Capítulo 11 #4
—Es posible, sí. Sara siempre confiaba demasiado…
—Siempre dices que Sara era muy imaginativa, que se inventaba historias de fantasía, ¿Y si, realmente toda esta historia era hecho de su imaginación?
Descubrió la cámara bajo la casa y creó una historia...
sin pensar que llegaría a tus manos... no lo sé, es que es tan peliculero todo esto —dijo él, buscando un sentido a todo eso.
—Puede que fantaseará más de lo debido, y que cada pista suya nos lleve tras otra...
pero no creo que se inventará esas cosas, sobre todo lo del cuerpo muerto bajo la casa.
Ella desapareció, Mario, y escribe en las cartas que sentía miedo...
su desaparición fue por una razón que aún se mantiene en secreto.
—Tienes razón, yo también estoy seguro que desapareció por enterarse de algo, o por fiarse de quien no debía. Pero no puedo evitar pensar que igual fantaseó más de la cuenta la historia.
Fueron pasaron las páginas despacio, deteniéndose en los fragmentos más incompletos. Había líneas tachadas, otras escritas con prisa, como si Sara temiera ser descubierta. Una frase destacaba en uno de los márgenes, escrita con otra tinta, más oscura:
“No estamos solos en la casa”.
—¿Te das cuenta? —susurró ella—. Todo apunta a ese lugar. Ella sabía que había algo bajo los cimientos.
—Algo o alguien —dijo Mario, levantándose al escuchar que el té estaba casi listo.
—¿Crees que nos siguieron?
—Creo que nunca han dejado de vigilarnos.
—Entonces la próxima vez, iremos de noche.
—¿Próxima vez? —repitió él.
—Sí, no pienso dejar esto a medias. Si Sara escribió que la verdad está bajo la casa, lo descubriré.
Mario la miró, la determinación en sus ojos le recordó a la joven de la fotografía que vio en la casa.
—Lucía —comenzó a decir, mientras le daba la taza de té y se sentaba a su lado—.
Allí abajo no había nada, estaba vacío. Si alguna vez hubo algo que incriminaba a alguien o que sacara una verdad a relucir, ya no está…
han pasado 30 años, y estoy seguro que Sara descubrió allí abajo algo, pero lo que hubiera ya ha sido sacado de allí, seguramente hace muchos años, ¿no crees? —comentó él, con sinceridad.
—Pero… —dijo ella, sin poder terminar la frase, resignada. Sabía que Mario tenía razón, allí no había ya nada .
Durante unos segundos, el mundo se redujo al sonido de la lluvia y al temblor de sus respiraciones.
Hasta que un golpe seco resonó en la puerta, rompiendo el silencio, ambos se giraron.
Otro golpe, más fuerte, luego, silencio.
Mario se levantó y caminó despacio hacia la puerta, la abrió con cuidado, el pasillo estaba vacío, solo una hoja doblada descansaba en el suelo.
Se agachó y la cogió. Era una hoja de periódico antiguo, amarillenta por el paso del tiempo. En la esquina superior se leía:
“Joven desaparecida en la localidad costera de Puerto del Silencio, se la vio por última vez en el acantilado”.
Y debajo del titular una fotografía apenas reconocible de Sara. Unos segundos más tarde, la hoja de periódico temblaba entre las manos de Lucía. El retrato borroso de su hermana, en blanco y negro, la observaba desde el papel con una sonrisa.
—¿Quién podría tener esto aún? —preguntó ella.
—No lo sé… pero está claro que la han dejado con algún propósito.
Lucía salió al pasillo, que se encontraba vacío, la bombilla iluminaba levemente el pasillo, percibió un olor, como de cera derretida, se acercó a las escaleras.
—¿Inés? —llamó, sin obtener respuesta.
Bajó un escalón, pero Mario la detuvo sujetándola por el brazo.
—Espera, mira qué hora es, no tiene sentido que esa señora ande por aquí ahora. Volvamos a la habitación —dijo Mario, entrando y echando el cerrojo.
Mario se acercó a la ventana, apartó ligeramente la cortina y miró hacia la calle.
Bajo la lluvia, vio fugazmente a alguien cruzando hacia la esquina, una figura con un abrigo oscuro, sin paraguas, que se detuvo un segundo bajo la farola.
No pudo verle el rostro, pero el gesto de la cabeza, la forma en que parecía observar la fachada… lo heló.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella, notando el cambio en su expresión.
—Nada… solo alguien que pasaba caminando por la calle.
Mario se apartó de la ventana, fingiendo normalidad, y se acercó a la mesa, donde reposaba la hoja de periódico, leyendo la letra pequeña de la noticia.
—¿Has leído esto? —dijo Mario, cogiendo la hoja para leerla mejor—. Aquí pone que alguien estaba con Sara la noche que desapareció.
—¿Qué? —respondió ella levantándose rápidamente.
—Mira, lee aquí.
“La policía busca a una segunda persona que, según sus fuentes, fue vista en dicho lugar junto a la desaparecida, probablemente poco antes de su desaparición”.
—Y… si quien nos ha dejado esta hoja de periódico, no quería asustarnos, sino… ¿hacernos saber que alguien estaba con ella? —comentó él.
—Alguien habló con Sara antes de subir a ese barco…
—No… no sabemos si realmente ella subió a ese barco, Lucía. Descansemos, por hoy ya hemos tenido bastante.