VIII
LUKE
Lindsay Lewis. Lewis Lindsay. Aquel nombre no paraba de resonar en mis oídos por dondequiera que fuese. Lindsay esto, Lindsay aquello. ¿Puede alguien dejar de llamarme así? Lindsay no existe. Hace años que acabé con ella.
Mi nombre es Luke, Luke Lewis, y soy un chico. Le guste al mundo o no, no hay nada que puedas hacer para cambiarlo.
Esta es mi historia, la mía propia, y te invito a escucharla para que conozcas todo sobre mí.
Advertencia: no todo fue caminos de rosas y algodón de azúcar. Te puedo asegurar que muchas de las cosas que me han ido pasando a lo largo de mi vida han sido puro sufrimiento e inestabilidad emocional.
Ahora sí, gracias por estar al otro lado y escucharme.
No toda la gente nace con el género con el que quiere identificarse. A veces, uno se descontenta con su propio cuerpo. Te das cuenta de que algo está mal. Esa persona que está saliendo a la calle no eres tú, solo eres una máscara que algunos pusieron para ocultar tu identidad de género.
Nací con el nombre de Lindsay Lewis, pero mi verdadero nombre es Luke. Apenas era un infante cuando me di cuenta de que quizá yo no debía ser una chica, sino un chico. Que quizás lo ordinario que define esta sociedad podría ser quebrantado por mí y marcar la diferencia.
No solo doy a conocer mi historia, sino que además me define un estilo, uno que define a Luke, la persona que yo quiero ser realmente.
Ese chico homosexual (sí, has escuchado bien, me gustan los hombres siendo un hombre), tímido y con pecas, que le gusta vestir de negro y que siempre aparece con una sonrisa de oreja a oreja. Pues ese soy yo.
Al principio, todos creían que era una fase de mi infancia y no me tomaban en serio cuando les repetía una y otra vez a mis padres que quería ser un chico.
Con ocho años les conté que estaba harto de llevar ropa de chica y que lo que más deseaba era tener un pene.
Desde que tengo uso de razón, me he sentido extraño con mis genitales; yo sabía que no tenían que formar parte de mi anatomía, y que únicamente estaban ahí para recordarme que nunca podría tener mis verdaderos genitales.
Pero ellos, mis padres, solo se limitaron a decirme que me dejara de tonterías, que había nacido mujer y que así debía seguir siendo.
Cuando tenía doce años decidí contar aquello que me estaba pasando y que estaba experimentando.
Recuerdo que busqué información sobre ello y no era el único.
Mucha gente estaba en mi misma situación.
Muchas personas hablaban sobre cómo conseguían un diagnóstico para poder recibir tratamiento y hormonarse, cómo empezar a ocultar el pecho con un binder si todavía no podías hormonarte, etc.
Muchos hicieron historia tratando de normalizar a un grupo de personas a quienes la sociedad dejaba aparte en una esquina y salieron a defender sus derechos y conseguir su cambio de nombre. Todo aquello, entre otras cosas, era lo que yo estaba buscando para ser feliz.
No hay nada fácil. Nadie coge tu mano y te da lo que quieres a la primera, ni aunque pagues. A veces tienes que esperar y ser paciente. Todo llega, es una cosa que he aprendido conforme ha pasado el tiempo y he ido cumpliendo años.
Un día me armé de coraje (y bueno, en ese momento parecía una idea brillante, pero ahora lo pienso y creo que me pasé bastante, por no decir demasiado).
Les chantajeé a mis padres: si no aceptaban llamarme Luke y tratarme con pronombres en masculino, yo me largaría de casa en cuanto cumpliera los dieciocho y no sabrían de mí nunca más.
Lo dije tan en serio que ambos se me quedaron mirando como si hasta la fecha no se hubiesen dado cuenta de que lo que tenían en casa era un hijo y no su maldita Lindsay.
—Mamá, papá, ¿podemos hablar un momento? Hay algo muy importante que necesito deciros.
—Claro. ¿Qué pasa? Pareces preocupada.
—Es que… esto es algo que he estado guardando durante mucho tiempo y ya no puedo seguir así.
—¿Otra vez con eso, Lindsay? —dijo mi padre.
—¿¡Vais a escucharme?! Y hacedme un favor: no volváis a llamarme Lindsay.
—¿Qué demonios te pasa para que nos faltes al respeto de esa manera? ¿Qué te hemos hecho?
—Mamá, lo que tienes aquí delante no es una chica. Es un chico.
Mi madre se puso histérica. Pensó que eso que estaba diciendo era una locura. Pero la realidad es que ella vivió en una época donde ser transgénero no se veía mucho por las calles. Por ello, mi madre estaba muy desinformada sobre el asunto y se lo tuve que explicar.
—¿Cómo que eres un chico? Se ve claramente que eres una chica. Ya estás otra vez con esa fase.
—¿Cuándo vas a dejar de decir tonterías?
—¡No es una tontería! ¡Y esto no es una fase! ¡Es quien soy! Desde hace mucho tiempo no me identifico con mi sexo. —¡Ya está bien! ¡Ya hemos hablado de esto muchas veces y no estoy de acuerdo con lo que dices!
—Sé que es difícil de entender, pero esto es algo que he sentido toda mi vida.
No soy feliz siendo Lindsay. No soy la chica que todos piensan que soy.
En realidad, me siento como un chico. He estado viviendo una mentira, mamá, y ya no puedo seguir así.
Necesito que me aceptéis. Que me aceptéis los dos como Luke y que me tratéis como el chico que soy.
—¿De verdad tenemos que llamarte Luke?
—Sí. Porque si no lo hacéis, no volveréis a verme en la vida.
—¿Has oído lo que ha dicho, Connor?
Mi padre permaneció en silencio hasta que finalmente me miró a los ojos seriamente y me dijo:
—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres?
—Sí, papá —le abracé.
—No vuelvas a amenazarnos con una cosa así. Te queremos demasiado como para perderte.
Los tres nos fundimos en un abrazo. Lloramos. Y desde entonces comprendí que nunca estaría solo en esto.
Me ha costado diecisiete años decir que soy un hombre y tres para que me llamen por mi nombre.
Hoy por hoy, mis padres solo presumen de hijo por dondequiera que van. A todos les hablan de mí. Parece incluso que están más ilusionados que yo en hacer desaparecer por fin a Lindsay.
Los quiero muchísimo y sé que no ha sido fácil para ellos deshacerse de una hija, pero ahora sé que cuando me miran a los ojos, puedo notar lo orgullosos que están de mí. Y eso es todo cuanto necesitaba sentir.
También quiero decir que gracias a Jeremy (mi mejor amigo gay), recibí un apoyo incondicional.
Él estuvo desde el principio de todo. Fue quien me dio la fuerza suficiente para hablar con mamá y papá.
También fue el primero en quedarse sin su mejor amiga Lindsay.
Aunque eso no le importó ni le sorprendió.
Parece que él sabía más de mí que yo mismo.