3 MESES DESPUÉS #2
—Sí, no te he dejado hablarme desde…
—Sí, ya lo sé. Y perdóname, Vic. No estuvo bien lo que hice.
—Pues ahora que lo dices, no, no estuvo bien. Pero he venido para escucharte. Para que terminemos la conversación que tenemos pendiente.
—¿Quieres que hablemos ahora de eso?
—Sí.
—Gracias, Vic.
—No me las des, todavía sigo enfadada, Andrew.
—Sí, eso lo sé. Y siento que hayas estado todo este tiempo así por mi culpa.
—Ha sido duro, pero lo estoy intentando superar como puedo.
—Sí, ya he visto que has hecho amigos.
—Son los mejores.
—Me alegro por ti, Vic.
—Yo siempre he ido por mi cuenta, ya lo sabes.
—Sí.
—Pero es que ha sido venir aquí y… no he querido perderme la oportunidad de formar parte de alguien.
—Y yo me he comportado como un idiota y lo he estropeado todo.
—Me refería a mis amigos.
—Perdona, creía que te referías a…
—No. Creo que los dos sabemos por qué.
—Lo último que quería era hacerte daño, Vic.
—Entonces, ¿te alegras de que haya venido a Escocia? ¿Te alegras de que estemos en el mismo curso?
—Claro que me alegro. Es lo que más he querido que pasara. Que estuviésemos juntos.
Me quedo en silencio por un momento, procesando sus palabras.
—¿Y por qué no ha podido ser? Explícamelo. Pero quiero que me cuentes todo desde el principio.
Andrew me mira directamente. Da un paso hacia mí, cerrando la distancia entre nosotros. Y después noto cómo sus manos encuentran mis brazos, como si necesitara asegurarse de que realmente le estoy escuchando.
—Vic, sabes lo importante que has sido siempre para mí desde que nos conocimos. Te quiero.
Mi corazón da un vuelco.
—¿Me quieres? ¿Lo estás diciendo en serio o te estás riendo de mí, Andrew?
Sus dedos me aprietan un poco más, no en un gesto brusco, sino como si quisiera transmitirme seguridad.
—Sí. Claro que te quiero, Victoria.
—Pero…
—¿Quieres que te lo repita más veces? Te quiero, Vic.
—No sé qué decir.
—No hace falta que digas nada. Solo quería que lo supieras.
—Ahora mismo estoy como hace unos meses. Es como si todo lo que había logrado para intentar olvidarte no hubiera servido de nada.
—Vic, yo no quiero olvidarte.
—¿No vas a hacerlo?
—Nunca.
Sus manos bajan hasta encontrar las mías. —Me vas a hacer que lo diga.
Él sonríe con curiosidad.
—¿Decir qué?
—No quiero volver a engañarme a mí misma. —No lo hagas.
—Es que yo también te quiero, Andrew. —¿Todavía me quieres, Vic?
—Sí.
Andrew me mira con los ojos bien abiertos, como si no creyera lo que acaba de escuchar.
Pero luego su expresión cambia. Su sonrisa crece poco a poco, y sus ojos azules brillan con una intensidad que me deja sin aire.
Una risa suave asoma por su boca, como si le costara contener lo que siente.
Me mira de una forma que me hace sentir como si fuera la única.
—No sabes lo feliz que me hace escucharte decir eso.
—Al final te lo he dicho personalmente, sin una cámara de por medio.
—Te has teletransportado desde tu habitación.
—Ya te dije que un día pasaría.
Se inclina más hasta rozar mi cara.
—Tú y tu magia de larga distancia.
Una distancia inexistente por lo cerca que estoy ahora de su boca.
—Es el magnetismo que siento por ti.
—Entonces, seré siempre tu polo opuesto para atraerte más a mí.
—Cuidado con lo que deseas.
Él ladea la cabeza con una media sonrisa.
—¿Estar contigo?
Le sostengo la mirada.
—Es un buen comienzo.
—Vic, estoy tan ena…
No acaba la frase. El hechizo se rompe de inmediato cuando unas puertas se abren y las voces llenan el pasillo. Andrew se separa unos centímetros de mí mientras permanece callado y sin dejar de mirar detrás de mí. Me giro y veo a Jane acompañada de sus amigas.
—¿Andrew? ¿Qué ibas a decirme?
