XII #2
instituto está pendiente de él, siguiendo cada uno de sus movimientos y el sonido del balón rebotando en la cancha. Da un
salto de vértigo y el balón sale de sus manos, elevándose por el
aire. El tiempo parece detenerse, como si el universo entero
estuviera esperando el resultado de ese tiro. La pelota golpea el
aro, rebota, pero no entra.
Y entonces, antes de que nadie pueda reaccionar,Andrew se cae.
El golpe es brutal. Su cuerpo choca contra el suelo y su cabeza se
golpea con fuerza. El silencio es inmediato. Como si de repente el
gimnasio se hubiera apagado. No hay gritos, no hay aplausos.
Solo el eco del balón rebotando una última vez antes de rodar
fuera de la cancha.
Mi respiración se corta. Un golpe seco y fuerte suena en mi
pecho. ¿Andrew, estás bien?. No se mueve, no reacciona. No sé qué
le pasa. O lo que es peor, no sé si respira después de ese golpe. —Dios… —susurra alguien detrás de mí.
—¿Se ha golpeado la cabeza? —pregunta otra voz.
—No se mueve —añade alguien más, y esa frase se me clava
como un puñal en el estómago.
—Tío, eso no pinta bien —dice Jeremy.
En la cancha, sus compañeros se arrodillan a su lado, llamándolo. El entrenador y el árbitro corren hacia él.
—¿Lowell? ¡Lowell!
El entrenador le habla, le sacude el hombro, intentando que
reaccione, pero Andrew sigue inmóvil.
—¿Andrew? ¿Puedes oírme? —dice Matt, preocupado. —Esperad… está sangrando… —dice el entrenador Jackson,
con los ojos bien abiertos.
—¡Llamad a una ambulancia, rápido!
—No puede ser… —susurro, paralizada.
Veo desde la grada cómo se lo llevan en una camilla después de
que el entrenador Jackson suspendiera el partido. Se lo van a llevar al hospital. Tengo que ir tras él. No puedo dejarlo solo. Me
muero si le pasa algo. Esto no debería haber pasado. Algo en mí
me dice que no me mueva, que no me meta, que me quede
quieta en mi asiento. Pero no puedo.
Se trata de Andrew.
Y entonces me levanto, sin pensar. La botella de Pepsi cae de
mis manos y rueda por el suelo. Me abro paso entre las filas de
asientos, casi tropezando con mis propios pies. Jeremy intenta
agarrarme del brazo para detenerme, pero me suelto. —Vuelvo enseguida.
—¿Dónde vas? —pregunta Luke.
Pero no le contesto. Mi preocupación y desesperación por saber
si Andrew está bien es mayor. No hay nada ni nadie que me
pueda detener. Salgo por la puerta olvidándome de todo a mi
paso. Si me doy prisa, estaré a tiempo de irme con él. Recorro todas las puertas que bloquean el paso. Tengo que ir
más rápido.
—No puedes estar aquí. Vuelve adentro —dice una voz. ¿Y crees que lo iría a dejar solo? Si ni siquiera han venido a
preocuparse su novia y sus amigos, ¿dónde están todos ellos?
¿Acaso les importa? Porque a mí sí y me veo en todo el derecho
para estar aquí.
—Quiero estar con él.
—Solo un familiar o alguien cercano.
—Soy su novia —digo sin pensar.
"Su novia." Jamás hubiese pensado que lo diría en voz alta.
Sí, una parte de mí se preocupa por todo lo que te suceda.
No puedo negar lo que siento. Eres… eres un montón de adjetivos estúpidos, pero eres el chico que quiero.
El que una vez me dijo que todo esto valía la pena, el que me conocía como ninguna otra persona a la que le daba mi confianza, el que me quitó la idea de pensar que el amor era una mierda y que solo sucedía en las películas románticas.
Si es que al final a quien quiero engañar, si es que me he enamorado de ti y de nadie más. Si pensarte equivale a un millón de sonrisas, y cada vez que tu corazón late me da mil años más de vida.
No sé qué hago aquí. Se suponía que tenía que seguir con mi vida, que no tenía que importarme nada de lo que hicieras, pero no me has dado otra opción.
Nos hemos quedado solos, encerrados en una habitación de hospital cuyo único color es el blanco.
Observo atentamente cómo la respiración de Andrew sube y baja mientras duerme.
Yo me limito a estar sentada en un sillón de color gris, que se encuentra al lado suyo. Deseo estar lo más cerca posible de él.
Me acerco a Andrew y lo miro con detenimiento, mientras que con mis delicadas y pálidas manos le acaricio el cabello pelirrojo. La sensación es agradable. Hubiera preferido haber hecho esto en otra circunstancia más favorable, pero no creo que exista otro momento más perfecto que este.
Unas cálidas manos acarician mi pelo. Su tacto es gratificante.
Puedo notar cómo unos dedos se deslizan sobre mi cabeza, dejándome totalmente relajado y aliviado.
Su perfume es dulce y fresco a la vez. Es como imaginarse en medio de un prado con flores aromáticas.
En cambio, es extraño para mí. Nunca lo había percibido hasta ahora.
No sé quién es, pero tampoco quiero que se detenga.
Me acoge una y otra vez en sus manos, con afecto.
Su movimiento es lento y confortable. Me mantiene dormido y relajado.
***
Mi móvil vibra en la habitación de Kurt.
—¿Y ahora qué? Ag, como sean mis padres o Andrew… —¿Es importante?
No inmuto palabra. Únicamente me concentro en el teclado de mi móvil para responder al mensaje.
—Me tengo que ir.
—¿Quién es?
—Es la madre de Andrew. Está en el hospital. Ha tenido un
accidente durante el partido.
—¿Y?
