Eco de los cuatro elementos Capítulo 31Como si nunca hubieran visto a alguien hackear un sello mágico
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Capítulo 31Como si nunca hubieran visto a alguien hackear un sello mágico

Como si nunca hubieran visto a alguien hackear un sello mágico

N os detuvimos ante la puerta de metal cubierta de enredaderas, un umbral extraño entre el bosque y el castillo. No veíamos a nadie, pero se suponía que Alaric debía esperarnos allí.

Estuvimos esperando lo que parecía una eternidad a que aparezca Alaric, nos estábamos impacientando pero ninguno se atrevía a decir algo, no después de lo que pasó en el puente.

—No va a venir, ¿no? —la tristeza y la decepción se filtraban en la voz de Dominick, aunque intentara sonar indiferente.

—No cantes victoria todavía —Edriek lo fulminó con la mirada—. Si algo sé de tu padre es que aparece cuando menos lo esperás.

—¡Claro! —bufó Spencer, cruzándose de brazos—. Entonces esperemos toda la noche como idiotas, total no tenemos nada mejor que hacer.

—Basta, podemos buscar otra forma de entrar —dije, intentando sonar más optimista que todos juntos.

—No seas ingenua, Emily —escupió Dominick—. No hay otra manera. Sabía que no debíamos confiar en él.

—¿Y entonces por qué lo hicimos? —Spencer casi gritó, con la voz quebrándose—. ¿Entienden lo que está en juego? ¡Tu familia está en peligro y nosotros acá, como estúpidos, esperando a alguien que ni siquiera se digna a venir! ¿y si no entramos y todo esto fue en vano? o Peor mira… mira si…

Su respiración se entrecortaba, estaba al borde de un ataque de pánico.

—¡Spencer, tranquila! —traté de calmarla, pero ya no me escuchaban.

La discusión se volvió un coro de reproches, las voces cada vez más altas, sobreponiéndose, hasta que quise gritarles… y me di cuenta de que nadie podía oírme.

—No le mientas, no sabemos si va a aparecer, ya debería de estar acá—Dominick se mostraba enojado y decepcionado—Sabía que no podíamos confiar en mi padre.

—¿Y entonces por qué lo hicimos? Acaso no entendes todo lo que está en juego?

—¡Chicos, paren! —intenté frenarlos, pero mis palabras se perdían entre sus voces alzadas. Era como si nadie pudiera escucharme.

Y entonces, en medio de ese caos, una voz cruzó mi mente con una claridad que me heló la sangre: la de Evelyn.

“Y cuando estén frente al castillo... no se olviden de mirar hacia donde no hay nada. A veces, lo que no se ve… es justo lo que hay que encontrar.”

Tragué saliva y desvié la vista hacia la puerta, ignorando la pelea. Donde no había nada. Repetí esas palabras una y otra vez, caminando alrededor de las enredaderas, palpando la superficie fría del metal, buscando un detalle que se me estuviera escapando.

Fue entonces cuando mis dedos rozaron una hendidura apenas visible, oculta entre la maraña de ramas secas. Un símbolo. No, una marca grabada en la varilla. Me incliné, apartando las hojas, y descubrí un relieve en forma de círculo con un triángulo en el centro.

Mi corazón se aceleró.

—Lo encontré… —susurré, apenas consciente de que lo decía en voz alta.

Edriek se giró de golpe. Su mirada dejó la pelea en segundo plano y en un segundo estuvo a mi lado, apartando con cuidado más enredaderas. Sus ojos se iluminaron con una mezcla de sorpresa y reconocimiento.

—Emily… —murmuró, tocando la marca—. Esto es un sello antiguo.

Dominick y Spencer callaron de golpe, como si al fin entendieron que algo importante estaba ocurriendo. La tensión entre ellos se evaporó, sustituida por una expectación silenciosa.

—Lo sé… lo conozco.

No entendía cómo, pero lo sabía. Ese símbolo no era un simple sello: era un hechizo, demasiado viejo como para ser recordado por cualquiera.

