25. Bee
Bee
Avanzo entre la gente con una sensación de ahogo e incomodidad, buscando aire. Sé que no tiene mucho sentido que lo busque precisamente en una casa llena de adolescentes borrachos y sudorosos con la música a todo volumen, pero créeme que en el jardín con Bastian me estaba asfixiando.
Atravieso la multitud como un pollo sin cabeza, y visualizo la puerta principal para salir por ella y buscar un poco de calma entre todo el caos que siento ahora mismo.
Cuando estoy a punto de salir a la calle, me choco con un cuerpo que casi me hace tropezar.
—Bella .
Aprieto los ojos con fuerza y alzo el mentón para encontrarme con la sonrisa de Grayson.
No. Por favor. Lo que me faltaba.
—Hola, Grayson —digo casi sin voz.
—Te estaba buscando.
—Yo ya me iba.
Trato de esquivarlo, pero me agarra de los brazos y hago lo que puedo por zafarme de su contacto.
—¿Ahora? No, mujer. Si esto acaba de empezar.
Trago saliva.
—Estoy cansada y…
Me ahoga una sensación desagradable cuando se acerca demasiado a mi cara, y es que su loción de afeitado me provoca náuseas.
—Grayson, de verdad… —suplico, tratando de controlar la presión de mi pecho. Me encojo ligeramente—. Me quiero ir.
—¿Ahora que nos hemos encontrado? —Me pasa el brazo por el hombro y me estrecha contra él—.
Te invito a una copa y te cuento cómo me ha ido en el entrenamiento, seguro que te encantará saber lo bien que se me da.
—Me arrastra hacia la barra y yo no sé cómo decirle que no—.
Nunca has venido a un partido mío. Deberías hacerlo.
—No… no me gusta el fútbol.
—Bueno, pero una cosa es ver fútbol y otra muy distinta verme mí. —Me mira con una sonrisa arrogante que aumenta mis ganas de querer salir corriendo—. ¿No crees?
No digo nada porque todo lo que se me pasa por la cabeza son formas de huir. No me gusta el deporte. Ni el fútbol, y mucho menos me interesa verlo jugar a él.
Busco a Adriel por todas partes y me arrepiento de haber huido en la dirección equivocada. Tendría que haberme tirado a la piscina, así por lo menos me habría ahogado y no tendría que estar entre los brazos de Grayson, que me aprietan demasiado.
—¿Qué quieres beber?
—Nada.
—Bella , no me hagas el feo.
Odio que me llame de esa forma. No lo soporto. Aprieto los labios y expulso el aire, incómoda.
—Una botella de agua.
Me suelta por fin y me mira como si fuera un bicho raro.
—¿Qué? —titubeo, sintiéndome insegura.
—¿Agua? —Soy consciente de la burla que hay en su tono—. ¿En serio?
—No bebo —miento.
Hace una mueca de desaprobación.
—Pero hoy lo harás por mí, ¿verdad? —Ensancha su sonrisa llena de dientes rectos y blancos—. Venga, anda.
—No, gracias —suelto con un tono de irritación que él ni percibe.
—Hazlo por mí. —Se inclina hacia donde estoy y mi reacción natural es echar la cabeza hacia atrás—. Te va a encantar.
Desesperada, repito de nuevo, con la intención de que esta vez sí me haga caso.
—No, de verdad que…
Pero pasa de mi cara, y le pide a un chico que está allí que nos ponga una copa. Yo solo quiero llorar de frustración. ¿Tan complicado es entender la palabra «no»?
Más allá del hecho de que le da igual lo que yo quiera, y de que está fatal que anule mis deseos, ¿por qué pide una copa y no dos?
Me muerdo los labios y trato de insistirle de nuevo.
—Grayson, de verdad…, no me apetece. Además, es que me iba ya a casa…
—Venga. No me hagas el feo.
—Te ha dicho que no.
Esa voz.
Mi corazón aporrea casi más fuerte que la música. Giro sobre mis pies y me encuentro con Bastian justo detrás de mí, con los ojos ardiendo fijos en Grayson.
Verlo así convierte mis piernas en gelatina.
La expresión del capitán del equipo de fútbol cambia de golpe cuando escucha hablar a Bastian.
Fuerza una sonrisa arrogante.
—Nadie te ha dado vela en este entierro, Wolf.
—Ella. —Me echa una mirada fugaz ignorando el comentario de Grayson—. Te ha dicho que no quiere.
Su tono es cortante, sin subir la voz, como si en esa aparente calma no hubiera más que una amenaza velada.
Grayson se pasa la lengua por los dientes como si rebuscara entre los huecos algún trozo de comida, y es algo repulsivo. Si cree que con ese gesto muestra tranquilidad, está muy confundido.
—No sabe lo que quiere. Ella… —Coge el vaso y me lo tiende. Yo no hago amago de agarrarlo—. Necesita que la guíen un poco.
Pestañeo, sin dar crédito.
¿De verdad ha dicho eso?
—Creo que sí sabe lo que quiere. Te ha dicho que «no» —retumba su voz con una dureza que me provoca ganas de juntar las piernas.
