Éire (Dublín 2) 12 #2
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─¿Qué te ha pasado en la costilla? ─la recorrió con los ojos y se fijó en que llevaba un vendaje neuromuscular debajo de la camiseta.

─Me caí con la bici, di con un montículo y volé por encima de unos arbustos, pero estoy bien… el timbre, ahí viene la pizza.

─Yo voy a buscarla, tú no te muevas de aquí.

Salió corriendo a atender al repartidor y cuando volvió a la cocina, ella lo estaba esperando con unos platos y unos vasos de plástico en la mano.

─Coge lo que quieras de beber y sígueme.

Agarró una lata de Guinness, una botella de agua de la nevera y la siguió hacia el ventanal panorámico del salón, salieron por una puerta lateral a la terraza, que era de madera y cristal, y le indicó dos tumbonas estupendas que estaban juntas y estratégicamente colocadas frente al mar.

─Joder, menudo paraíso has construido, Éire, no sabes cuánto necesitaba algo así ─se desplomó en una de las tumbonas y se estiró suspirando─. No te imaginas el agotamiento que llevo encima.

─Es que el estrés emocional es peor que una paliza.

─Apenas he dormido desde que me llamaron del hospital para avisarme de lo de mi madre.

─Me lo imagino.

─Conseguir un avión de Atlanta a Dublín fue como una carrera de obstáculos, pero no me voy a quejar ─le sonrió─, mis abuelos hicieron el mismo viaje en 1937 y tardaron catorce días en llegar, claro que vinieron en barco.

─La primera vez que Sean llevó a Isabelle a casa de mis padres, nos contó vuestra abuela era de Atlanta.

─Así es, la abuela Blanche era de Roswell, a una media hora de Atlanta, conoció al irlandés Seamus O’Loughlin en 1937, se casaron y se vino con él a Dublín. Fue de las primeras mujeres afroamericanas que emigraron a Irlanda y juntos compraron la casita de George Street en Dún Laoghaire.

─Una historia muy bonita.

─Y creo que fueron muy felices. ─respiró hondo─ ¿Por qué no me habías contado lo de tu accidente con la bici?

─Porque pasó hace dos días, no fue nada serio y tampoco hemos hablado.

─En realidad, hace mucho tiempo que no hablamos. ¿Diez o doce días?

─Los dos hemos estado ocupados, ¿no? ─desvió la vista hacia el mar y mordió un trozo de pizza─. Dice Isabelle que tu madre tiene que cuidarse, pero que se recuperará muy pronto.

─Eso parece, aunque ahora tengo otro problema.

─¿Qué problema?

─Creemos que lo más conveniente para ella sería pasar su convalecencia en Irlanda y lo ideal sería que pudiera hacerlo en la casa de George Street. ¿Ves posible una reforma exprés?, pagaría una gratificación extra a todo el equipo y una “multa” por las prisas.

─Esa casa tiene mucho trabajo por delante, Elliot, pero esta estará terminada en septiembre y se puede instalar aquí hasta que acabemos con la de Dún Laoghaire.

─No, tiene que estar más cerca de mis tías o cualquier día se larga a Liverpool sin decirnos nada.

─Vale, iré a echar un vistazo con Seamus y podremos hablar de plazos, antes no puedo prometer nada. ¿Ir a Londres contigo está descartado?

─Londres le gusta solo para un rato, lo que ella quiere, sobre todo desde que murió mi padre, es estar en Liverpool con sus recuerdos, sus vecinos y sus rutinas, pero allí está sola y por ahora no lo puedo permitir; sin embargo, si le ofrezco una alternativa que le guste en Dublín,

más concretamente Dún Laoghaire, seguro que acepta quedarse aquí y así todos más tranquilos.

─Vale, mañana iré a dar una vuelta a George Street.

─Muchas gracias… ─deslizó la mano, le cogió la suya y se la besó─ ¿Qué haría yo sin ti, Éire Reilly?

─Hay más arquitectas de interiores en Irlanda.

─Solo tú eres mi preciosa diosa de la tierra ─se le acercó para besarla y ella lo esquivó─ ¿Qué pasa?

─Tenemos un trato, Elliot Clafin.

─Ok, culpa mía, es que me muero por…

─Bueno, creo que yo me voy a ir, sin una buena luz natural no vale la pena que me quede a pintar ─Lo cortó en seco e hizo amago de levantarse─. Puedes quedarte a dormir arriba, si te apetece, ya tienes una cama king size disponible.

─Quédate conmigo ─la sujetó por la muñeca─. Hoy necesitaría dormir acompañado.

─Pues haberte traído a una de tus novias.

─Está bien… ─movió la cabeza y le sonrió─ ¿Por qué no te quedas un rato más y disfrutamos de estas vistas y de este aire tan agradable juntos? Si te molesta tanto, no volveré a mencionar este tema, lo prometo.

─Solo media hora.

Apoyó la espalda en la tumbona, estiró las piernas y él hizo lo mismo, contemplando en silencio el apacible y oscuro Mar de Irlanda, sin querer ahondar en esa tensión que de pronto se había generado y que lo pillaba bastante por sorpresa.

─Un día me preguntaste si tu estilo de vida me incomodaba ─susurró sin mirarlo y él asintió─ y te dije que no, que no me incomodaba y era verdad, pero he reflexionado un poco más sobre el tema y creo que, aunque me cueste reconocerlo, sí me incomoda.

─¿Qué significa eso?

─Significa que, aunque tú me gustes mucho ─Le clavó esos ojos impresionantes que tenía─, prefiero mantener una educada y saludable distancia contigo, una buena amistad.

No es que hoy esté más borde de lo normal o no tenga sentido del humor.

No es que tenga algo contra ti, Elliot, es que no quiero seguir tonteando con una persona que, tal como tú me explicaste en su momento, después de estar conmigo puede salir de mi cama e ir a acostarse con otra. Definitivamente, no me va ese rollo.

─Ok.

─Así que… dejemos ya el roneo y pasemos de pantalla, ¿te parece? Si vamos a seguir trabajando juntos, es mejor dejar las cosas claras.

─Entonces que quede claro que estoy loco por ti y que siempre estaré abierto a tener una relación contigo, pero entiendo tu postura, comprendo que no te sientas cómoda con lo que yo te puedo ofrecer y ya está, no volveré a “tontear” contigo.

─Genial, muchas gracias.

Le sostuvo la mirada y él no se movió. Se quedó quieto soportando el brillo y la profundidad de sus ojazos hasta que empezó a sentir un millón de emociones diferentes, al punto de perder el sentido del tiempo e incluso del espacio.

El corazón le empezó a latir cada vez más rápido, tan rápido que se asustó y, como si a ella le hubiese pasado lo mismo, apartaron la mirada y se levantaron al unísono completamente desorientados.

─Lo dicho, me voy. Hasta otra.

─Adiós, Éire.