya me entiendes. —Fija de nuevo la atención en mí y se lleva una patata a la boca—. ¿Por qué no le dijiste nada, Bee? Creo que es algo que él debería saber.
Me muerdo los labios buscando apoyo en Adri, que está callada observando a Jaz. Porque no quiero que más personas se unan al discurso de Bastian.
—No me pareció relevante…
—¿Es eso o que te daba vergüenza decírselo?
Aparto la vista porque creo que son las dos a la vez. ¿Cómo le confiesas a alguien que eres virgen? En plan, ¿en qué momento surge una conversación así?
Quizá, si mi madre hubiera estado aquí, me habría dado un punto de vista diferente, pero no es el caso…
Mi silencio hace que Jaz se arrastre por el banco hasta pegarse prácticamente a mi lado.
—Bee… —Su tono maternal me ruboriza—. ¿Te piensas que no se habría dado cuenta?
Alzo la cabeza y me encuentro con sus ojos y sus cejas arqueadas.
—Bueno…, pues pensaba que, si yo no se lo decía, no se iba a enterar. —Las miro de lado—. De hecho, yo pensaba hacer como si nada.
—¡Amiga! —Adri alza la voz—. ¡No puedes hacer eso! Si para ti es algo que no tiene importancia, suéltalo y ya. Como un dato informativo. Esto es como cuando vas a una cafetería y pides las cosas sin lactosa porque eres intolerante, pues esto igual. Coges y le dices: «Oye. Soy virgen».
Pestañeo un poco confusa.
—¿Y ya?
—Sí. —Se encoge de hombros—. Y os ponéis a follar.
No me convence para nada el argumento de mi amiga, así que observo a Jaz, que tampoco parece muy convencida.
—¿Qué? —pregunto con cierta desconfianza.
—No, nada. Es que jamás pensé que tendríamos esta conversación, y mucho menos viniendo de ti, la verdad.
Me muerdo los labios y agacho la cabeza.
—Ya…
—Bee, la voz de la razón. La que siempre tiene respuesta para todo. La que medita todos y cada uno de sus pasos… —No hay reproche en la voz de Jaz, simplemente sorpresa—. ¿Qué has hecho con mi mejor amiga?
Nos reímos al mismo tiempo, y eso me ayuda a aliviar un poco la culpa que estoy sintiendo por no haber compartido esa información con Bastian y haberlo hecho quedar como ¿exagerado?
—Es que… en ese momento no pensé mucho en cómo me sentiría después o en cómo había imaginado que sería… Me dejé llevar.
—Y no hay nada de malo en ello, Bee. El problema sería si te hubieras visto obligada a hacer algo que no querías. Ahí sí que estaríamos hablando de algo muy serio.
—No. —Niego con la cabeza—. Todo lo contrario. Me preguntó varias veces si estaba segura y…
—Ayyy, qué mono…
Giro la cabeza al escuchar el tono de voz de Adri. Jaz se lleva la mano a la boca para acallar la risa.
—¿Qué? Es que me parece adorable que alguien como él —según lo suelta hace el gesto con sus manos para demostrar la corpulencia de Bastian— sea tan cute .
Niego con la cabeza al mismo tiempo que me muerdo los labios y recuerdo la sensación de sus dedos sobre mi piel. Su aliento rozando mis labios. La ternura de sus movimientos.
—Es muy mono. —Bajo la vista al notar cómo mis mejillas se encienden—. La verdad.
Me muerdo los labios y recuerdo que días antes Adri había mencionado que Bastian iba a venir al muelle.
—Oye, Adri, ¿Bastian no se suponía que iba a venir?
Mi amiga se encoge de hombros y echa un vistazo entre la multitud.
—Se supone, pero nunca llegamos a confirmar nada, la verdad.