Capítulo 24Lo que no puede esperar
Lo que no puede esperar
U nos suaves golpes en la puerta me arrancaron de ese sueño liviano donde todavía podía sentir el calor de su piel sobre la mía.
—Emily… —Era la voz de Spencer, apenas un susurro del otro lado—. ¿Estás ahí?
Abrí los ojos lentamente. Por un segundo no supe dónde estaba. Pero cuando sentí el brazo de Edriek alrededor de mi cintura, el ritmo calmo de su respiración en mi nuca… todo volvió: la noche, el sueño, el miedo, su abrazo. Todo.
—Mierda —murmuré, apenas audible, justo cuando Edriek también empezaba a moverse.
—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja, medio dormido, con esa voz rasposa que me erizaba la piel.
—Spencer está afuera.
—¿Y eso es un problema?
—Sí —le dije, girándome para mirarlo—. No porque me moleste que te vea acá… sino porque, si Spencer está golpeando la puerta a esta hora, algo pasó.
Golpearon otra vez, esta vez con más fuerza.
—Emily, necesito hablar con vos. Es urgente.
Nos miramos, serios ahora. La calma de la noche anterior se disipó como el humo de una vela. Me levanté de golpe, sintiendo que el corazón volvía a latir como si adivinara que lo que venía… no iba a ser bueno.
Abrí la puerta y me encontré con Spencer y Dominick del otro lado. Ambos tenían cara de preocupación.
—¿Qué pasó? —pregunté, con ansiedad.
Edriek se asomó detrás de mí. Dominick lo fulminó con la mirada.
—¿Qué hacés acá? ¿Todavía no te enteraste que no podés estar del lado de las habitaciones de las chicas?
Edriek bufó.
—¿Y qué te hace pensar que vos sí podés estar? Además, las reglas son para todos. Y si Spencer no durmió acá... no te deja muy bien parado, ¿no?
Dominick estaba a punto de responderle, pero Spencer lo frenó con un suspiro.
—Basta, chicos. No importa dónde durmió cada uno. —Después se dirigió a mí—. Emily, Remus y Evelyn nos están esperando. Nos llamaron para una reunión urgente.
—¿A todos?
Spencer asintió.
—Será mejor que se cambien. En diez minutos tenemos que estar en la oficina de Remus.
Asentimos. Ellos se fueron, pero antes de irse, Dominick volvió a lanzarle una mirada de advertencia a Edriek. Sigo sin entender por qué tanta rivalidad entre ellos.
—Algún día me vas a explicar por qué tanta tensión entre ustedes dos —dije, cerrando la puerta.
—No hay mucho que contar. Él no confía en mí por mi familia. Y yo no confío en él por la suya. No creo que eso cambie.
—¿Por qué no confías en su familia?
—Porque antes de que se unieran a tu padre, eran peligrosos.
Hacían lo que querían, sin respetar a nadie.
Cuando los bandos se dividieron, ellos juraron lealtad…
pero yo no creo que después de tanto tiempo actuando por conveniencia, sepan lo que significa la palabra “lealtad”.
Solo están acá porque es lo que más les conviene.
—¿Y si les ofrecen algo mejor?
—No tengo dudas de que nos traicionarían.
No supe qué decir. Si era tan así como él lo describía… ¿Por qué Remus confiaba en ellos?
—Ey —me dijo, al notar mi expresión—. No le des tantas vueltas. Solo tenemos nuestras diferencias. Nada más.
Asentí, todavía insegura.
—Debería irme a cambiar. Nos vemos en un rato, Em.
Se acercó a darme un beso corto en los labios y se dirigió a la puerta. Pero antes de que se fuera, le pregunté:
—¿De verdad creés que están bien?
Frunció el ceño, sin entender del todo.
—Mi familia —aclaré—. ¿Creés que les pasó algo?
—Me gustaría decirte que están más que bien… pero sería mentirte. No lo sé, Em. No sé si están bien o si ya les hicieron algo.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Él lo notó enseguida.
—No sé si están bien… pero eso no quiere decir que no lo vayan a estar, ¿sí? Vamos a encontrarlos. Y te prometo que va a estar todo bien.
Me abrazó fuerte, intentando consolarme, pero a esa altura… no creo que hubiera nada que pudiera hacerlo.
Iba a poder estar tranquila solo cuando supiera con certeza que mi familia está bien.
Al cabo de unos minutos —y de convencer a Edriek de que de verdad estaba bien—, se fue a alistarse. Yo hice lo mismo.
Mientras caminaba por los pasillos, todavía con la cabeza llena de pensamientos, me crucé de frente con Dominick. Parecía estar esperándome.
—Emily —dijo, alzando la mano como si quisiera detenerme sin asustarme—. ¿Podemos hablar un segundo?
