12
─Tómate unas vacaciones en Irlanda, yo os invito.
─Ya tenemos planeadas las vacaciones, Elliot.
─Solo una semana.
─¿Ha sido idea de mamá?
─No, la idea es mía, ha pasado un buen susto y seguro que le encantaría veros.
─Me acabas de decir que lo que le ha pasado no ha sido tan grave y que ya se encuentra mejor.
─En principio no es tan grave, pero tiene que cuidarse por si se repite y…
Se pasó la mano por la cara y se apoyó en la pared tratando de mantener la calma con su única hermana, que solía ser un encanto mientras no le pidieras nada.
─¿De verdad no te apetece venir a ver a mamá, Maddy?
─¿De verdad crees que debería ir?... estoy haciendo las maletas para Brasil, mis suegros nos esperan el domingo. La hermana de Noah se casa el 11 de julio.
─Pues, menos mal que el accidente cardiovascular no ha sido mortal, porque si no, qué ruina de vacaciones.
─¡Joder, Elliot!, qué bruto eres.
─Es que no me puedo creer que esto te importe tan poco.
─No es eso, es que yo tengo marido, tres hijos y una vida. No puedo trastocar todos mis planes ni los de mi familia, porque mamá haya tenido un susto.
─Un Accidente Isquémico Transitorio.
─Como se llame.
─Estupendo, Maddy.
─¿No estáis tú y las tías con ella?
─¿Si estuviese sola en Liverpool hubieses venido?
─No voy a seguir discutiendo contigo, hermanito. Tú vives a tu aire y ahora tienes todo el tiempo del mundo para cuidar de mamá, recuerda que sigues siendo el niño de sus ojos.
─Ok, vamos a dejarlo. Hasta luego, Maddy.
Hizo amago de colgar y ella le gritó.
─¡Elliot!, ¡joder! ¿me dejas hablar con ella, por favor?
─Está bien ─caminó hacia el interior de la casa de su tía Bridget en Dún Laoghaire ─, pero no le menciones esta conversación. ¿De acuerdo?
─No tengo ningún interés.
Entró en el solárium donde estaban las dos hermanas charlando tan tranquilas y le pasó el teléfono a su madre.
Ella respondió a Maddy muy animada y él decidió apartarse para no escuchar la conversación (que seguro sería de lo más trivial, porque su madre nunca se quejaba con nadie y mucho menos con su hija) y se acercó al gran ventanal del pasillo para observar la lluvia de verano que estaba cayendo
suavemente sobre el jardín.
Llevaba dos días y medio en Dublín y apenas había dejado de llover.
Típico clima irlandés: lluvia-sol-lluvia-sol y más lluvia.
Un carrusel de estaciones que solía marear a los turistas pero que a él le encantaba, porque le recordaba a sus veranos allí con su abuela, sus tías y sus primos, pasándoselo muy bien, correteando por los prados verdes y las playas de arena oscura como un pequeño salvaje,
porque en Irlanda desde que tenía uso de razón se había sentido libre.
Seguramente por la naturaleza, la seguridad que los rodeaba en Dún Laoghaire y esa tranquilidad tan diferente a la de su Liverpool natal.
Se giró para observar a su madre, que seguía al teléfono, y sonrió dando gracias a Dios, porque había sido un auténtico milagro que el Accidente Isquémico Transitorio que había sufrido hacía cuatro días, le hubiese pasado precisamente en Dún Laoghaire,
rodeada por su familia y no estando sola en Liverpool.
La clave para su recuperación, le habían explicado los médicos, había sido que su entorno había reaccionado rapidísimo a sus primeros síntomas o el desenlace podría haber sido fatal.
También le habían advertido que un accidente cardiovascular de ese tipo se consideraba un aviso, una señal de alarma, por lo tanto, a partir del episodio tenía que cuidarse más, seguir un tratamiento y, a ser posible, vivir acompañada al menos durante un mes.
En resumen, le iba a tocar convencerla para llevársela con él de forma permanente a Londres o, en el peor de los casos, convencerla para que se quedara a vivir en Dublín rodeada por sus hermanas y con asistencia domestica continua y profesional.
Algo que se podía facilitar si conseguían acondicionar la casita de los abuelos en Dún Laoghaire en un tiempo récord. Un asunto urgente que tenía que tratar con Éire antes de volver a América.
─Hijo ¿estás bien? ─su tía Bridget se le acercó y le acarició el brazo─. Tu madre está como una rosa, no necesitas convencer a Maddy para que venga a cuidarla.
─¿Le ha dicho algo a mamá?
─No, ella no le ha dicho nada, te he oído yo antes cuando he ido a buscar un refresco.
─Vale, es que no quiero que se preocupe por eso ahora y tampoco pretendía que viniera a cuidarla, solo que vinieran a verla. Desde que murió papá no han vuelto ni en navidades.
─Ya sabes que estaba muy unida a tu padre y que le duele.
─También está muy unida a su madre, a la que no duda en llamar cuando necesitan ayuda con los niños.
─No te envenenes con eso, Elliot, que no vale la pena, no vas a conseguir que tu hermana cambie enfadándote con ella.
─Es que…
─Louise va a Lisboa porque le gusta y le gusta ayudar y estar con sus nietos ─lo interrumpió─, lo hace por cariño y no espera nada a cambio, como todas las abuelas.
Ahora lo importante es que ella está aquí, se está recuperando y no dejaremos que se vuelva a Inglaterra hasta que esté completamente reestablecida.