Y ya van dos veces que tengo esa sensación en un intervalo de tiempo muy corto a causa de la misma persona.
Y encima seguro que él ni siquiera lo hace aposta. ¿Qué me pasa?—. Dos veces.
Grayson me fulmina con la mirada como si deseara hacerme beber la copa de un solo trago. Sin soltar el vaso, alza el mentón de forma desafiante.
—¿Llevas la cuenta, Wolf?
En los ojos de Grayson hay un brillo extraño, como si hubiera encontrado algún punto débil en la fachada de Bastian que yo no soy capaz de ver.
—Está conmigo —suelta Grayson—. Así que soy yo el que decide.
Vale que nunca había confiado demasiado en la capacidad de Grayson para respetar a las mujeres, pero ahora mismo siento que la está cagando más que nunca.
Bastian avanza de una sola zancada hasta posicionarse frente a Grayson, y, con una delicadeza que no esperaba, me aparta al mismo tiempo que acompaño el movimiento hacia un lado y tengo una panorámica perfecta de la escena.
Bastian, con las manos en los bolsillos, inclinándose hacia Grayson, que lo mira estirando el cuello para parecer más grande.
—Me sorprende lo gilipollas que puedes llegar a ser si crees que puedes decidir por ella —suelta Bastian con una tranquilidad que no me da ninguna confianza.
—Tú no te quedas atrás.
—Yo no decido por nadie que no sea yo. —Bastian sacude la cabeza, y un mechón de pelo se le escapa por el agujero de la gorra.
—Porque nunca te han dejado hacerlo. —Grayson le da un empujón.
Ay, Dios.
Se me corta la respiración cuando veo cómo Bastian baja la cabeza cuidadosamente y, sin moverse un milímetro, alza sus ojos hacia Grayson.
—Estás muerto, hijo de puta —grita con los ojos ardiendo de rabia, y se lanza contra él.
Me llevo las manos a la boca para sofocar el grito que suelto cuando escucho y casi soy capaz de sentir en mis propias carnes el puño de Bastian en la mandíbula de Grayson, que se enfurece al instante mientras se toca la cara y arremete contra Bastian.
Caen al suelo, enzarzados en una pelea que llama la atención de todos los presentes, quienes no tardan en formar un círculo, como si ver una pelea fuese un espectáculo.
¿Por qué nadie los para y todo el mundo mira?
Busco aterrorizada a Connor para que los detenga antes de que se maten, pero ni rastro de él ni de mi amiga.
Deslizo la vista por el suelo y veo la gorra de Bastian, que ha salido volando desde su cabeza en el transcurso de la pelea, y me agacho para cogerla.
Giro la cabeza desesperada y trato de acercarme a esa maraña de brazos, golpes, gruñidos e insultos.
—Parad… —suplico, pero claramente ninguno de los dos me escucha.
Me armo de valor, porque en el fondo me siento demasiado culpable de que esa pelea haya empezado ¿por mi culpa? Si hubiera aceptado la copa, no habría pasado nada de esto. Pero tampoco tenía que hacer algo que no quería solo para mantener la paz social.
Bastian está de espaldas a mí, y es la oportunidad perfecta para acercarme a él. Estiro la mano para tocarle el hombro y pedirle que pare, pero el grito de Connor me hace apartarla antes de llegar a tocarlo.
—¡¿Qué cojones está pasando aquí?! —Abre los ojos de golpe cuando atraviesa la marabunta de gente y ve a su amigo sobre Grayson—. ¡Bastian! ¿Qué cojones estás haciendo?
Mi mirada se cruza con la de Adriel y siento un alivio enorme al verla.
Corre hacia mí y, sin decir nada, me lo pregunta todo, pero no puedo pronunciar palabra porque mi atención está centrada en el chico de ojos azules que jadea con la mejilla hinchada mientras su mejor amigo lo agarra por los hombros.
—A la puta calle —grita Connor—. ¡Ahora!
Bastian resopla y lanza una mirada a Grayson, que ya se ha incorporado y se está arreglando el pelo enmarañado.
—Eso es. ¡Llévatelo! ¡Es un puto animal!
Los gritos de Grayson no parecen tener ningún efecto sobre Bastian, que ahora tiene los ojos clavados en mí.
Su mirada me ahoga.
—Vete de mi casa —grita Connor.
El gesto de Grayson cambia por completo, como si no pudiera creerse que alguien le hable así y menos que lo echen de la fiesta.
—¿Yo? Creo que te estás confundiendo.
—Fuera de mi casa.
Grayson niega con la cabeza y se lame la sangre del labio.
—No sabes lo que acabas de hacer, Arias. —Aprieta la mandíbula y le dirige una última mirada a Bastian—. Esto no acaba aquí, Wolf.
—Oh. —Bastian sonríe y se muerde el labio inferior como si estuviera aguantando una carcajada—. No sabes las ganas que te tengo.
Connor le da un empujón a Bastian, lo aleja hacia la calle y nosotras los seguimos.