Efímero (Efímero 1) 3 MESES DESPUÉS
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3 MESES DESPUÉS

Quedan diez días para Navidad. Supongo que son esos días en los que uno debería disfrutar de su familia.

Pero este año es diferente. Apenas tengo dinero para comprar un billete de avión y regresar a casa.

Tal vez eso signifique que solo podré hablar con ellos por videollamada y ver sus caras a través de una pantalla.

Anhelo tanto estar con ellos, sentir sus abrazos y escuchar sus risas en persona, que a veces, cuando tengo un rato, veo todas las fotos y videos que nos hicimos en casa.

En estos primeros meses, me he dado cuenta de que ser la nueva no ha sido tan terrible. Al final del día, todos ignoran quién eres. Cada uno tiene su propia vida, que comparte superficialmente con los demás. Luego, actúan como si no se conocieran entre ellos y, después, vuelta a empezar.

Supongo que es como Jane Hudson, quien ahora entra por la puerta cogida de la mano de Andrew.

Mi corazón se encoge cada vez que los veo juntos.

Todavía no me hago a la idea. Aún recuerdo cuando Jane se me acercó.

Parecía que estaba súper interesada en conocerme, y después ¡pluf!

, actuó como si nada. Está claro que nuestra intención no era hacernos amigas.

Como de costumbre, los observo desde mi taquilla, ocultando mi cara detrás de la puerta y disimulando con mis cosas.

Ya me sale espontáneo. Es como si tuviera un detector que me dijera: “Hey, mira, por ahí van. Ponte a cubierto si no quieres presenciar cómo se besan y demuestran su amor en público”.

Pero es inútil. Su imagen sigue grabada en mi mente como una película que no puedo dejar de ver. ¿Cuánto tiempo más podré soportar esto?

Suspiro y cierro la taquilla. Trato de concentrarme en cualquier otra cosa. Y es entonces cuando…

Por momentos el pasillo se congela. Todos se han ido, incluida su novia.

Por fin estás solo. Me siento como si hubiese esperado tener un momento como este.

He estado todo este tiempo poniéndote muros y barreras, cuando lo único que quiero es cruzar el puente que nos separa y hablar contigo.

Por una vez quiero dejar mi enfado atrás y dejar de ignorarte.

El reloj ya no sabe cómo avanzar las agujas del tiempo y solo quedamos tú y yo.

Corro hacia ti. Tú vas en mi dirección. Nos encontramos.

Quiero besarte. Nuestras miradas se conectan, y tú, que pareces haberte dado cuenta, me sonríes.

Tú me besas también. Es lo que ambos queríamos, ¿verdad?

***

Llevo meses mirándote. Quiero hablarte, pero tú no me dejas. No te haces una idea de lo que significa pasar por tu lado y no poder decirte nada. Y luego Jane me besa y me abraza, mientras tú te escondes detrás de esa jodida taquilla.

No sé por qué me molesto en mirar tu línea. No tengo ninguna oportunidad de que me contestes.

Tus amigos, al contrario que yo, están ahí para ti. Se preocupan, pasan el tiempo contigo y, lo mejor, hacen que te olvides de mí.

Si ahora intentara escribirte o llamarte, me rechazarías en cualquiera de las dos y seguirías con tu vida, como hasta ahora estás haciendo.

Tengo miedo a que te vayas para siempre a España en cuanto acabe el curso. Tengo miedo de que cuando pienses en mí, me pienses como algo tan lejano que nunca pudo ser. Y tengo miedo de perderte sin que sepas la verdad.

La ventaja de la incertidumbre es que la vida siempre guarda algo para ti. Nunca sabes si va a ser mejor o peor que lo anterior. Pero nunca sueles estar preparado para lo que se te viene encima.

En todo el tiempo que conlleva forjar una relación con alguien, nunca esperas que se acabe o te distancies.

Y después, solo existe el silencio. Un silencio tan pesado que te gustaría romper con palabras, porque su intensidad ensordece.

Pero no lo paras. Sigue ahí esperando a que hagas algo al respecto, pero no sé por qué ni siquiera lo intentas.

Te inmovilizas, no sabes qué decirle a la otra persona por miedo a que la situación empeore, o directamente te ignore por completo, como puede que ya hayas experimentado algunas otras veces.

La peor parte de esto es que ninguno de los dos entiende la situación del otro.

Yo no sé con exactitud cuánto de enfadada estás conmigo o cuánto te sigo importando.

Al igual que tú no puedes entender por qué he hecho lo que he hecho o por qué ahora hago lo que hago.

Y, sin embargo, estamos aquí sin decirnos nada, lanzándonos miradas furtivas el uno al otro, poniéndonos nerviosos cada vez que estamos cerca, luchando, batallando en un campo de guerra para hacerte entender con la mirada lo que con mi voz no puedo decirte.

Pero solo veo cómo cruzas la mirada fingiendo que te importa un bledo, y yo, a su vez, intento hacer lo mismo cuando se trata de ti.

Nos queremos, pero parece que todo el mundo se está creyendo nuestro gran papel en esta obra mediocre.

¿Nadie piensa protestar y decir que todo lo que está viendo es falso? ¿Ni siquiera tú? ¿De verdad quieres interpretar el papel de la chica borde que me odia?

Yo sé que tú no eres así, Victoria. Sé que no lo eres.

***

—¿Victoria? —pregunta Luke por cuarta vez.

—¿Decías algo? —disimulo, cogiendo el libro de Arte. —Llevo ya cuatrocientas mil veces llamándote y no dices nada. —Perdona, no te había escuchado.

—Te estaba hablando sobre si querías venir a celebrar la Navidad con nosotros este año, aprovechando que te vas a quedar aquí. ¿Por qué te quedas aquí, no? —me dice Luke, mirando a su vez a Jeremy.