Lo miré, dudando. No tenía ganas de hablar con nadie, y mucho menos con él. Pero algo en su expresión… no era el mismo de siempre. No estaba cargado de ironía ni de superioridad. Estaba serio. ¿Culpable, tal vez?
—No sé si tengo muchas ganas de hablar con vos ahora —respondí, sin frenar del todo.
Él caminó a mi lado, bajando la voz.
—Solo quería pedirte disculpas. Por haberte mentido desde el principio. Sé que ya te enteraste de todo... y solo quería que supieras que de verdad lo lamento.
No dije nada. Solo seguí caminando.
—Sé que no confías en mí, y no te culpo. Pero no estoy acá para pelear con vos, ni para demostrarle nada a nadie. Solo... quiero ayudarte. A mi manera, aunque no te guste.
Me detuve un segundo. Lo miré a los ojos. Por primera vez, parecía sincero.
—Agradezco lo que decís. Pero ahora mismo tengo otras prioridades —dije sin dureza, pero con firmeza.
Él asintió, entendiendo que la conversación no iba a ir más lejos.
—Cuando quieras, y estés lista... podemos hablar más tranquilos. Quiero contarte por qué lo hice.
Solo le asentí. Seguimos caminando hasta que nos encontramos con Edriek, apoyado contra la pared, mirándonos en silencio.
—¿Hace mucho que estás ahí? —pregunté, algo incómoda.
—Lo suficiente —respondió, encogiéndose de hombros, sin tono acusador—. ¿Estás bien?
—¿Por qué no iba a estarlo? —saltó Dominick, irónico.
—No te pregunté a vos —le contestó Edriek, sin apartar la vista de mí—. ¿Estás bien?
—No le hice nada para que esté mal. Literalmente solo le pedí disculpas. ¿Cuál es tu problema?
—Todo lo que venga de vos hacia ella es un problema.
Dominick rió, sarcástico.
—Claro. Porque vos solo das soluciones, ¿no?
El ambiente se estaba poniendo cada vez más tenso, y otra vez hablaban de mí como si yo no estuviera ahí. Edriek estaba a punto de responder, pero lo frené:
—Basta. Dejen de pelear por una vez.
Se quedaron en silencio, como dos nenes pequeños a punto de excusarse, pero no los dejé:
—Si de verdad me quieren ayudar como dicen... entonces dejen de pelear. Prométanme que hasta que resolvamos el tema de mi familia, y aparentemente una posible guerra con la tuya —dije, señalando a Edriek—, van a aprender a convivir sin matarse.
—Imposible —contestó Dominick, sin pensarlo—. No me podría llevar bien con él nunca.
Lo fulminé con la mirada.
—No les estoy pidiendo que sean mejores amigos. Solo que convivan sin discusiones. ¿Okey?
Ninguno de los dos decía nada. Solo me miraban, raros.
—¿Okey? —repetí, mirando a Edriek, suplicando con los ojos que diera el primer paso.
Suspiró… y lo hizo.
—Okey. Prometo que, hasta que todo esto termine, voy a intentar llevarme bien con vos.
—Wow… nunca pensé que iba a vivir para ver esto —soltó Dominick, medio en chiste.
Le pegué suave en el brazo para que colaborará.
—Está bien, está bien. Prometo que voy a intentar llevarme bien con vos.
—¿Vieron que no era tan difícil? —dije con media sonrisa.
Ambos me miraron con cara de pocos amigos.
—Los veo adentro —agregó Dominick, y se fue hacia el despacho de Remus. No me había dado cuenta de que ya estábamos en la puerta.
Edriek suspiró, se pasó una mano por la cara y luego me miró.
—Perdón… lo volví a hacer. Juro que intento controlarme, pero no puedo cuando se trata de vos.
—Está bien. Lo entiendo. Solo quiero que esta rivalidad no se convierta en un problema más.
—No lo va a ser. Te lo prometo.
Nos abrazamos.
—¿Listos para enfrentarnos a otra reunión caótica? —dijo con una media sonrisa.
—Nunca lo estamos, ¿no?
—Nunca —coincidió.
Y entramos a la oficina de Remus, con la esperanza —o al menos la ilusión— de que esta vez nos esperaran buenas noticias del otro lado.
Evelyn estaba de pie junto a él, con los brazos cruzados y el rostro más serio que nunca. Spencer ya estaba sentada. Dominick, en una esquina. Estaban todos más tensos que nunca, lo que me hacía desesperar, significaba que las noticias no eran tan positivas como esperaba.
Me senté sin decir nada, con Edriek a mi lado.
—Gracias por venir tan rápido —dijo Remus—. Lo que vamos a contarles ahora… Cambian las reglas del juego.
Nos miramos entre todos, en silencio.
Y fue Evelyn la que lo dijo.
—Sabemos dónde está tu familia, Emily. Pero no están solos.