Pero no me dice nada, es como si no quisiera hablarme. Recoge los demás libros de la taquilla y los guarda en la mochila.
—Vale, pues quedamos después para ensayar —dice una de ellas.
—Sí, a las doce en el gym —dice Daisy.
—Vale, hasta luego, chicas —se despide Jane de ellas y, entonces, se percata de nosotros—. ¡Andy!
Jane viene hacia nosotros sin apartar la mirada de mí. Es como si me estuviera haciendo un escáner de arriba abajo: la ropa que llevo, los zapatos, mi peinado… (ya sabéis a lo que me refiero y lo incómodo que puede llegar a ser que te miren así).
—Hola, ¿qué haces?
Lo agarra del brazo y posa su cabeza en él.
—Nada, solo estaba buscando mi libro.
—¿Te sientas conmigo? —hace pucheros—. He olvidado el mío
en casa.
Andrew me mira antes de contestar.
—Claro.
Jane sonríe triunfadora y después desvía la mirada hacia mí. —¿No tienes clase, chica nueva?
Pregunta intentando sonar simpática.
—Me llamo Victoria. Y sí, también tengo clase.
Le devuelvo la sonrisa a los dos.
—Oh, es que creía que mi Andy te estaba haciendo de guía porque te habías perdido. Como él es tan amable con la gente… —Tranquila, no me he perdido.
—Pues qué bien.
—¿De qué tienes clase? —me pregunta Andrew.
—Arte —le contesto sin ganas—. En el segundo piso, junto al laboratorio de Biología —remarco, cerrándole la boca a Jane. —Mira qué bien se ha aprendido el plano.
Andrew cierra su taquilla con el candado y se me queda mirando.Quiere que me vaya. No es capaz de plantarle cara a su novia. —Adiós —digo rápidamente para hacerlo todo más fácil. —Hasta otra, chica nueva.
Me voy por el largo pasillo en dirección a las escaleras. —Vamos a clase, Jane.
Los dos avanzan y pasan por mi lado.
—Por cierto, los chicos con los que te juntas te estaban buscando.
—Ya lo sé, gracias —le contesto falsamente y continúo caminando.
—Andy, cariño, vamos a llegar tarde.
Ambos se paran en medio del pasillo, sin dejarme avanzar.
Después, Jane besa a Andrew delante de mis ojos, ahogándolo entre sus labios y sin dejar de mirarme intencionadamente por el rabillo del ojo.
Paso de la escena lo más rápido que puedo.
Estoy notando cómo mis ojos se vuelven cada vez más acuosos. —¿Jane?
—Mmm, qué ganas tengo de hacerlo ahora. Me pones tan cachonda, Andy, que podríamos saltarnos la clase entera e ir a nuestro escondite.
Es lo último que le oigo decir a Jane antes de subir las escaleras para ir a la clase de Arte. Desearía ser invisible en este momento, para que nadie se diera cuenta de mi cara de decepcionada, dolida y rota.
***
Estoy besando a la chica equivocada, pensando en ti mientras lo hago. Pero mis labios están aquí, con Jane. Y mi mente… mi mente solo te llama a ti.
Cuando eres un adolescente, la cagas completamente con las personas. A veces piensas… ¿Debería darme igual? ¿Cómo he llegado a esto?
Hace apenas unos minutos te lo he confesado todo. He dejado salir lo que llevaba meses atrapado en mi garganta. Te he dicho “te quiero”. Y, por un segundo, he creído que todo iba a cambiar.
Pero luego ha aparecido Jane, con su forma de imponerse sin preguntar. Antes de que pudiera reaccionar o moverme, me ha besado sin dejarme opción. Simplemente lo ha hecho. Como todos esos comentarios inapropiados que, de seguro, has escuchado y de los que no me siento para nada orgulloso.
Quisiera retroceder en el tiempo y evitar el momento en el que tomé la absurda decisión de salir con Jane. Ojalá pudiera arreglarlo. Ojalá tuviera el valor para hacerlo.
Porque lo único que sé es que este beso no significa nada para mí. No quiero este beso. No quiero este momento. No quiero esta mentira. No quiero a Jane.
Solo te quiero a ti. Solo a ti, Vic. Y me estoy muriendo por encontrar la manera de demostrártelo.