—Sí, sí. ¿Hablamos de esto en otro momento?

—Está bien. Vamos a clase.

—Id yendo, ahora os alcanzo.

—Vale.

Es ahora, Victoria. Ella no está con él. Tienes el camino libre. Es muy fácil, tan solo tienes que seguir hacia adelante y hablarle. Es hora de dejar las cosas claras, porque todavía le quieres y puede que aún no sea demasiado tarde. Si es el chico que conociste, sigue enamorado de ti. Ve y díselo.

—Hola —no me puedo creer que esté hablándole.

—¿Vic?

—Hola, Andrew.

Me sonríe. Es como si hubiésemos iniciado una de nuestras videollamadas y él estuviese ansioso por hablarme después de un largo día.

Por un momento me he sentido en casa. Como si repitiera una y otra vez nuestras conversaciones y supiera que el chico que tengo aquí delante todavía me quiere, y todo lo demás no ha sido más que un bache.

—Me alegra oír otra vez tu voz, Vic.

Había olvidado lo dulce que suena cuando habla. Él es tan... —Supongo que ya la llevas oyendo todos los días en clase. —Sí, pero no es lo mismo. No es así de cerca.

—¿De verdad?

—Sí. La echaba de menos, y el poder hablarte también. —Yo también he echado de menos tu voz.

—En ese caso, tendremos que hablarnos más.

Me quedo unos segundos callada, pensando en lo que acaba de decir.

¿De verdad pretende que nos llevemos bien después de todo lo que ha pasado por su culpa?

O sea, he venido a escuchar su versión de los hechos, eso está claro, pero…

¿espera que nos dirijamos la palabra y finjamos que todo está bien mientras tengo que tragarme su relación con Jane?

—¿Por qué? ¿Por qué actúas como si todo fuera normal entre nosotros?

—No sé a qué te refieres. ¿Quieres que te hable de otra manera?

—No, pero… ¿por qué para ti es tan fácil hablarme?

—¿Quieres que te sea sincero, Vic? Para mí, esto que estamos haciendo ahora, en este instante, supone muchas cosas.

—¿Qué cosas? ¿Qué cosas, Andrew?

—Vic, yo…

—Mejor déjalo.

—¿No quieres oírlo?

—No es que no quiera, es solo que no me puedo creer que después de tanto tiempo estemos aquí, conversando como si fuéramos viejos amigos.

—Yo tampoco.

—Ahora pensarás que la culpa la tengo yo por evitarte, ¿verdad?

—No pienso nada de eso, Vic.

—No sé si ha sido buena idea venir ahora así… de repente. Vas a pensar que me he fumado algo o qué sé yo.

—Ya te he dicho que no pienso nada de eso sobre ti.

—¿Y qué es lo que piensas? ¿Le ves sentido a que ahora me haya decidido a hablar contigo? Seguro que estoy haciendo el ridículo.

—Bueno, yo no veo a nadie más por aquí, si es eso lo que te preocupa.

—No tiene gracia.

—No la tiene.

—Todavía recuerdo nuestras conversaciones y lo absurdas que eran al principio.

—No te quejes. Te recuerdo que eras tú la que nunca quería dormir y se pasaba horas y horas mandando mensajes de emojis solo para que hablásemos toda la noche.

—Sí. Y al día siguiente mis padres no entendían por qué me levan-taba con tanto sueño y estaba tan cansada.

—Pero no demasiado cansada como para no hablar conmigo.

—Cierto —le sonrío—. Lo pasábamos bien.

—Sí.

—O como la vez que se me olvidó silenciar el móvil y me llamaste en plena clase y luego me dejaste un audio.

—Sí, yo no tenía clase ese día y estaba solo en casa. Solo quería hablar contigo.

—Sí. No recuerdo lo que dijiste exactamente, porque creo que fui al baño para escucharlo, pero luego entraron todas las de Educación Física y no pude oír nada. Yo estaba como: “¿Os queréis callar, joder?”, y ellas con sus gritos y sus tonterías.

—Creo que sé lo que decía.

—¿Te acuerdas?

—Para no acordarme. Si te enfadaste y todo porque te dio vergüenza que el móvil sonara en clase.

—Perdona por eso. ¿Qué era lo que dijiste en el audio?

—Dije… que… tenía muchas ganas de verte y… que te echaba mucho de menos, y que era injusto que tuvieras clase y yo no. Y... que te quería.

Me quedo callada sin mirarle e intento distraerme con algo. —Vaya, ¿ese es tu libro de Química?

—Sí. Pequeño, ¿verdad?

—Ni se te ocurra dejármelo nunca.

—Tomaré nota para que no se me olvide.

Me quedo viendo cómo saca un rotulador permanente de su mochila, y antes de que pueda reaccionar, empieza a escribir sobre su piel a la vez que dice en voz alta:

—No dejarle nunca jamás el libro de Química a Vic.

—¡¿En serio?! —exclamo, viendo cómo las letras quedan bien marcadas.

—Listo —levanta la mano y me la muestra con orgullo sin dejar de sonreírme.

—Ala, mira cómo te has puesto la mano —deslizo mis dedos sobre su piel, frotando con fuerza para intentar borrar la parte donde pone “Vic”—. Serás tonto.

—Déjame, o acabarás borrándome la mano.

—Bueno, al menos asegúrate de borrar mi nombre.

—No me importa que se lea.

—Pero a ella sí.

—¿Puedes olvidarte de Jane un momento?

—Resulta imposible, tratándose del centro de tu atención.

—Vic, quiero que hablemos. Bueno, eso ya lo sabes.