Efímero (Efímero 1) VI
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VI

SÓLO ERES ALGUIEN QUE SOLÍA CONOCER

Lunes,6 de Septiembre 2021

Hay gente que es como remolinos o huracanes: arrasan con todo sin dejar nada a su paso. Entran en tu vida dejándote con los ojos bien abiertos porque, una vez que se van, no los vas a poder olvidar.

Hay gente que ha sido creada para la fascinación humana, para dejarte aturdido con su presencia. Y es ahí donde acabo de ver a mi vecina, a la que no me atrevo todavía a dirigirle la palabra.

Su belleza es genuina. Un moño despeinado con un rizo cayendo sobre su mejilla resalta el color de sus ojos marrones. Su vestimenta es casual, dándole un toque natural.

***

Todos parecen asombrados por mi llegada, menos tú, que no tienes valor para mirarme. Pero yo me mantengo firme y te dedico mi mejor sonrisa, como lo hago con el resto.

—Espero que tu elección haya sido la correcta y aprendas mucho con nosotros.

Pues he empezado bastante mal, si le soy sincera. ¿Conoce a Andrew Lowell? Claro que lo conoce, sabe de quién hablo. Bien, pues ese chico que ahora puede parecer inocente y encantador, no es más que un...

Los ojos del profesor me miran a la espera de que diga algo. Y, en lugar de eso, permanezco callada mirando al pelirrojo por el que hace unos días me he sentido querida. Nadie se da cuenta.

Algunos estarán pensando:

—Es normal, todavía no domina el inglés.

Y otros, creídos de sí mismos, pensarán:

—Está echándole el ojo a alguno de nosotros, porque está comparando lo británico con lo español.

Ilusos. Si ellos supieran.

—Yo también lo espero —digo, avergonzada ante la mirada acusativa de todos.

—Bien, siéntate donde puedas. Ha sido una bonita presentación, Victoria Martín.

—Gracias.

Las caras nuevas, y la no tan nueva de alguno, me siguen a medida que avanzo por el estrecho pasillo. Mis zapatillas rozan sus mochilas desprendidas, que entorpecen el paso. Tengo que pasar literalmente por encima de ellas, ya que ninguno es lo bastante simpático como para apartarlas.

—Estupendo, pues empezaré hablando sobre el curso y cómo funcionarán mis clases. Por no hablar de las evaluaciones y todo lo que tendréis que sufrir para aprobar mi asignatura —su sarcasmo hace que la clase se ría.

Parece el típico profesor enrollado, que más que un profesor, su mayor aspiración es caerle bien a los alumnos y que lo consideren un amigo más. En cierto modo, está bien. Aunque tampoco descarto la idea de que, de vez en cuando, nos grite y mande tareas como un descosido.

—Aquí está libre, puedes sentarte —la voz de un chico se escucha desde una de las filas de la derecha.

Supongo que no tengo otra opción, y es mejor que presenciar cada mañana una avalancha de mochilas apiladas y un camino bastante complicado de cruzar.

Sin duda, estar al lado de ese chico me vendrá bien.

Eso también jugará a mi favor y me mantendrá alejada de Andrew y su adorable e inigualable “Barbie made in Scotland”, o como quiera que se llame.

Ese fue el primer mote que se me ocurrió cuando la vi por primera vez.

Con una figura perfecta, cabello largo y liso impecable, ojos azules y uñas dignas de una secretaria,ella es lo que os decía: la Barbie morena.

Qué prototipo más bien escogido y acertado, Andrew.

Tiene todo cuanto quieras desear. Es perfecta para ti.

El chico permanece de pie, a la espera de que vaya para sentarme con él. Qué agradable. Me habría gustado que ese chico hubieses sido tú y me hubieses recibido con toda la simpatía y amabilidad que este chico me muestra delante de tus compañeros. Y sobre todo de ti.

—Gracias por guardarme el sitio —coloco la mochila detrás de la silla y me siento—. Me llamo Victoria Martín.

—Lo sé, acabas de presentarte hace unos minutos.

El rubor me viene a las mejillas. Qué vergüenza. ¿Por qué he soltado eso? Oh, me siento tan tonta. Ya no sé lo que digo.

—Cierto —le sonrío, disimulando mi metedura de pata.

—Soy Steve. Y no, no estás haciendo el ridículo, tranquila. ¿Me ha pillado? Seguro que le parezco un libro abierto y fácil de leer.

—Encantada, Steve —sus ojos azules, casi negros, penetran sobre los míos.

Aparto la mirada unos instantes por vergüenza y me giro para sacar el cuaderno y un bolígrafo, para anotar lo que el profesor va escribiendo en la pizarra.

—¿Así que te gusta Escocia?

—Sí —le contesto sin mirarle. No quiero experimentar la misma sensación de antes cuando le he mirado. Es bastante intimidante.

