Éire (Dublín 2) 4 #2
22%

4 #2

─Es suelo radiante, él instalador le dio el visto bueno después de aprobar la resistencia térmica del material y me atreví a ponerlo, aunque no me hubiese importado nada dejarlo tal como estaba.

─Claro, si antes vivíamos sin suelos radiantes y nos calentábamos perfectamente. ─Comentó Louise Clafin asomándose a las ventanas que daban a la calle─. Me encanta esto de estar en pleno centro de Malahide.

─A mí también ─Les señaló otra escalera─. ¿Os enseño el desván?, allí tengo mi taller.

Subió corriendo la escalera de madera que había diseñado ella misma y al llegar arriba se acercó a la zona abuhardillada que había enriquecido con unas ventanas enormes, pero discretas.

Lo suficientemente discretas para pasar la inspección técnica del ayuntamiento y de patrimonio, ya que aquella era una construcción histórica protegida que no se podía modificar.

─Oh, Dios mío, esto es una maravilla. ─Musitó la señora Clafin admirando su taller y sus cuadros─ ¿O sea que tienes separadas tus áreas de trabajo?

─Eso intento. Abajo está la oficina de Interiorismo y aquí el atelier porque hay muy buena luz.

Por fortuna, pudimos poner ventanales y colar este pequeño mirador desde donde se ve el mar ─abrió las hojas de las ventanas y les pidió que se asomaran para ver la Bahía de Dublín─. Mi trocito del Mar de Irlanda.

─Preciosísimo.

─Desde la calle esto no se aprecia ─susurró Elliot─, me refiero al mirador.

─Esa era la idea, que no se viera, porque no se puede romper la uniformidad arquitectónica del pueblo.

─Madre mía, un trabajo extraordinario, Éire. Enhorabuena.

─Gracias, Louise, la verdad es que estoy muy orgullosa de mi casita.

─¿Casita?, si esto en un lujazo, ¿verdad, hijo?

─Ya te digo, má ─se volvió para mirar sus cuadros y caminó hacia ellos con las manos a la espalda─. Espero que cuando termines con mi propiedad me vendas alguna de tus obras.

─En su momento lo hablaremos, porque ya tenemos una larga lista de artistas donde elegir.

─Incluye en esa lista uno o dos cuadros de Éire Reilly ─Le guiñó un ojo─, lo digo en serio.

─¿Nos vamos a ver vuestra casa antes de que se ponga a llover?

─Bendito clima irlandés.

Comentó la señora Clafin bajando hacia la planta baja ayudada por su hijo y ella aprovechó de pasar por el vestidor para ponerse unas botas de agua y coger el chubasquero.

Cinco minutos más tarde, iban camino de la costa en el coche alquilado de Elliot Clafin que, como al parecer era habitual, conducía su escolta.

─Gracias por no mencionarle a mi madre que voy detrás de la casa de los abuelos en Dún Laoghaire.

Le dijo ya en su propiedad, observando de lejos como su madre estaba distraída charlando con los obreros responsables de la reforma, y ella lo miró y frunció el ceño.

─¿Por qué se lo iba a mencionar?

─No sé, ¿porque ella sacó el tema?

─Sí, pero ni lo pensé, eso es cosa tuya.

─Gracias por tenerlo en cuenta, no quiero decirle nada hasta que esté todo bien atado. No me gustaría decepcionarla.

─¿Hay alguna novedad al respecto?

─No, tu amiga sigue intentando encontrar a los actuales dueños.

─Si depende de Lucy tarde o temprano los localizará, tú tranquilo.

─Dios te oiga y espero que cuando eso ocurra puedas encargarte personalmente de la reforma.

─Me siento halagada ─se puso una mano en el pecho─, pero ya veremos, primero hay que terminar esta. ¿Qué te parece tu suelo radiante?

─Estoy flipando porque esto va demasiado rápido.

─Va mucho más rápido de lo normal porque el contratista es un forofo del fútbol inglés.

─¿En serio? ─se echó a reír─, si la terminan antes de lo previsto, les regalaré entradas para el partido que quieran y del equipo que prefieran.

─Seguro que prefieren el Liverpool al Chelsea.

─¿Y tú?

─Yo soy más de Futbol Gaélico.

Se apartó para echar un vistazo a la escalera de caracol que estaban instalando dentro de la cocina y él la siguió con las manos en los bolsillos.

─Ya sé que Sean es una estrella del Fútbol Gaélico.

─Lo es, pero no me gusta solo por él.

─A lo mejor un día podemos ir juntos a Croke Park, de pequeño iba con mis primos y lo pasábamos de maravilla.

