Eco de los cuatro elementos Capítulo 33El destello azul
92%

Capítulo 33El destello azul

El destello azul

C uando abrí los ojos, el aire ya no era cálido ni dorado.

La luz parecía apagada, y un silencio pesado llenaba el espacio.

Parpadeé varias veces y traté de incorporarme, pero algo extraño llamó mi atención: no estábamos en la biblioteca, sino en un lugar mucho más oscuro y húmedo, había charcos de agua por todas partes.

Edriek estaba a mi lado, con el ceño fruncido, inspeccionando las paredes como si buscara alguna salida. Dominick se apoyaba contra una reja, los brazos cruzados, intentando mantener la calma, mientras Spencer examinaba las cerraduras con atención.

—¿Dónde estamos? —pregunté, incorporándome lentamente, sintiendo que cada músculo de mi cuerpo aún temblaba por la energía que había absorbido. Sabía que esto apenas comenzaba… y que cada elemento que despertara sería clave para enfrentar lo que nos esperaba dentro de esa casa.

—¿Estás bien? ¿Cómo te sentís? —Edriek me sujetó suavemente la cara con sus manos, buscando alguna herida.

—Estoy bien, tranquilo —dije, agarrándole las manos para que se calmara.

Spencer se acercó y señaló el entorno con seriedad. —Estamos en una especie de calabozo.

—No podemos salir —susurró Edriek, mirando alrededor con preocupación.

—¿Cómo llegamos acá? —pregunté, intentando mantener la calma.

—Cuando te desmayaste —empezó Dominick, con voz grave, casi decepcionada—, intentamos despertarte y sacarte del castillo porque sabíamos que era peligroso. En el intento nos encontraron y nos paralizaron. Ahora estamos aquí.

El corazón me dio un vuelco. Las paredes de piedra fría, la humedad y la oscuridad hicieron que el contraste con la biblioteca pareciera un mundo aparte.

El poder del aire y de la tierra todavía vibraba en mis manos; podía sentirlo pulsando suavemente, levantando mechones de mi cabello y haciendo girar pequeñas hojas que habían quedado flotando.

Algo dentro de mí me decía que no bastaría para escapar sin pensar rápido.

Respiré hondo, dejando que la energía de los elementos que había despertado recorriera mi cuerpo. Sabía que cada movimiento, cada pensamiento, sería clave para enfrentar lo que nos esperaba dentro de ese lugar y, finalmente, acercarme a mi familia

Pasamos un rato largo encerrados en ese lugar, la luz del día se estaba desvaneciendo.

No paraba de intentar usar algún elemento que nos permitiera salir de ahí, pero era todo inutil, nada servía y ya me empezaba a frustrar y enojar conmigo misma, como pretendía salvar a mi familia si ni siquiera podía salir de ahí.

—Emily ya probaste muchas veces, ¿porque no descansas? —Sabía que las intenciones de Edriek eran buenas, pero la frustración que sentía era mucho más grande.

—No necesito descansar, necesito salir de acá y salvar a mi familia—Estaba tan enojada conmigo que me desquite con él

—No sirve de nada si no tienes las fuerzas suficientes, necesitas descansar—Me ponía de peor humor que él esté mucho más relajado.

—¡Vos qué sabés lo que necesito! —exploté, cruzando los brazos y respirando con fuerza, intentando calmar la rabia que me quemaba por dentro.

Edriek me miró con paciencia, pero yo no estaba lista para escuchar razones. Cerré los ojos un instante, dejando que la energía que había despertado todavía vibrara en mí.

Fue entonces cuando algo cambió: un susurro leve, casi imperceptible, recorrió la habitación.

—¿Escucharon eso? —pregunté, sin abrir los ojos del todo.

El viento dentro del calabozo parecía moverse más rápido, formando un murmullo que guiaba mis manos. Seguí el sonido con cuidado y mis dedos tocaron una grieta en la pared de piedra. Era mínima, apenas un surco, pero de ella brotaba un hilo de humedad que se sentía fresco al tacto.

Un escalofrío me recorrió: agua . Uno de los elementos que me faltaba.

—Edriek… creo que hay algo aquí —dije, señalando la grieta.

Dominick se acercó con desdén, pero ni él pudo negar que el hilo de agua era real.

Apenas puse mi mano en la grieta, el agua comenzó a salir con fuerza, formando un charco que se extendía rápidamente. Antes de poder reaccionar, todos los charcos alrededor comenzaron a unirse en un solo remolino, girando y levantando gotas que parecían flotar en el aire.