Edriek me miró incrédulo.

—Emily, es un sello demasiado anti…

—No es un sello —lo interrumpí, con la certeza clavada en mi pecho—. ¿No lo ves? Es un hechizo. Es nuestra puerta .

No podía apartar la vista de la insignia. Fascinada, tracé sus líneas con la yema de mis dedos.

—Sé cómo abrirla. Pero van a tener que confiar en mí.

Cuando me di vuelta para mirarlos, los tres tenían una expresión de puro asombro. Me sorprendí… hasta que entendí el motivo de sus miradas.

En el reflejo metálico de la puerta vi mis manos y mis ojos transformados. El ámbar de mis iris había mutado en un marrón oscuro con destellos verdes, y de mis dedos se desprendían hilos brillantes del mismo color, como raíces vivas buscando dónde aferrarse.

Fue ahí cuando lo comprendí: ese hechizo había sido creado por alguien que dominaba la tierra. Por eso la conexión, por eso esa certeza en mis huesos. Y, por algún motivo que aún desconocía, yo sabía exactamente cómo romperlo.

—¿Estás segura de hacer esto? —Edriek buscó mi mirada, preocupado—. Podemos encontrar otra manera, sin que te pongas en riesgo.

Se notaba que tenía miedo de que algo me pase, pero algo dentro mío me decía que no me iba a lastimar, que me iba a despertar

—Edriek creeme que esto va a ser lo mejor

No espere a que me diga o haga nada, me di vuelta respiré hondo, apoyando ambas palmas sobre el sello. La superficie metálica estaba helada, pero debajo de ella había algo vivo, latiendo.

Cerré los ojos. Imaginé raíces deslizándose desde mis dedos, abriéndose paso por las hendiduras del triángulo, enredándose en el círculo como si lo reclamaran. La energía respondió al instante: la sentí subir desde el suelo, atravesar mis piernas y expandirse en mi pecho como un temblor.

El metal vibró.

—Emily… basta —Edriek puso una mano sobre mi hombro—Es mucho más peligroso de lo que crees, no podes forzar algo sagrado.

—No estoy forzándolo —dije, entre dientes—. Solo… estoy respondiendo.

El aire se volvió espeso, cargado de un olor a tierra húmeda.

Las enredaderas que cubrían la puerta comenzaron a moverse, como serpientes despertando, retorciéndose en torno al sello.

Los hilos verdes que fluían de mis manos se unieron a ellas, y por un momento tuve miedo de que me arrastraran con su fuerza.

Un crujido seco retumbó en el metal.

Spencer dio un paso atrás, con los ojos abiertos de par en par.

—¿Eso… eso fue bueno o malo?

—Depende —respondió Edriek con seriedad, sin apartar la vista de mí.

El sello brilló con un resplandor verde intenso, pulsando como un corazón. Cada latido encontraba eco en el mío, como si la puerta y yo fuésemos una sola cosa.

Entonces, con un chasquido sordo, algo cedió. El portón crujió, arrastrando consigo las enredaderas, que se rindieron como soldados vencidos.

Un viento frío escapó del otro lado, golpeándonos como un susurro antiguo.

Me tambalee, agotada, y habría caído de no ser porque Edriek me sostuvo de inmediato. Su brazo firme me rodeó, acercándome contra él.

—Lo hiciste —susurró, con un dejo de incredulidad.

—Viste—sonreí, señalando la puerta que se abría—. Y ustedes preocupados… como si nunca hubieran visto a alguien hackear un sello mágico—respondí con una sonrisa débil, aunque por dentro no entendía nada de lo que estaba sintiendo.

El chirrido final del metal marcó la apertura completa de la puerta. Más allá, el jardín oscuro del castillo nos esperaba, inmenso y silencioso, como si hubiera estado guardando el aliento todo este tiempo.

Nadie dijo nada. Solo cruzamos miradas sorprendidas de lo que pasó y con temor de lo que estaba a punto de pasar