Capítulo 25El principio del fin
El principio del fin
C uando escuché esas palabras —“Sabemos dónde está tu familia. Pero no están solos”— todos mis miedos se volvieron reales.
Todo lo que creí que era solo imaginación empezó a tomar forma. Ya no era una sospecha: se sentía cada vez más como una pesadilla.
No pude evitar pensar en esos momentos donde ningún mundo con poderes existía. Donde un domingo cualquiera bastaba: estábamos en casa, jugando algún juego de mesa, riendo, sin saber que la felicidad podía ser tan frágil.
En la inocencia de creer que esa era mi única vida, mi única realidad.
Y ahora, esos recuerdos —los que me mantenían viva cuando todo parecía derrumbarse— empezaban a mancharse con mi miedo de perderlos.
Deseaba quedarme ahí, en esa ilusión de que no todo estaba perdido. Como si revivir nuestras memorias una y otra vez pudiera protegerlas.
Como si mi mente pudiera salvarlos del peligro que los acechaba.
Pero sabía que no.
Por más que lo intentara, en ese instante fugaz solo había una opción: rescatarlos.
Volví a la realidad. Dejé atrás el ruido de mis pensamientos y me encontré con todas las miradas fijas en mí.
Esperaban mi reacción con una tensión que se podía cortar en el aire. Como si temieran que una sola palabra pudiera quebrarme del todo.
—Emily, sabemos dónde está tu familia —repitió Evelyn con cuidado, como si la primera vez no la hubiera escuchado. Como si sus palabras no me hubieran sacudido entera.
—Sé que esto no es fácil para vos, pero tenemos muchas personas de nuestro lado. Estuvimos planeando una forma de rescatarlos sin necesidad de enfrentamiento directo.
Pero necesitamos saber que vas a poder ser parte de esto. Que puedas dejar de lado los sentimientos y priorizar el plan —agregó Remus, con una frialdad que me dio escalofríos.
Entiendo que esto sea importante. Lo sé.
Pero… ¿Pedirme que no sienta nada? ¿Que sea fría? ¿Acaso tenía que dejar de ser humana?
—Sé lo que esto implica —dije con firmeza—, y estoy más que comprometida a salvar a mi familia. Pero no te confundas: mis emociones no las puedo apagar. Son lo que guían mis poderes. Así que sí, voy a hacer lo que haga falta, pero no voy a ser fría. Prefiero ser consciente.
La mirada de sorpresa que tenían todos me impactó, creo que era la primera vez que me veían tan tajante.
Evelyn cortó la tensión que se respiraba en el ambiente.
—Tu familia está retenida en una de las zonas limítrofes del Reino del Norte.
Tenemos dentro a alguien de confianza, una especie de guía, que nos confirmó que no están heridos… al menos por ahora.
Sentí que me faltaba el aire.
Ese “por ahora” era como una astilla que se clavaba más hondo que cualquier confirmación.
—¿Quién los tiene? —pregunté, apenas más que un susurro.
Evelyn miró a Remus, como si necesitara su aprobación para continuar. Él asintió levemente.
—Esto no es fácil de decir… aunque, creo, ya lo veían venir—Hizo una pausa. Luego miró a Edriek—. Tus padres son los que lideran esto.
Silencio.
Podía ver cómo Edriek se lamentaba, incluso no teniendo nada que ver.
Una sola palabra. Una revelación.
Y la sala entera pareció ponerse más fría.
—Están buscando llamar tu atención. Romper la barrera entre los dos mundos —agregó Remus, serio—. Y creemos que tu familia es la llave para forzarte a hacer… lo que ellos quieren.
Me temblaban las manos por miedo, enojo, dolor y sobre todo culpa.
Y una certeza nacía como fuego dentro de mí: Iba a hacer lo que fuera necesario para salvarlos.
—¿Cuál es el plan? —preguntó Dominick, sacándonos a todos de nuestros pensamientos.
En ese momento, Remus sacó un pergamino, bastante antiguo y con polvo, y lo apoyó sobre la mesa:
—Yo me quedaré aquí, por si algo sale mal. El castillo tiene que seguir en pie.
Evelyn va a ir por otro camino, en busca de los viejos leales… gente que hace años prometió protegerte si llegaba este día.
—¿Y nosotros? —preguntó Spencer.
—Ustedes cuatro van a ir directo al Reino del Norte. No tenemos tiempo.
Pero no será fácil —Remus desplegó el pergamino—. Este es el mapa. Todos pueden leerlo, solo necesitan pensar en el camino que quieren que les marque.
Emily, pensá en tu familia y en cómo podés buscarlos. Es muy importante que solo se tenga en mente un objetivo, un lugar. Si bien el mapa tiene energía, también tiene límites.
Apoyé los dedos.
Pensé en ellos.
En su risa, en su olor, en la forma en la que Alex me abrazaba.
Pensé en la seguridad de mi casa.
En lo que significaban para mí.
Y la tinta se iluminó.
Rutas, símbolos, advertencias comenzaron a brillar.
—Cada marca representa un obstáculo —continuó—. Algunos se resolverán con poder. Otros, con confianza. Y otros… con verdades. Deben tener mucho cuidado y confiar ciegamente en los otros.
—Yo los acompaño hasta el pueblo y ahí siguen su camino —agregó Evelyn, como intentando calmarnos.
—¿Están seguros que quieren hacer esto? Entendería si se quieren quedar acá. No es su familia la que está en peligro.
No me enojaba si preferían quedarse.
Pero dentro mío, deseaba que me acompañaran.
Que pelearan conmigo, incluso sabiendo lo que eso requería.
—Emily, vos también sos nuestra familia —dijo Edriek, acercándose—. Y hablo por mí, pero no pienso dejar que hagas esto sola. Menos sabiendo que mis padres son responsables.
—No puedo creer que diga esto pero... estoy de acuerdo con él —añadió Dominick—. Con la parte de que te vamos a acompañar y pelear con vos.
Spencer asintió con determinación:
—Ni pienses que te voy a dejar sola en esto.
No tenía palabras para agradecerles. Pero tampoco las necesitaba.
—Genial. Por la mañana vamos a salir. Los espero en la puerta del colegio.Por favor, intenten pasar desapercibidos. Vayan a sus cuartos, agarren lo más importante y prepárense.
Evelyn nos guió hasta la puerta.
Y no pude evitar sentir que me faltaban cosas por decirle.
Mientras todos se alejaban, yo me quedé ahí, suspendida en el umbral.
—¿Estás bien, Emily? —preguntó con suavidad.
—Sí… solo que… —me di vuelta para mirarla, suspiré y la abracé—. Gracias.
Ella me devolvió el abrazo con más fuerza, sin decirme nada, porque ambas sabíamos que las palabras ya no hacían falta.
Nos despedimos y, cuando la puerta se cerró, respiré hondo. Porque mañana comenzaba el verdadero camino.