V
EN EL LÍMITE DEL MAL
Domingo, 5 de Septiembre 2021
Es de noche. Hay pocas personas paseando por la calle. Solo aquellos a quienes les gusta trasnochar y quedarse hasta que empiece un nuevo día empiezan a salir de sus casas.
Es tarde. No pienso salir. Tampoco tengo planes. Todos los que tenía se han esfumado, y todo por haber confiado en alguien en quien no debía.
Ahora me estás llamando. Y yo, que quería estar en mi cuarto sin hacer nada.
No quiero hablarte. Ni mentirte y dar cualquier excusa para no enfrentarme a ti. Evitarte es una opción, pero eso, para mí, es imposible. Esto que estamos haciendo está mal.
¿Tanto duelen las personas cuando te enamoras de ellas? ¿Y si todo lo que imaginas en tu cabeza no existe?
Victoria, no es tan difícil. Él es solo el típico chico que juega a ser bueno. No te quiere, métete eso en la cabeza.
LLAMADA ENTRANTE DE ANDREW LOWELL:
Acepto la llamada, pero permanezco en silencio. Al otro lado, solo se escucha la voz insistente de Andrew.
—¿Hola? ¿Victoria? —repite una y otra vez.
Pero no respondo. Todavía sigo pensando en cómo dirigirme a él. Estoy indecisa.
Por una parte, pienso en lo bueno que sería hablar con él y decirle de primeras lo que vi esa mañana, y por otra, solo quiero esconderme de él e ignorarlo para siempre.
—¿Vic, estás ahí?
—Sí.
—¿Te he pillado en un mal momento? ¿Estabas haciendo algo importante?
—No, no es un mal momento —mis palabras salen de mi garganta como si tuviera que masticarlas intentando no ahogarme. Carraspeo nerviosa y trago saliva.
—¿Te pasa algo? Te noto rara al hablar.
—No. Todo va bien.
Todo lo que he hecho: el dinero gastado en ese billete, el tiempo que he pasado hablando contigo, todas esas veces en las que he pensado en ti... Para que vengas a sustituirme por alguien más.
Y, encima, no sé si es porque soy demasiado buena o quizá demasiado tonta para estar aquí aguantando todo lo que dices, cuando a ti parece importarte una completa mierda.
A veces, parece que lo tienes todo, pero no puedes controlar todas las situaciones de tu vida. Unas salen bien, otras mal. Algunas solo suceden porque tú las creas.
Quizá, si no hubiese cogido ese avión, me habría quedado con las ganas de saber qué hubiese pasado entre los dos.
Siempre se me apodera el miedo, porque no quiero defraudar a
nadie, ni siquiera a mí misma. Pero creo que no merecía esto. Un
“no”.
Todas las veces que dudé, debí haber confiado en ese instinto.
Pero no lo hice. Porque siempre quiero ver ese lado bueno de las
personas.
Pero sé que no vas a querer escuchar todo eso que tengo que
decirte.
Si ahora lo tuvieras todo y el mundo se te fuera a la mierda y
nadie te escuchara, seguramente todos nos ahogaríamos en el
fondo del agua.
Si tú recogieras todas las lágrimas que he llorado estos días,
podrías llenar piscinas y bañarte en ellas como si todo te diera
igual.
Y es absurdo querer subrayar sentimientos escritos en un papel que cualquiera puede coger y lanzar contra una pared.
—Genial —se alegra, como si creyese que estoy bien—.
Vic, tenía muchas ganas de hablar contigo.
Anoche esperé a ver si te conectabas a Skype para vernos.
No podía dormirme sin ver antes esos ojitos.
Esto de hablar solo por teléfono y no vernos es una mierda.
No es justo que estemos tan lejos el uno del otro.
—¿De verdad te gustaría verme ahí contigo?
—Pues claro, Vic.
—¿Y qué sería lo primero que me dirías?
—Vic, ya lo sabes.
—¿Y me presentarías a tu novia?
—¿Qué?
No he podido contenerme. Ha sido tan fuerte la rabia arrastrada de estos días que no me arrepiento de lo que he dicho. Era ahora o nunca.