─Pídele a Isabelle que lo organice, seguro que Sean puede conseguir buenas entradas para la final del 26 de julio. Peter ─se acercó al carpintero─ ¿dónde está la barandilla?

─No ha llegado, creo que la traen mañana.

─Entonces olvida la escalera por hoy, si no hay barandilla no podemos dejarla instalada.

─Lo sé, jefa, era por adelantar curro.

─Hay que medir los armarios y las estanterías del vestidor principal, podríais hacer eso.

─Ok.

─Gracias.

Lo siguió con los ojos y de repente se encontró con los verdes de Clafin.

─¿Qué tal?, ¿qué te parece lo que están haciendo? Ya se puede adivinar el resultado final, ¿verdad?

─Sí y me encanta, estáis haciendo un trabajo increíble… ─Guardó silencio, sacó el móvil y le sonrió─. Disculpa, tengo que contestar, es mi agente.

Se apartó para hablar por teléfono y ella aprovechó para subir a la segunda planta a charlar con los cristaleros, que en un tiempo récord le habían traído un pedido enorme.

En concreto, cristal para cuarenta ventanas de diferentes tamaños que se iban a instalar por toda la casa.

Lo único en lo que realmente había insistido el cliente: muchos ventanales y mucha luz de la primera a la tercera planta.

─¿Tenéis buen almacenaje aquí, chicos? ─Se les acercó y el que respondió fue Cormac, el gerente de la empresa.

─Sí, si no van a mover el material de esta zona. Si es necesario desplazarlo, que nos llamen.

─No te preocupes. Me imagino que la semana que viene ya podréis empezar a montar los de abajo.

─Cuando tú digas, tenemos en prioritario al señor Clafin.

Le guiñó un ojo y ella movió la cabeza riéndose, sacó el IPad que no paraba de vibrar y al ver que el que la estaba llamando era James O’Riordan lo ignoró, no obstante, él volvió a llamar una y otra vez y no paró hasta que le respondió enfadada.

─¿Qué quieres, James?, estoy en una obra con unos clientes.

─Lo sé, estoy aquí fuera.

─¡¿Qué?!, ¿por qué? ─se asomó a la ventana y lo vio en el jardín vestido de uniforme─ ¿Qué haces tú aquí?

─Mi primo Hugh está en la cuadrilla de Seamus y me ha dicho que Elliot Clafin ha venido a ver su casa.

─¿Y?

─Podrías presentármelo, soy un fan.

─Y él es un particular que ha venido con su madre a ver los avances de su reforma. Por favor, respeta su intimidad y su derecho a…

─Todo el mundo le ha pedido ya autógrafos ─la interrumpió─, no creo que uno más lo vaya a matar.

Le colgó, se despidió de los cristaleros y bajó las escaleras corriendo, llegó a la entrada principal y se lo encontró charlando con su primo en la puerta.

─Fuera de mi obra, esto es una propiedad privada.

─Solo se trata de un futbolista, Éire, no exageres.

─Será mejor que te vayas, James… ─miró a su primo─ ¿Y tú, Hugh?, ¿no sabes que la discreción es fundamental en este trabajo?

─Vamos, Éire, que nos conocemos de toda la vida.

─¿La queja se la presento a Seamus?, porque no tenéis autorización para invitar aquí a personas ajenas a la obra.

─Bueno, tía, no la pagues ahora conmigo.

─A ver si aprendes a hablarme con un poco más de respeto, Hugh, que no estamos ni en el barrio ni en un pub.

─¿Va todo bien? ─Elliot Clafin apareció por su espalda y ella respiró hondo y lo miró a los ojos.

─Jimmy O’Riordan ─James se adelantó, se le acercó con la mano extendida y Clafin se la estrechó─. Un forofo.

─Encantado, ¿eres de la Guardia Costera?

─Sargento O’Riordan para servirte ─Le guiñó un ojo─. Soy amigo de los Reilly desde la infancia y hace poco conocí a tu prima Isabelle. Una chica estupenda.

─¿No te comentó que tenemos un tío en la Guardia Costera?

─¿Ya os vais a Dublín, Elliot? ─Intervino ella mirando la hora.

─Vamos directamente a Dún Laoghaire, mi tía Patsy nos espera para comer, pero antes te acercamos a casa.

─No te preocupes, yo la llevo a casa ─James se le puso al lado y ella negó con la cabeza.

─No, gracias. De hecho, ya te puedes ir marchando, James, hemos quedado en que aquí no puede haber nadie ajeno a la reforma.

─Yo…

─Fuera de mi obra.

Le soltó en gaélico furiosa, se despidió del personal y caminó hacia el coche de los Clafin con ganas de estrangularlo.