Eiden: Entre Máscaras CAPÍTULO 16 #2
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CAPÍTULO 16 #2

—Es que mira qué conjuntazo se está llevando mi mejor amiga. Con lo guapísima que va a estar, cualquiera que se atreva a ponérsele delante después va a sufrir un infarto.

Deposito un dulce beso en su mejilla, porque escucharla siempre me reconecta con la chispa de seguridad que creo haber perdido.

Mientras nos dirigimos hacia las escaleras mecánicas, noto el peso de la bolsa en mi mano. Es un peso ligero, me parece casi simbólico, como si llevara conmigo una parte nueva de mí.

—Bueno, queda poco para mi entrevista —gimotea Maya mientras se estira como un gato satisfecho—.

No sé si duraré mucho, porque la última vez que tuve un trabajo serio aguanté literalmente tres meses, pero oye, quién sabe.

Quizá aquí haya algún hombre trajeado y sexy para distraerme mientras, ya sabes… improviso.

Le doy un golpe con la bolsa en el brazo y ella pone una mueca dramática.

—Dios mío, tu mente es completamente incapaz de parar, ¿verdad?

Maya se lleva una mano al pecho como si hubiera herido su honor.

—A ver, cariño, piensa un poco. Tu hermano se ha estado enrollando conmigo estas noches porque está frustrado por tener que trabajar con Julian, pero en cuanto consiga liberarse de tu padre volverá a las andadas.

Ya sabes cómo es, se follará a todo lo que se mueva y pasará de mí.

Así que lo más inteligente que puedo hacer es pasar de él antes de que eso ocurra, ¿no crees?

Sus palabras me afectan de forma extraña, porque sé que lo que dice es verdad.

Conozco a mi hermano mejor que nadie, lo he visto crecer siendo invencible, intocable, construyendo una fortaleza alrededor de su corazón que nadie ha conseguido atravesar.

Ni siquiera Maya. Pero lo que ella no sabe —o tal vez sí, pero no quiere admitirlo— es que él no la usa.

Lucian siente las cosas de forma distinta.

Siempre ha sido así, menos emocional, menos…

entregado. Y si se aleja de Maya algún día, será porque sabe que no puede darle lo que ella podría llegar a necesitar.

—No es que pase de ti —susurro mientras ajusto la bolsa entre mis dedos—. Es solo que para él no es tan sencillo como lo es para nosotras. Si se aparta, será porque no quiere darte una faceta que no puede sostener, amor.

Maya me mira algo apenada, odio verla así, y ojalá las cosas fueran distintas entre ellos.

—Lo sé —admite finalmente—. Por eso precisamente no voy a esperar más de él, no me malinterpretes, estoy satisfecha, pero… algún día dejará de ser suficiente, y tendrá que dejarme marchar, quiera o no.

Hago lo más sensato y me quedo en silencio, escuchándola mientras se desahoga. Se arregla el pelo de forma despreocupada y, cuando llegamos frente a la tienda donde tiene la entrevista, se limpia un par de lágrimas traicioneras de su bonita cara.

—Vale, bombón, basta de penas. Deséame suerte.

Me quito la chaqueta de cachemir negra que llevo, se la pongo sobre los hombros con cuidado para que parezca más formal.

—¡Vas a arrasar, eres la mejor! En una hora te recojo.

Ella me da un beso rápido en la mejilla, aprieta mis manos entre las suyas.

—Eres la mejor amiga del mundo y te quiero.

No me deja contestar antes de irse a pasos acelerados, y cuando la veo entrar en la tienda, me siento muy orgullosa.

Intento sacudirme los pensamientos y sensaciones que me han invadido y camino hacia una zona más tranquila, donde unas enormes cristaleras dejan entrar la luz natural y puedo sentarme un momento en un banco largo.

Mientras me acomodo, dejo la bolsa a mi lado con cuidado y cierro los ojos un instante.

Apoyo los codos en mis rodillas, entrelazo las manos y dejo que el sol me caliente la piel.

Me pregunto qué habré hecho para merecerme esto, me pregunto porque mi padre me ha traicionado de este modo, me pregunto…

El móvil vibra dentro del bolso y durante un segundo siento un latigazo de puro terror recorriéndome la columna vertebral, tan rápido y agudo que me quedo paralizada.

No es él, me digo. No tiene por qué ser él. Puede ser Maya diciéndome cómo va la entrevista. Puede ser Julian diciéndome algo negativo sobre Lucian. Sí, eso ha estado ocurriendo últimamente, puede ser cualquier persona.

El móvil vibra otra vez y no sé si es la sensación de seguridad que he sentido en esa tienda, pero esta vez, lo sostengo entre mis dedos.

Desconocido: Espero que tengas intención de que tu prometido sea el único que pueda verte con eso puesto, lobita.

Desconocido: No me gustaría tener que matar a nadie, pero si debo hacerlo para recordarle al mundo a quién perteneces, lo haré.

Me quedo atontada, no sé cuánto tiempo dura mi conmoción, pero debe ser bastante cuando Maya aparece radiante ante mí, moviendo la mano frente a mi rostro, con una sonrisa y una seguridad arrolladoras.

—Tía, creo que me ha salido de puta madre —asegura—. Apuesto a que me van a coger. Ojalá, porque el dependiente era un bombonazo… Oye, ¿qué te pasa? ¿Estás bien? Estás muy seria, siento haber tardado tanto, bombón.

Trago saliva, guardo el móvil sin contestar a esos mensajes y finjo que no ha ocurrido nada, finjo que no me aterra pensar cómo coño sabe Eiden lo que acabo de comprar.

—Sí amor, todo bien —miento sin saber por qué—. Vamos a tomar algo, ¡hay que celebrar que ese trabajo ya es tuyo!

Acepta el plan, pero sé que el miedo en mi rostro es evidente cuando me asegura que hoy también dormirá en mi casa, y se lo agradezco profundamente.