—Lo sé todo, Andrew.
Lloro. Estoy dolida y decepcionada.
Al otro lado solo se oye la respiración agitada de Andrew. No sabe qué decir. Lo que sí sabe es que la ha cagado conmigo. Su
secreto ha salido a la luz de la peor manera que él se hubiese imaginado.
—Victoria, escúchame —me ruega como nunca antes lo ha hecho—. Quiero explicártelo todo.
—¿Qué me tienes que explicar? ¿Que estás con ella? Pues te felicito. Que seáis muy felices.
—No. Déjame que te cuente.
—¿Quieres contarme la cita que tuviste con ella en el Starbucks de Gordon Street?
—Espera... ¿Cómo? ¿Has dicho Gordon Street?
—Os vi hace tres días allí. La estabas besando y... —continúo llorando.
—¿Vic, estás en Escocia? Aaagh, por eso me has ignorado estos días.
—¿Y qué esperabas? ¿Que me lo tragara yo solita y continuar esta farsa?
—No he dicho eso. Vic, ¿por qué no me dijiste que vendrías?
—¿Para qué? ¿Para que te hubiera dado tiempo a esconder a tu novia y disimular conmigo?
—No. Yo hubiera sido sincero contigo. Si me hubieses dicho que venías, te lo habría contado todo.
—¿Para eso querías que te avisara? Oh, qué noble de tu parte. Ahora sí que no te conozco.
—No digas eso. Claro que me conoces.
—No. Yo he sido sincera en todo contigo. Te lo he contado todo, hasta mi pasado, y tú te has limitado a mentirme y encantarme con tus truquitos de niño bueno.
—No ha sido así. No quiero a Jane.
—No la quieres y te mete la lengua cuando te besa y tú le sigues el beso. También he visto cómo la tocas. La coges de la cintura y te la arrimas. Pero, como dices tú, solo son imaginaciones mías y no la quieres. Perfecto, Andrew. Tú ganas.
—Yo no gano nada, Victoria. Es la verdad, no miento.
—Y que sepas que era una sorpresa para este año, para que estuviésemos juntos y hacer todo lo que habíamos planeado algún día, si se nos presentaba la oportunidad.
—Quiero verte. ¿Podemos quedar? Me gustaría hablar esto en persona.
—Ahora déjame, Andrew. No quiero volver a hablarte y, por favor, no insistas con los mensajes. Solo quiero estar sola y centrarme en este curso.
Cuelgo la llamada con furia y lanzo el móvil sobre la cama.
***
Si me tuvieras que definir en una palabra, seguro que dirías que soy un capullo. Sí, de esos que salen en las películas y a todas las chicas les cae mal. Te doy ese derecho. En cierto modo, tienes razón.
No soy sincero. Miento, incluso para cosas que me convienen. A veces, para que alguien no se sienta mal; otras, para quedar bien con las personas.
Si hubiese sabido esto (aunque quizá te habrías enterado a la larga), yo la habría dejado antes de que tú pisaras el asfalto de Glasgow. Pero es tarde.
¿Por qué a veces a uno no le salen bien las cosas o la caga con las personas que más le importan? Toda esa pregunta tiene una respuesta clara: nadie suele hacer las cosas bien desde el principio.
Siempre pensamos en no soltar las cosas aunque nos hagan daño o no nos convengan, porque por el momento parecen el sitio más seguro que tenemos en esos instantes.
Pero no es verdad. Ya no existe nada seguro. Nos saboteamos tratando de pensar que estar en el mismo lugar está bien.
Pero mi lugar no es este. No en los brazos de Jane.
Mi lugar debe estar contigo. Yo quiero, pero tú ya no.
Si pudiera, quisiera demostrarte que esto podría valer la pena y ser el principio de algo bueno y sano.
Pero por ahora, lo único en lo que vas a pensar es en ese chico pelirrojo al que tanto querías y que te acaba de romper el corazón.
Al que se le parte el alma al saber que, por su culpa, no te tendrá.