13. Bastian
Bastian
Bajo a la cocina en busca de algo que comer para ir a clase lo antes posible, pero mi tío Luis ya está allí.
Como todos los días.
—Buenos días, Bastian.
—Hola —digo, abriendo la nevera.
—¿Hoy por la tarde puedes quedarte con Chapi? Nosotros tenemos que ir a hacer unos recados.
Aprieto los ojos con fuerza, porque, desde mi visita a la directora, ya me dejó bastante claro que o mejoraba mis notas y mi evidente falta de disciplina, o acabarían suspendiéndome del equipo.
—Tengo que estudiar.
Cierro la nevera y me encuentro con las cejas alzadas de mi tío.
—¿Tú? ¿Estudiando?
—Sí. ¿Qué pasa?
—No te he visto con un libro en mi vida.
Me encojo de hombros.
—Siempre hay una primera vez para todo, ¿no crees? —Me llevo el brik de leche a la boca y, cuando termino, me limpio con el dorso de la mano. Un gesto que mi tío detesta.
—Coge un vaso, hombre.
—Bah. ¿Para qué voy a ensuciar un vaso si puedo beber a morro?
—¿Porque los demás también bebemos de ese brik?
—¿Y?
Mi tío suspira y niega con la cabeza.
—No puedo tratar de educar a Chapi con unas normas y que tú pases de ellas, Bastian. ¿Lo entiendes? —Me pongo rígido y asiento con la mandíbula apretada—. Hazme el favor —suspira cansado—. En esta casa hay normas y…
Lo corto con cierta brusquedad, porque su expresión y su tono me recuerdan que conmigo siempre han tenido que hacer un esfuerzo para reconducir mi comportamiento.
—Lo pillo.
—Píllalo, pero hazlo.
Salgo de la cocina y, sin girarme, hago un gesto con el dedo pulgar.
Chapi baja las escaleras corriendo y corre a abrazarme las piernas cuando estoy a punto de salir de casa.
—Adiós, Bas.
Le revuelvo el pelo.
—Luego nos vemos, Chapi.
Estamos en las taquillas y Connor se apoya con tranquilidad en ellas mientras yo rebusco lo que necesito.
—¿Has dicho algo en casa?
—No —respondo, y giro la cabeza para mirarlo—. ¿Y tú?
—¿Estás de coña? —Niega con la cabeza mientras sus ojos parecen buscar algo entre la gente—. Qué va. No me apetecía morir.
Cierro la puerta metálica con fuerza y me coloco la mochila al hombro.
—Pues ponte las pilas. Ya escuchaste a la directora: una más y adiós baloncesto.
Suspira y se encoge de hombros.
—Es un farol, seguro.
—Sea un farol o no, me da igual. No podemos permitírnoslo si queremos salir de aquí este año.
—Oye. Gracias, tío —baja el tono y me mira—. Por cubrirme.
—Da igual. —Me encojo de hombros—. Para eso estamos, ¿no?
—Ya, pero no cualquiera lo habría hecho. —Me coloca la mano en el hombro y aprieta—. Eres un buen colega. El mejor.
Le dedico una sonrisa suave y me siento extraño con sus palabras. No es que me hayan halagado mucho sobre el tipo de persona que suelo ser, y que él lo haga me produce sensaciones encontradas.
—¡Calla, anda! —suelto algo avergonzado—. Me voy.
—¿Adónde? ¿No vamos a desayunar?
Niego con la cabeza.
—Voy a la biblioteca. —Abre los ojos como platos—. No me mires así, capullo; tú deberías hacer lo mismo.
Se ríe con fuerza.
—No caerá esa breva.
Me siento completamente extraño cuando entro en la biblioteca y no sé adónde ir. Así que me dirijo a la señora del mostrador.
—Vengo a estudiar.
La mujer me mira con el ceño fruncido.
—Baje el tono, por Dios —exige entre susurros, y señala un cartel que tiene detrás donde se indica claramente que está prohibido hablar.
La observo sin saber qué decir.
—¿Qué quiere?
—Saber adónde tengo que ir.
Pestañea y se quita las gafas. Se levanta y señala las mesas del fondo con el dedo.
—Ahí.
—Vale.
Avanzo en la dirección que me ha dicho y me siento en el primer sitio que pillo.
Suspiro con cierto alivio cuando no hay nadie más. Abro el portátil y deslizo la mirada por las imágenes y los cuadros de texto que llenan la pantalla sin saber muy bien por dónde empezar.
Echo un vistazo a la gente que hay a mi alrededor y parece que llevan haciendo esto demasiado tiempo. Tienen un montón de subrayadores, carpetas y papeles sobre la mesa. Parecen cómodos en un ambiente que a mí me cuesta demasiado.
Me muerdo el labio.
—Quizá debería haberme traído algún cuaderno para… —digo para mí mismo—. ¿Para qué?
Suelto el aire de golpe y me siento como un elefante en una cacharrería.
Deslizo los dedos por el touchpad hasta llegar al principio.
¿Por dónde empiezo?