Efímero (Efímero 1) VII
48%

VII

ELLOS

He comprendido la situación. Está claro que, por más que mi presencia te invada, tú definitivamente negarás cualquier contacto conmigo. ¿Qué más da que estemos en la misma aula? ¿Qué más da que nuestros caminos se crucen con los demás? Allí estarás tú para ignorarme.

Sé que contigo no llegaré a ningún sitio al que quiera ir. Al final, solo fui la chica de tus mensajes, solo eso. Me apartaré de tu vida tan pronto como pueda, para que no creas que tenerme cerca puede impedirte hacer tus proyectos de vida al lado de Jane.

Me tomaré en serio el curso e intentaré estar lo más distraída posible. Haré lo mismo que tú: ignorarte. La verdad es que da resultado. Ya no me siento tan dependiente de ti. Estoy decidida a seguir en Glasgow hasta final de curso y graduarme. Ese es mi plan.

Pero a veces los planes no salen como uno los imagina o los intenta proyectar. A veces se ven alterados por situaciones imposibles de evitar. Los celos.

Sí, estoy celosa, lo admito. Ella puede tenerte. Puede pasar todo el tiempo contigo y tener segura una cosa: que nadie podrá apartarla de ti. En eso, me lleva bastante ventaja.

Más que celos, es rabia por ver lo mentiroso que eres.

No sé quién es más tonta: si ella, por estar tan ciega y no darse cuenta de que vas rompiendo el corazón a chicas como yo a través de un chat, o yo, por creerme tu novia cuando esa plaza ya estaba ocupada por otra.

La quieres y ella siente lo mismo por ti, así que…

¿por qué no? A fin de cuentas, ¿quién soy yo para ti como para poder impedirlo? Nadie, desde luego.

El caso es que he conocido gente estupenda, como Steve, Jeremy y Luke. Ellos tienen algo que yo no tenía: ese vínculo que lo une todo, que te hace sentir que perteneces a algo que es más fuerte que cualquier otra cosa. La amistad.

Sí, Jeremy, Luke y Steve son esa clase de personas que, por mucho que no encajes en su rol de vida, te aceptan tal y como eres.

No te juzgan por cómo seas o vistas, ni mucho menos por cómo pienses.

Son un anexo en la sociedad que los distingue de todos y que nadie logra entender, excepto yo.

No son como los chicos con los que yo acostumbraba hablar y pasar el rato. No. Son mejores.

Hablar con ellos de cualquier cosa es como tener la libertad de ser tú misma en todo momento y no mirar hacia las caras desconocidas donde solo puedes encontrar críticas y desaprobación.

Cualquier tema de conversación puede convertirse en un debate que compartirás durante toda la semana.

Es como sentirse parte de sus familias, o como ser una hermana.

Nunca creí que podría tener una mayor conexión con alguien desconocido a simple vista que con alguien que ya conociese durante años.

Jeremy y Luke ya eran amigos desde antes.

Son inseparables. Lo primero que me llamó la atención de Jeremy fue su risa contagiosa y su capacidad para hacer que todos a su alrededor se sintieran especiales.

Luke, por otro lado, es un artista de los pies a la cabeza.

Aún recuerdo cuando me quedé absorta con su primer boceto en la clase de Arte.

Me pasé toda la hora viéndolo, y durante los siguientes días.

No me imaginaba que un chico pudiese dibujar así de bien.

Es más, acabó regalándomelo y lo he colgado en mi habitación. Es un genio.

Yo veía que juntos formaban un dúo perfecto, y no pude evitar sentirme atraída por esa energía positiva y genuina que irradiaban.

Recuerdo que estaba un poco nerviosa, ya que no conocía a mucha gente, pero cuando Jeremy y Luke se acercaron a hablar conmigo, empecé a sentirme a gusto y aliviada. ¡Qué suerte!

Desde entonces, suelo quedar con ellos fuera del instituto. Salimos de compras por el centro, pasamos las horas hablando de todo y de nada, y riendo. A veces, organizamos noches de cine en casa de Luke, donde nos acurrucamos en el sofá con palomitas y comentamos las escenas de las películas.

Luego, Jeremy empieza con su desfile de moda, exhibiendo sus nuevas prendas y accesorios, y obligándonos a Luke y a mí a llevarlas y posar para sus fotos de Instagram.

***

—No me has dicho nada desde que hablamos.

Esa voz… yo conozco esa voz. No es la voz de Steve, no. Es tu voz. ¿Pero qué estás haciendo aquí? Van a verte hablando conmigo. Será mejor

que vuelvas a tu mesa. De lo contrario, la escena que puedo llegar a montar aquí, en medio de todos, no va a gustar a nadie.

—¿Qué quieres que te diga? ¿Que me alegro por ti y por tu novia?

Márchate, Andrew, márchate. Me estás poniendo nerviosa.

—No, otra cosa —me sonríe, provocándome.

—¿Como que he venido aquí para nada o que he perdido el tiempo

contigo? ¿Cosas así, Andrew?

¿Por qué habré gritado tan alto? Se van a girar todos y me verán contigo. —No te enfades, aún me importas —su mano atrapa la mía sobre la

mesa y empieza a acariciarla.

¿Qué estás haciendo? ¿Puedes parar? No quiero que hagas eso… ¿o sí? —No lo parece —quito bruscamente la mano. Le odio. Intenta engañarme de nuevo.

Jane se acaba de dar cuenta de que estás conmigo. Su cara está echando mil maldiciones hacia mí, y todo por tu culpa. ¿Ahora quieres arreglarlo? ¿Te lo has pensado mejor y ahora te viene bien no ignorarme?

Vamos, ¿qué te pasa conmigo? Porque… que yo sepa, yo no he existido para ti. Tú mismo me lo has demostrado.

—Solo déjame besarte. Lo he estado esperando.

Su cara se acerca a la mía. Intento apartar la mirada y girar la cabeza. No quiero mirarlo, pero él se adelanta y sus manos me impiden escapar de sus ojos. Toma mi cara entre sus manos y acerca sus labios hasta casi tocar los míos cuando…

—¿Qué estás mirando? ¿Victoria? —¿Yo? Nada. Solo atiendo a la pizarra. —¿Estabas mirándole?

—¿A quién?

—¿Estabas mirando a Andrew?

—No, ¿por qué?

—Eso me parecía.

—Solo miraba al profesor y la pizarra. —Como tú digas.