El 7 de River Valley 23. Bastian
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23. Bastian

Bastian

Connor sigue hablando y yo sigo medio absorto en mis recuerdos.

—… Mírate. Eres un chaval de dieciocho años que está buenísimo.

—Lo observo con una expresión que le arranca una carcajada—.

No. A ver. —Sacude la cabeza con el gesto divertido—.

No eres mi tipo, ¿vale? Pero creo que eres el prototipo de muchas: deportista, atractivo y misterioso.

Con dos cojones bien puestos…, bueno… —Mueve la mano para dejar de hablar de esos temas que tanto a él como a mí nos ponen incómodos—.

Todas esas cosas que les gustan a las chicas.

—Connor. —Niego con la cabeza y me encojo de hombros—. No sé qué les gusta a las chicas.

—Ese es el problema. Estás tan encerrado en ti mismo que no eres capaz de ver más allá. —Se pasa la mano por el pelo corto—. ¿Tú has visto cómo te miran?

Pestañeo confuso, porque te juro que no entiendo nada.

Suelto el aire por la nariz.

—¿Cómo?

Sonríe de forma sutil.

—Empieza a observar más lo que te rodea. Te vas a sorprender. —Bebemos en silencio y, acto seguido, habla de nuevo—. Oye, ¿salimos? —pregunta, quitándose el bigote de espuma—. Me muero aquí dentro.

Lo sigo sin rechistar al porche trasero que da al jardín con la piscina cubierta por una lona. Trago saliva y me coloco junto a la barandilla mientras él se sienta en un banco justo debajo de la ventana, frente a mí.

—¿Nunca te has planteado hacer las cosas de otra manera? —pregunta en un tono más calmado que antes, quizá incluso arrepentido.

Me muerdo los labios y pierdo la vista en el techo del porche, analizando hasta qué punto he llegado a pensar o no en los demás.

—¿A qué te refieres?

—En la cancha eres buenísimo. Diría que el mejor…

Por su tono y la forma de mirarme, sé que se viene el temido «pero» que nunca nadie quiere escuchar. Al menos yo no.

Enarco las cejas esperando que continúe.

—Pero… —Ahí está—. Ser el mejor implica más cosas. ¿No te das cuenta de que el entrenador estaba deseando ponerte de capitán?

Frunzo el ceño, confuso.

—Pero el capitán es McKay.

—¿Y por qué crees que tú no?

Hincho el pecho de aire y me quedo callado porque no quiero decirlo en voz alta.

No tengo cojones.

—Un capitán no es solo el que juega mejor, sino el que consigue hacer equipo, y nosotros no lo somos.

—Trago saliva—. ¿Sabes algo de la vida de los quince del equipo?

¿Alguno se ha acercado a contarte sus mierdas?

¿Has celebrado algo con ellos más allá de cinco segundos en la cancha?

Yo qué sé… ¿Sabes qué quieren ser de mayores?

Sus palabras me caen como un puñetazo en la base de la garganta. Como un mordisco en la lengua mientras comes. Como vivir en un cuerpo que odias.

Aparto la mirada, buscando a través de la ventana que da al interior algo que me distraiga y alivie la picazón que siento en la piel.

—No sé cómo hablar con ellos de algo que no sea el baloncesto —admito avergonzado.

Se levanta y se coloca a mi lado.

—Tienes cualidades de sobra para hablar de mil cosas que no sean el baloncesto, Bastian, pero, si no practicas, nunca lo vas a conseguir.

—Joder, Connor. Yo no sé hacer eso.

Se encoge de hombros y me dedica una sonrisa.

—Habrá que intentarlo, ¿no?

«¿Y cómo empiezo?». Me gustaría preguntarle.

Pero el estruendo de la puerta golpeando la pared me hace girar la cabeza de golpe.