—Yo no soy de aquí. Soy del sur de Inglaterra —me dice, intentando captar mi atención—. Llevo viviendo en Glasgow desde los diecisiete años.

—Vaya, ¿otro forastero, supongo?

Vale que hayas sido muy majo ofreciéndome asiento, pero quiero prestar atención. ¿Podrías hablarme después?

—Pues sí.

—¿Y lo echas de menos?

¿Qué estás haciendo? ¿Por qué quieres saberlo? Mira la pizarra, Victoria.

—¿El qué?

—Vivir en Inglaterra.

—No se puede echar de menos un lugar donde no te han tratado bien, ¿no crees?

—Supongo —esta vez lo miro a los ojos para contestar.

¿Le habrán hecho daño? ¿Por eso huyó de su país? Acabo de llegar, ¿vale? Mi vida ya es un drama como para que ahora quiera enterarme de los dramas de los demás. Pero, por alguna razón, le dejo que me lo cuente.

—Perdona por ser tan directo.

A mí también me ha parecido raro que me hablaras de tu vida personal como si nos conociésemos de hace mucho. No sé, ¿lo haces con todo el mundo?

—¿Y a tus padres también les gusta Escocia?

—Ellos no están aquí.

—¿Has venido tú sola?

—Sí.

¿Y yo para qué te digo que sí? Genial, Victoria. ¿No te dice siempre mamá que no reveles nada sobre ti a nadie? Pues lo acabas de hacer.

—Vaya, me sorprendes.

—¿De verdad?

—Sí. Se me hace raro que una chica como tú esté sola en un

sitio como este.

—¿Una chica como yo?

—Oh, no me malinterpretes. Solo digo que eres distinta. —¿Y ser distinta está bien?

—Yo diría que sí —me sonríe.

—¿Gracias? Se supone que tengo que dártelas, ¿no? —No siempre. Solo si quieres. Solo cuando lo veas conveniente.

He de admitiros que ha sido la conversación más rara que he tenido en toda mi vida.

—Bien, pues creo que ahora. Gracias, Steve.

—Por cierto, me gusta tu nombre, es muy distintivo. —No lo dices en serio.

—Vale, no es original, pero me será difícil olvidarlo.

Mis mejillas rojas vuelven a hacer acto de presencia para que Steve pueda verlas.

La manera en la que me habla o dice las cosas, a mi parecer, suena y provoca en mí una sensación de incomodidad total.

Aparto la mirada para concentrarme en mi cuaderno, esperando que el momento pase rápidamente.

El profesor continúa escribiendo en la pizarra.

Habla sobre los temas que cubriremos, los proyectos que tendremos que hacer y las fechas importantes que debemos recordar.

A mi alrededor, solo oigo murmullos. ¿Estarán hablando de mí?

Intento enfocarme en las palabras del profesor, pero mi mente sigue divagando.

***

Cada día la gente nos sorprende más, y eso significa que lo inesperado siempre acecha a la vuelta de la esquina, dejándonos con esa cara de asombro.

Esa expresión que rara vez mostramos porque, en general, creemos tener todo bajo control o intuimos lo que va a pasar.

Pero eso fue lo que pasó con ella. Con Victoria.

Apenas sabía en qué parte de Glasgow se encontraba cuando me dijo que iba a darme una sorpresa.

Llevaba días sin llamarla, tal y como ella me pidió.

No hay nada entre nosotros, absolutamente nada.

Hasta ahora, lo único que nos une es que ella acaba de entrar por la puerta de mi instituto y va a cursar este año en la misma clase que yo.

Tan solo la he mirado dos veces esta mañana, durante la presentación de inicio, y ha actuado como si nada. Como si realmente nos acabáramos de conocer. Y yo, desde luego, tampoco le he dicho mucho. Ni siquiera he podido llamarla por su nombre. Y todo porque, para el resto, ella es la novedad.

—Hola, mi nombre es Victoria Martín y vengo de España. —¿Ha dicho que viene de España? —me ha preguntado Matt. Me he hecho el tonto con mis compañeros de clase. Todo eso ya lo sé sobre ella. Y ella sabe muchas cosas sobre mí.

—Sí. Mola bastante —he contestado como si fuese algo flipante y jamás lo hubiese escuchado.

Me siento atrapado en una mezcla de confusión y curiosidad. ¿Por qué ha decidido venir aquí después de todo? Mi mente no deja de dar vueltas, intentando encontrar respuestas. La situación me resulta incómoda y desconcertante.

Aunque, no puedo evitar sentir una chispa de esperanza. ¿Vamos a conocernos, pero esta vez de verdad? ¿O no me piensas hablar en todo el curso y haremos como que entre tú y yo nunca hubo nada? ¿Le contarás a alguien que ya nos conocíamos o dirás “¿Quién es Andrew Lowell?”?

Tal vez, solo tal vez, esta sea una oportunidad para empezar de nuevo.