Efímero (Efímero 1) XIII
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XIII

THE BOY IS MINE

VIERNES POR LA TARDE

—Hola.

—Hola.

—¿Qué tal te encuentras? —decimos los dos al unísono. —Bien. Me he mantenido drogado toda la noche para poder

dormir y ahora no me duele tanto. Gracias por venir. —Quería decirte...

—Siento mucho lo de ayer, Vic.

—¿Qué es lo que sientes? ¿Que casi nos besamos o que me

echaras de esa manera?

Todavía sigues enfadada. Entiéndelo, Vic. ¿Qué más opciones tenía? Y obviamente no me arrepiento de intentar besarte. Es lo que más deseo.

—Sabes de sobra que es lo segundo. Es más, me gustaría seguir con lo que empezamos.

—¿Para qué? ¿Para que ella o cualquier otra persona entre y nos pille? Y, oh, madre mía, se te caiga el mundo encima porque tu Jane nos vea besarnos. Paso entonces.

—Que nos vea.

—Sí, claro.

—Vic, lo siento.

—No sientes nada. Te da igual.

—No es verdad. Siento todo lo que nos ha pasado.

—Querrás decir lo que me ha pasado...

—Siento que te hayas enterado de lo de Jane así.

—Yo también.

—No la quiero, Vic. No quiero estar con ella.

—¿Y por qué sigues con ella?

—Porque todo es una mierda. Y con mi familia no tengo elección.

—¿Es una excusa? ¿Pretendes que me lo crea?

—Es la verdad.

—Entonces, ¿no quieres estar con ella, pero sigues con ella porque a tus padres les parece estupendo?

—Se podría decir así.

—Pero la besas,la coges de la mano y vais a todos lados juntos. Por no hablar de las otras cosas que habéis hecho, que seguro que las habréis hecho. ¿Me vas a decir que lo haces todo a la fuerza cuando en realidad no quieres hacerlo? ¿Te estás oyendo lo que dices? Porque no tiene ningún sentido.

—Sí. Admito que he hecho todas esas cosas con ella y sé lo que puede parecer. Pero ya hace tiempo que no quiero hacerlas con ella.

—No, si ya se nota que te aburres mucho con ella. No hay más que veros en el instituto.

—Joder, Vic.

—No te gustan sus besos, no te gusta su cara, su cuerpo de modelo. No te gusta nada de ella, ¿no? Se te han acabado las excusas, Andrew.

—Ya no me hará falta ninguna. Voy a romper con ella.

—¿Qué?

—Que ya me da igual todo. Te quiero, Victoria. ¿Cuántas veces he de repetirlo? Quiero que todo el mundo me vea a tu lado.

—¿Vas a hablar con ella?

—Hoy mismo.

—¿Cómo puedo creer lo que me estás diciendo?

—Porque esta vez voy en serio, Vic.

—No me harás daño.

—Nunca ha sido mi intención hacerlo. Te quiero. Nunca he estado más seguro de nada.

—¿Y qué harás para convencer a tus padres?

—Ya me las apañaré.

—¿Y después?

—Tengo pendiente una cita con una chica.

—¿Y ella querrá ir a la cita?

—Ella vendrá.

—¿Por qué lo crees?

—Porque lleva esperándome una eternidad.

—¿Y el chico se portará bien con ella?

—Sí, porque la quiere demasiado como para estropearlo todo otra vez.

—Y ella estará encantada de estar con él.

—Sí. Y él la besará.

—Y ella a él también. Te quiero, Andrew.

Por fin me lo dice en persona. Es todo lo que quería oír de ella. Ambos nos emocionamos.

—Yo también. Ven aquí —la atraigo hacia mí y la abrazo.

Por primera vez, siento el latido de mi corazón alocado al compás del suyo.

No quiero apartarme de ella. Me aferro más para no distanciarme tan pronto y la abrazo con los dos brazos, sin importarme el dolor.

Es cuanto he querido todo este tiempo. Por fin la puedo sentir cerca, por fin puedo memorizar cada uno de sus aromas, que me atrapan y hacen que la quiera todavía más.

Puedo notar cómo las lágrimas de ella empapan mi hombro.

Noto cómo respira encima de mí. Cómo sus manos buscan mi espalda para apegarse más a mi cuerpo.

Hundo mi cara por detrás de su cuello. Lo beso, a la vez que no dejo de abrazarla.

Lo que estoy sintiendo, llevo mucho tiempo esperándolo, y por fin se ha hecho realidad.

—Me gusta tanto que estés aquí —le susurro.

—¿Lo dices en serio?

—Tan en serio que, si no fuera porque me duele todo, te... —Besaría.

—Sí, Vic —estaba pensando en otra cosa, pero Vic se me ha adelantado

—. Me muero por besarte.

—Entonces, esto te va a doler demasiado.

—Hazlo.

Nos miramos mutuamente y, desesperados por hacerlo, rozamos nuestros labios suavemente en un beso ansioso y lento.

Los segundos se congelan, las sensaciones afloran en nosotros y las ganas de ir más lejos se hacen evidentes.

Siento cómo su amor me envuelve, y ahora sé que no hay nada más importante que estar juntos.