7. Bee
Bee
Las chicas y yo avanzamos por los pasillos para ir a las últimas clases del día.
—Oye, ¿sabéis algo de Mils? —pregunto distraída.
—Estará en el laboratorio. —Jaz se encoge de hombros—. Supongo.
—O en el restaurante —añade Adri, sacando un montón de papeles de su mochila sin dejar de caminar.
Nuestra amiga siempre ha sido la que va y viene. Tiene una vida tan ajetreada que, aunque vayamos al mismo instituto, no la vemos todos los días. Cuando no está estudiando, tiene que ayudar a sus padres en el restaurante familiar o, directamente, no le apetece ver a nadie y se aísla.
Pero estas últimas semanas ha estado más rara y distante de lo habitual.
—Esperad.
Adri se desvía y va al tablón de anuncios que hay en la entrada. Un corcho enorme con un montón de papelitos y anuncios de todo tipo.
Se coloca de puntillas y arranca el cartel del club de teatro que anuncia el musical de este año. Me lo tiende mientras cuelga uno nuevo que es prácticamente igual.
Leo el cartel arrugado y pintarrajeado que tengo entre las manos y me muerdo el labio inferior porque me habría encantado presentarme a la audición para ser Bella.
RIVER VALLEY PRESENTA
Bella y Bestia
ESTRENO
viernes 15 de abril, a las 19.00 h, en el auditorio
¿Quieres formar parte del elenco?
Audiciones: del 1 al 3 de febrero,
a las 15.30 h, en el auditorio (planta baja)
¿Quieres ayudar detrás de las bambalinas?
Reunión informativa: 15 de febrero, 15.00 h (aula 063)
ORGANIZA
el Club de Teatro y el Dept. de Artes Escénicas
Pero ni me apunté ni me presenté. Fui una cobarde, y hay días en los que no dejo de preguntarme qué pasaría si tuviese el valor de luchar por lo que quiero.
Mi madre siempre decía que el «y si» hace bastante más daño que un «lo hice».
Un fogonazo de nostalgia me inunda los pulmones al pensar en ella, porque es en momentos como este, cuando siento que todo flaquea, cuando más falta me hace. La echo de menos todos y cada uno de los días, pero supongo que, cuando peor estoy, es cuando más falta me hace.
Aprieto el papel entre las manos porque sé perfectamente lo que me hubiera dicho cuando se me pasó por la cabeza presentarme y lo que me diría ahora mismo.
—Oye, Adri. —Carraspeo porque la voz se me ha roto un poquito al acordarme de mi madre—. ¿Todavía hay plazas?
Se gira a toda velocidad, con los ojos abiertos como platos.
—¡Sí, claro! Por eso estoy cambiando el cartel. —Lo señala con el dedo, ligeramente distraída—. Es horrible. No se ha apuntado nadie para el backstage …
Aprieto los labios y no puedo evitar sentir cierta lástima por ella y la forma tan intensa que tiene de volcarse en esto y en cualquier cosa que se propone.
—¿Podría apuntarme? Para ayudar y eso.
Me agarra de las manos con ímpetu.
—¿Lo dices en serio?
—Claro.
—Eres la mejor, Bee. —Me abraza y eso me hace soltar una risa nerviosa—. De verdad. Todas las manos son pocas. —Se separa de mí y me analiza—. Oye, no te estarás ofreciendo por pena, ¿verdad?
—Claro que no. —Niego con la cabeza—. Me apunto porque me apetece ayudar.
«Y porque siento lástima de mí misma», podría añadir, pero me callo.
—Jaz, ya sabes que, si quieres, tus preciosas manitas también me vienen bien.
Jaz niega con la cabeza.
—Ahora mismo me es imposible, Adri. Estoy ayudando a Din con el idioma e intento echar un cable a mi padre con el local.
—No te preocupes. —Adri niega con una sonrisa—. Ya sé que estás liada.
—Si puedo escaparme algún rato, me uno.
—Genial.
Me he pasado toda la vida estudiando para acceder a una buena universidad y poder formarme como maestra, porque era lo que quería hacer desde que tengo memoria, pero ahora no me resulta nada atractivo.
Pienso en la universidad y me agobio. Y esa sensación solo me hace replantearme aún más si realmente era un sueño o algo que estaba establecido y ya está.
Pensar en mi futuro me asusta, cosa que el año pasado no. Es como si, de repente, todo lo que tenía pensado y planificado se estuviera desmoronando y no pudiera hacer nada al respecto.
—No veo el momento de salir de aquí —suspira mi mejor amiga—. Estoy deseando ir a estudiar lo que me gusta de verdad.
El sueño de Jaz siempre ha sido la moda. Quiere cambiar el concepto, romper las normas preestablecidas y un montón de cosas revolucionaras.
—Quiero todo lo que saques, ¿eh? —Adri alza el dedo índice—. Supongo que algún tipo de ventaja tendremos como amigas.
Jaz se ríe con fuerza y me da un codazo suave.
—Estás muy callada, Bee. ¿Pasa algo?
—No. Nada —respondo con rapidez—. ¿Qué opina Din?
Espero que no se note mucho que quiero evitar que me pregunten a mí.
—Está feliz por mí.
—Normal —añade Adri—. Te quedas aquí, ¿no?
—Si me aceptan, sí. Prefiero estar cerca de los míos.
—¡Anda, no seas mentirosa! Si no llega a ser por Din, te habrías marchado a Nueva York.
Jaz se encoge de hombros.
—Bueno, el destino supongo, ¿no? —Arquea las cejas con una sonrisilla.
—Supongo —musito.