Éire (Dublín 2) 16 #2
81%

16 #2

Se la consiguió al instante para esa noche, se la agradeció y giraron hacia la derecha, directos hacia el Museo Metropolitano de Nueva York, donde querían ver una exposición de retratos que estaba teniendo muchísimo éxito.

─Ya que el lunes tienes tutoría con mi profe de lengua, ¿podrías hablar con ella sobre mi interés de estudiar gaélico irlandés?

─¿Quieres estudiar gaélico irlandés? ─Se detuvo para mirarla a los ojos.

─Sí, ¿por qué no?, también son mis raíces y es precioso, me gusta como suena y se me dan bien los idiomas.

─No sé si está disponible en tu colegio, pero si de verdad te interesa, podemos buscar opciones.

─¿Cómo estudiar en Dublín?

Entraron en el museo, que estaba repleto de gente un sábado a esas horas, y ella lo cogió del brazo, lo detuvo y se le puso delante.

─¿Por qué no, papá?, siempre me dices que puedo hacer lo que quiera mientras sea bueno y provechoso para mí.

─Así es, por eso estás estudiando en el mejor colegio privado de la Costa Oeste de los Estados Unidos.

─Eso fue idea de mamá y no me importaría nada ir a un cole más normal en un sitio tan bonito como Dublín. Los fines de semana me podría quedar con la abuela o, mejor aún, podría no ir a un internado y vivir con ella toda la semana. Seguro que se pondría muy contenta.

─¿Y esto no tiene nada que ver con Declan O’Sullivan?

─Un poco sí, pero…

─No es buena idea hacer algo tan radical solo por otra persona, cariño. Cambiar de colegio y de país porque te guste un chico no es muy sensato.

─Madre mía, pensé que después de nuestras vacaciones de verano ya me entendías un poco mejor.

─Y te entiendo mejor, pero… ─la sujetó por los hombros y se la llevó hacia la sala que querían ver─.

Mira, ¿por qué no empiezas por estudiar gaélico?

, seguro que en tu escuela nos dan alguna solución y, mientras lo aprendes, conoces mejor a Declan y os hacéis más amigos, vamos viendo que se puede hacer para el próximo curso.

─¿Lo prometes?

─Lo prometo, aunque habrá que consultarlo con tu madre.

─Ella ha decidido seguir a Gianluca a los Emiratos Árabes para reconciliarse con él y no me ha dicho nada, así que no pienso pedir su opinión.

─Es tu madre y no solo tiene que opinar, también tiene que dar su autorización, aunque dudo mucho que se oponga.

─Tú no sabes cómo es.

─Lo sé, pero como es tu madre, vamos a respetarla, ¿vale?

─Vaaaleee.

─Y las próximas navidades las podríamos organizar en Irlanda, si te apetece. Podrías pasar una semana en Roma y otra en Dublín.

─¡Sí!

Se le abrazó al pecho y él le besó la cabeza sonriendo, porque le encantaba tenerla con él y mantener ese tipo de charlas tan amistosas y personales con ella.

Que una chica de catorce años como Violetta, a veces tan rebelde, quisiera hablar con su padre sobre el chaval que le gustaba o sobre cómo se sentía, era un verdadero privilegio, le había asegurado el doctor Rossi desde Roma, y desde que se lo había dicho solo pretendía disfrutarlo.

Se acercaron a mirar un cuadro de la pintora nigeriana Njideka Akunyili Crosby y en ese momento lo percibió: un ligero movimiento en el aire, un ligero aroma a jazmín, un ligero cambio en la energía que lo rodeaba.

Se giró buscando el foco de tal revolución y lo que se encontró fue a una chica pelirroja, menudita, vestida con una gabardina color camel y una mochila al hombro.

Durante unos treinta segundos se le disparó el pulso, porque instintivamente dio por hecho que se trataba de Éire Reilly, sin embargo, aunque le estaba dando la espalda y no le podía ver la cara, notó que tenía el pelo corto por encima de los hombros y lo descartó.

Un poco decepcionado, se movió hacia el siguiente cuadro y por el rabillo del ojo creyó localizar a otra mujer de aspecto muy familiar acercándose a la joven de la gabardina. Las miró directamente y fue entonces cuando Geraldine O’Sullivan lo reconoció y frunció el ceño antes de sonreír.

─¿Elliot Clafin?, qué pequeño es el mundo.

─Sí que es pequeño. Hola, Éire.

Buscó sus ojos y ella le sonrió, poniéndose un mechón de pelo detrás de la oreja, pero sin moverse. Él abrazó a su hija por los hombros y se les acercó para hacer las presentaciones.

─Esta es mi hija Violetta. Estas son mis amigas Éire y Geraldine de Dublín, cariño.

─Encantadas de conocerte, Violetta, eres preciosa y muy alta. ─Exclamó Geraldine.

─¿Te está gustando la exposición? ─Éire le indicó los cuadros y la niña asintió─. Njideka Akunyili Crosby es increíble, ¿verdad?

─Sí, me gusta mucho, aunque acabamos de llegar.

─¿Y qué estáis haciendo en Nueva York? ─Preguntó Geri.

─Violetta estudia en la Emma Willard School, al norte del Estado de Nueva York, y este es el finde de padres, así que aprovechamos para disfrutar un poco de Manhattan.

─¿Y te gusta estudiar interna?

─Sí, aunque le estaba diciendo a mi padre que también me gustaría estudiar en Dublín, en un cole normal.

─Está muy interesada por el gaélico irlandés últimamente ─miró a Éire y ella lo ignoró─. Por cierto, acabo de caer en que Geraldine es tía de tu amigo Declan, cariño.

─¡¿En serio?! ─Se le iluminó la cara.

─¿Conoces a mi sobrino?, no me lo puedo creer, ¿a qué es adorable?

Geri se le acercó para abrazarla y de repente se quedó solo con Éire delante de uno de esos cuadros enormes. Se metió las manos en los bolsillos como un crío inexperto y ella siguió sin moverse.

─Me alegro mucho de verte, Éire. Te has cortado el pelo.

─A mí me alegra mucho verte con tu hija.

─Gracias.

Guardó silencio y trato de concentrase en la obra, aunque solo quería mirarla a ella, tocarla a ella, charlar con ella, abrazarla.

Respiró hondo haciendo lo posible por espantar los recuerdos íntimos y felices que se le agolparon de pronto en la cabeza, y dio un paso atrás decidido a cogerla de la mano, mirarla a los ojos y explicarle cómo se sentía, sin embargo, fue incapaz y permaneció inmóvil y en silencio como un cobarde,

hasta que Geraldine se les acercó y la cogió del brazo.

─Nosotras deberíamos irnos, cielo, nos estarán esperando. Elliot, le he dado mis datos y mi Instagram a Violetta, así que seguiremos en contacto y a ver si nos vemos pronto en Londres o en Dublín. ¿Te parece?

─Claro.

─Buen chico.

Lo señaló con el dedo, como agradeciendo que no hubiese importunado a su amiga, le dijo adiós y las vio desaparecer entre la gente sin hacer nada por impedirlo.