─Lo ideal sería que se quedara en Dún Laoghaire de forma permanente, porque Londres la agobia y que esté sola en Liverpool me agobia a mí.
─Ya sabes que mi casa es su casa.
─Y te lo agradezco muchísimo, tía Bridge, pero tengo otra solución, he comprado la casa de los abuelos en George Street.
─¡¿Qué?!, no me lo puedo creer. ─Se puso una mano en el pecho.
─Éire Reilly me ha ayudado a través de una amiga suya a localizar a los últimos dueños, me la acaban de vender y espero que ahora me ayude con una reforma exprés. Si conseguimos tenerla habitable para el otoño, mamá se podría quedar en Dublín y cerca de vosotras.
─¡Ay, Señor, qué noticia más bonita!
─En cuanto quiera salir a pasear, la llevaré para que la vea y le daré la sorpresa. De momento, guárdame el secreto, por favor.
─Claro, cariño, qué alegría me acabas de dar.
Se acercó para darle un abrazo y luego lo miró a los ojos.
─¿Y qué pasa con la mansión de Malahide?
─Ella la sigue viendo muy lejos de aquí, así que la solución está en George Street.
─Desde luego, cielo, y tu abuela se habría alegrado tanto… siempre nos hemos arrepentido de haberla vendido. ¿Cuánto te ha costado?
─Mejor no te lo digo.
─¡Elliot, cariño! ─Lo llamó su madre para entregarle el teléfono─. Tu hermana ya se ha quedado más tranquila. ¿Tú te marchas mañana, verdad?
─Estoy hablando con los productores de Sky, pero debería ser mañana, no lo sé. Ahora… ─miró la hora─, voy a aprovechar de resolver algunas cosas en Malahide, si no me necesitáis, yo…
─Ve y relájate, mi vida, estamos perfectamente.
Una hora más tarde, tras una buena ducha, un cambio de ropa y un litro de café, estaba aparcando frente a la casa de Éire Reilly en Malahide.
─Vaya, qué sorpresa, ¿qué tal está tu madre? ─Carol le abrió la puerta y se lo quedó mirando con los ojos muy abiertos─. Éire me comentó que estaba en el hospital.
─Solo estuvo cuarenta y ocho horas, afortunadamente ya está mejor y con la familia en Dún Laoghaire, gracias por preguntar. ¿Está Éire?, iba a llamarla para avisar que venía, pero entre el Jet Lag y mi madre…
─No te preocupes ─Lo interrumpió─. No está aquí, ha ido a tu casa de la costa para pintar los azulejos.
─¿Qué azulejos?
─Los que encargó para pintar a mano. Van a quedar preciosos, ya verás. ¿Quieres pasar a tomar algo?
─No, gracias, me voy a verla allí.
─Vale, como quieras… ─estiró la mano, cogió un juego de llaves que estaba en la mesilla de la entrada y se lo pasó─. Con esto abres la verja y la puerta principal.
─Genial, gracias y hasta luego.
Volvió al coche y enfiló hacia la costa acordándose de llamar a su amiga Becca, que llevaba dos días dejándole mensajes en el contestador.
Marcó su número, pero no le respondió, así que le mandó un audio explicándole la situación de su madre, tranquilizándola un poco y emplazándola a verse en Ciudad de México, donde Inglaterra jugaba los octavos del Mundial.
En diez minutos llegó a su propiedad, abrió la verja con el mando distancia y entró despacio por el sendero de gravilla dándose cuenta de que a esas horas ya no quedaba ningún operario trabajando.
Aparcó junto al futuro jardín y entró en la casa llamando a Éire, para no pillarla desprevenida.
Pisó el salón principal soltando un silbido, porque aquello estaba quedando espectacular, caminó hacia la cocina, volvió a llamarla y fue entonces cuando apareció detrás de la isla central con un pincel en la mano y el pelo recogido en lo alto de la cabeza.
─¿Elliot?, ¿qué haces aquí?, ¿qué tal está tu madre?
─Mi madre muy bien, gracias, en casa de los padres de Isabelle, así que he aprovechado de tomarme un respiro para venir a verte ─se le acercó para descubrir qué estaba haciendo─ ¿En qué estás trabajando?
─Ayer terminamos la imprimación y al fin he podido empezar a pintar ─Le señaló la línea de azulejos que cubría una esquina del comedor de la cocina.
─¿Imprimación?
─Es una capa líquida que se aplica a una superficie antes de pintarla, así se sella cualquier posible porosidad y se garantiza que la pintura final se adhiera bien y dure mucho más tiempo.
─Qué interesante.
─Se suele hacer con azulejos artesanales como estos ─Los acarició y luego le sonrió─. Les estoy pintando un par de triskels y unos nudos celtas en la esquina superior izquierda.
─Me encanta ─Se acercó para observarlos.
─A veces, cuando los propietarios me caen bien ─Le guiñó un ojo─ les pinto algo, pero si no lo ves a tu gusto, pues…
─Es perfecto, además, va a ser como tener tu firma al final de un cuadro. Muchas gracias.
Estiró la mano, la cogió por la nuca y la estrechó fuerte contra su pecho, ella se puso tensa y se quejó.
─¿Te he hecho daño?
─Tú no, es que tengo una costilla tocada y algunos golpes… ─se apartó para dejar los pinceles en agua y tapar las pinturas─. Los chicos tienen cervezas y refrescos en la nevera, ¿te apetece tomar algo?, yo me he pedido una pizza y estará a punto de llegar. No me ha dado tiempo a comer y…