—Pues que le he dicho que estaba con él.
—Joder.
—Tengo que llegar antes que ella.
—¿Te acompaño? ¿Quieres que te lleve en mi moto? —No, Kurt. Se supone que nadie nos puede ver juntos. Mucho
menos bajando de tu moto.
—Pues ya me dirás algo cuando estés libre para quedar. —¿No te estás enterando? Te estoy diciendo que Andrew está
en el hospital. No sé cuánto tiempo voy a tener que estar con él. —Bien, pues cuando termines de atenderlo me llamas.
Nunca te he visto dormir. No sé si es bueno que duermas demasiado o si realmente estás cansado. En cualquier caso, no puedo dejar de mirarte porque quiero que te despiertes y veas que estoy aquí. No estás solo.
Podrías haber tenido un poco más de cuidado.
¿En qué estabas pensando? Menos mal que solo ha sido un susto porque si no, yo…
No quiero pensarlo. Todo ha pasado tan rápido.
Cuando te he visto caer de esa manera tan brusca, me he asustado, creía que se me paraba el corazón y con ello, mi vida.
No te movías del suelo, y yo… He pensado lo peor.
Y aún sigo llorando cuando lo pienso. No quiero perderte.
Te quiero. Infinitos recuerdos me vienen a la mente de cuando todo empezó.
Salgo al pasillo. El aire que se respira aquí es ajetreado. Gente que va y viene, médicos, camillas con enfermos, camillas vacías esperando otros enfermos y jaleo. Hay mucho jaleo.
Los padres de Andrew no tardarán en venir. No tengo mucho tiempo para seguir con él. Voy a entrar dentro de la habitación y así de paso compruebo mi móvil por si alguien me ha llamado. Lo he tenido apagado todo el trayecto.
Pero no tengo mensajes de nadie. Ni siquiera mamá ha llamado aún como suele hacer a estas horas. Tampoco tengo mensajes de los chicos. Se estarán preguntando por qué me he ido de esa manera. Alzo la vista al frente y, mis ojos marrones se clavan con los celestes de Andrew. Está despierto.
—¿Victoria?
—Te has despertado —estoy emocionada.
Él se percata de mi emoción e intenta incorporarse sobre la cama. Me sonríe. Me acerco hasta él.
—¿A dónde crees que vas? Ni se te ocurra, tienes que descansar. Te has roto el brazo, así que no hagas tonterías —le regaño.
—Solo quería verte mejor. Desde aquí, no puedo ver lo guapa que eres.
—Ah, todavía estás drogado.
—Solo un poco —me contesta sonriendo.
—¿Te duele mucho?
—No.
—¿De verdad?
—Sí. Me duele un poco, pero ahora que estás aquí se me hace más soportable.
—¿Quieres alguna cosa? ¿Necesitas que te traiga algo?
—Vic, no me he portado muy bien contigo. No he sido sincero, lo siento.
—No hablemos ahora de eso. Ahora lo único que importa es que te recuperes.
—Quédate —me toma de la mano y entrelaza sus dedos con los míos. Luego, la acaricia despacio y se la lleva a sus labios.
Sus labios sobre mi mano me producen satisfacción. Nunca lo había sentido así de cerca. Su tacto. Sus dedos sobre los míos. Su manera de acariciarme. ¿Qué me estás haciendo? ¿Por qué no quiero que pares? ¿Por qué ahora solo desearía que me besaras? Sí, Andrew, quiero que me beses aquí y ahora.
Necesito sentir el roce de tus labios. Quiero que pruebes los míos. Quiero darte todo el amor que llevo dentro. Estás tan cerca… Tus labios están muy próximos a los míos.
¿Tú también quieres besarme? ¿O es que sabes que yo quiero? Hazlo, Andrew.
Me inclino hacia delante para que él me bese. Nuestro primer contacto está a punto de efectuarse. Apenas unos centímetros nos separan. Solo quiero perderme en su boca.
Pero, no estaba en mis planes que un momento tan especial para ambos se viera afectado por la presencia intrusa de Jane Hudson.
Con un ligero movimiento rápido, me separo de los labios de Andrew y retrocedo unos pasos. Tropiezo con la mesita y dirijo mi mirada hacia la nueva visitante, que va directa hacia la cama. —Oh, Andy, cariño, acabo de enterarme. ¿Estás bien, mi amor?
—lo besa bruscamente sin importarle mi presencia.
—Jane, cuidado, me duele —intenta despegarse de ella rápida
mente.
—Perdona, ¿tú eras…?
—Victoria.
—Sí, eso. ¿Qué haces aquí?
Pues simplemente preocuparme de él. Cosa que tú no haces o
no quieres. ¿De dónde coño vienes? ¿A qué no vas a decirlo,
verdad?
Tú no quieres a Andrew, de eso estoy segura. ¿Andrew, por qué
no lo ves de una puñetera vez?
—Estaba por aquí y…
—Victoria, gracias por venir, ya nos veremos en clases —se despide de mí intentando salir del apuro.
¿De verdad quieres que me vaya? Yo encantada. Si al final solo soy una ingenua, estúpida, ciega y tonta que no quiere ver lo que es obvio. Pero si es lo que quieres, me iré. No volverás a engañarme de esa manera.
—Sí, gracias, cielo, por preocuparte. Ha sido un detalle. Chao —me dice Jane falsamente.
No soporto un minuto más en la sala. Quiero irme. —Que lo disfrutes.
—¿Cómo? —pregunta Jane desconcertada.
—Lo que has oído —añado mientras salgo por la puerta, dando
un gran portazo.
Todo el personal sanitario de la planta, incluidos los que están en el mostrador, se queda inmóvil, observándome con una mezcla de sorpresa y desconcierto.