—¿Qué está pasando? —exclamó Spencer, empezando a asustarse como todos.

El remolino creció con velocidad. Podía sentir cómo las corrientes húmedas me querían rodeabar, frescas pero poderosas, rozando mi piel y enredando mi cabello como si quisieran integrarme a su fuerza.

Intenté acercarme, pero Edriek me agarró del brazo.

—¿Estás loca? ¡No te acerques a eso!

—Edriek, debe ser lo mismo que antes, tengo que conectar con todos los elementos —dije, intentando calmarlo.

—¿Y si no es como la otra vez? ¿Y si no lo soportas y te vuelves a desmayar o algo peor? —su voz temblaba.

—No me va a pasar nada. Es la única forma de hacerlo —contesté con firmeza.

—¡¿En serio crees que la única forma de parar un tornado de agua es que vos te metas dentro de él?! —se desesperaba más y más.

—Edriek, no me va a pasar nada. Necesito que confíes en mí —le dije, él dudo.. demasiado, pero al cabo de unos segundos suspiró y me dejo ir. Lo besé y me alejé.

Me acerqué al remolino y, solo con tocarlo, el agua detuvo su giro y se abrió suavemente, dándome paso hacia el centro. Allí apareció otro símbolo, más intenso que el anterior. Sin dudarlo, lo toqué y sentí cómo su poder me recorría como un río que fluye a través de cada fibra de mi ser.

Mis ojos cambiaron: ahora eran azules con destellos grises y verdes, y de mis manos brotaban remolinos de agua que giraban con fuerza y gracia, como si fueran parte de mí misma. Me sentí completa, conectada y poderosa.

Me mantuve en el centro del remolino, dejándome envolver por la fuerza del agua, que respondía a cada pensamiento. Las gotas flotaban a mi alrededor, formando pequeños remolinos que giraban a mi ritmo.

De repente, entre las corrientes, un destello azul verdoso se formó por un instante.

La luz se moldeó apenas un segundo en la figura de una mujer de cabello oscuro, con un gesto amoroso que me resultaba extrañamente familiar.

Antes de que pudiera procesarlo por completo, el destello se disolvió como una gota de agua al suelo, dejándome con el corazón latiendo acelerado y la certeza de que había sentido algo importante.

El tornado se calmó poco a poco, dejándome de nuevo con los pies en el suelo.

Respiré hondo, dejando que la energía del agua se asentara en mí. Mis manos todavía temblaban ligeramente, pero me sentía más fuerte, más completa. Sabía que cada elemento que despertara me acercaría más a mi familia y que, aunque acababa de superar esta prueba, aún quedaba mucho por delante.

—¡Vamos! —dije, agarrando la mano de Edriek y tirando de él hacia la puerta del calabozo.

El agua aún respondía a mis movimientos, formando charcos que nos ayudaban a deslizar la cerradura y abrir la reja.

Spencer y Dominick me siguieron sin dudarlo.

En cuestión de segundos, salimos del calabozo y corrimos por los pasillos del castillo, usando cada corriente de aire y cada remolino de agua para mantenernos un paso adelante de cualquier amenaza.

Cuando por fin llegamos a la salida al exterior, jadeando y cubiertos de polvo y humedad, un escalofrío me recorrió cuando escuche que detrás nuestro estaban gritando

—¡Se escaparon! ¡Están sueltos!-- Aunque no se podía distinguir de quién era el grito, sabíamos que no era para nada seguro quedarnos ahí.

Nos miramos entre todos con pánico y lo único que sabíamos que teníamos que hacer era correr, así que eso hicimos.

Corrimos sin saber a dónde estábamos yendo, hasta que llegamos a un lugar que parecía seguro. Jadeando, nos detuvimos por un momento para recuperar el aliento.

Fue entonces cuando lo noté: desde lo alto de una torre cercana, una sombra se movió entre las piedras, observándonos con ojos que brillaban en la penumbra. No pude distinguir su rostro, pero el frío que recorrió mi espalda me dijo que no nos habíamos librado del todo del peligro.

—No podemos quedarnos —susurré— Tenemos que seguir adelante.

Y con esa certeza, nos adentramos de nuevo en el castillo, con los elementos que había despertado latiendo dentro de mí y el corazón acelerado, sabiendo que cada segundo contaba.