17 #3
─Pues, que siento muchísimo haber desconfiado de ti, porque además de ser injusto, provocó que perdiera los papeles y acabara montando ese drama imperdonable. Lo siento mucho.
─¿Me estás diciendo que la idea de un crío de robar unas llaves y meterse en mi casa, más la suposición precipitada de Carol (y la tuya) de que yo había pasado la noche aquí con Penélope, es lo que ha convertido mis dos últimos meses en una puta pesadilla?
─Tus meses y los míos.
─Perdona que solo piense en cómo me he sentido yo, porque he sido yo el que no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
─Lo siento muchísimo, Elliot.
─Todo se habría arreglado comunicándonos, Éire, ¿por qué no quisiste hablar conmigo?
─No lo sé, sigo sin entender qué me pasó, me cegué y no vi nada más allá de mi… decepción. Lo siento mucho.
─¿Qué decepción podía ser tan grave?
─Imaginar que después de un fin de semana increíble los dos juntos, tú… habías… habías quedado con ella a cenar y a pasar la noche aquí. Aquello me destrozó.
Ahogó un sollozo y él se quedó en silencio mirándola, hasta que respiró hondo y preguntó:
─¿Y ahora qué?
─Soy consciente de que es tarde para arrepentimientos, pero creo que nunca es tarde para disculparse, por eso he venido en cuanto he sabido lo que en realidad pasó. Necesitaba disculparme en persona contigo.
Se puso de pie con intención de marcharse y él estiró la mano, la sujetó por la muñeca y la obligó a sentarse otra vez.
─No tan rápido, ahora voy a hablar yo ─buscó sus ojos─.
Me parece demencial que haya tenido que esperar dos meses para saber qué ocurrió ese día y por qué tú, una de las personas más estables que conocía, de las más importantes de mi vida, había reaccionado así, dándome la espalda de repente, retirándome la palabra,
pero al menos has venido a hablar conmigo y te lo agradezco.
─Gracias.
─Ahora, teniendo en cuenta lo que me acabas de explicar, es necesario que sepas algo muy importante, Éire: ese fin de semana también había sido increíble para mí, al igual que todos los días que habíamos compartido juntos, y que llevaba semanas solo viéndote a ti, solo pensando en ti,
sintiendo que estábamos empezando a construir algo importante…
por esa razón, todo esto también ha sido doloroso y una gran decepción para mí.
─Y no sabes cuánto lo siento.
─Vale, no llores más, por favor, solo prométeme que no volverás a entrar en combustión y a quemarlo absolutamente todo sin hablarlo antes conmigo ─Le sonrió y ella soltó una risa amarga.
─Te doy mi palabra de honor.
─Muy bien.
Le ofreció una servilleta de papel, ella se limpió las lágrimas y apoyó la espalda en la tumbona inspirando y espirando para intentar tranquilizarse.
─¿Dónde pasaste tus vacaciones además de ir a Nueva York?
─Viaje por la Toscana dos semanas, en Manhattan solo estuve cinco días para ver a Geri.
─Precisamente el fin de semana que yo estaba allí, ¿no crees que fue una señal?
─¿Qué clase de señal?
Le preguntó sorprendida y él dejó de mirar el atardecer, giró la cabeza y le clavó esos ojos verdes tan bonitos que tenía.
─Una señal de que deberíamos estar juntos.
─Ojalá las cosas fueran tan fáciles.
─Son todo lo fáciles que tú y yo queramos que sean.
Estiró la mano, la sujetó por el cuello y la atrajo hacia él sin ningún esfuerzo.
Le acarició la cara y le limpió las lágrimas; le dio un beso largo que ella respondió como si nunca se hubiesen separado, y después la estrechó muy fuerte contra su pecho, provocando una sensación de bienestar tan inmensa a su alrededor, tan cálida,
que solo pudo aferrarse a él con los ojos cerrados.
─Desde que te conozco he aprendido dos cosas muy importantes, Éire Reilly.
─¿Qué cosas?
─La primera es que al parecer soy capaz de enamorarme y la segunda… es que creo me he enamorado de ti.
Se incorporó, se apartó de él y lo miró muy seria, sin saber si estaba bromeando o no lo había oído bien. Él le sonrió y entonces supo que estaba siendo sincero, y que si no se sinceraba ella también, el corazón le iba a estallar en el pecho.
─Te quiero, Elliot Clafin.
─No tienes que decirlo si aún no estás preparada para…
─Te quiero ─Lo interrumpió─, pero no podemos estar juntos si tú sigues creyendo en el amor libre, en las parejas abiertas. Yo ni comparto ni necesito ese tipo de relaciones en mi vida, por muy enamorada que pueda llegar a estar de ti.
─¿Sabes qué?, llevo desde el verano siendo monógamo, siéndote fiel a pesar de mí mismo y de que ni siquiera estabas conmigo, y creo que es la mejor decisión que he tomado en mi vida.
─¿Estás seguro?
─Por supuesto. Estoy enamorado de ti y solo te deseo a ti. Solo te quiero a ti y solo necesito estar contigo.
Le sostuvo la mirada con el corazón saltándole en el pecho y él le cogió la mano y se la besó.
─¿Tenemos un trato, señorita Reilly?
─Lo tenemos.
Sonrió y lo abrazó para comérselo a besos entre lágrimas y risas, entre palabras de amor que nunca se habían dicho y caricias que nunca se habían hecho. Felices de estar juntos y de haberse reencontrado allí, en Malahide, frente al oscuro, apacible y majestuoso Mar de Irlanda.