Capítulo 21El fin del silencio
El fin del silencio
N unca pensé que volver me dejaría más rota de lo que ya estaba.
Creí que ver mi casa me daría paz. Que volver a abrazar a mi familia me ayudaría de algún modo. Necesitaba sentirme normal, amada, querida… aunque fuera solo por un rato.
Solo un rato.
Pero nada fue como lo imaginé. Todo aquello en lo que había depositado la esperanza de encontrar tranquilidad resultó estar lleno de sombras. Las mentiras que creí pequeñas ahora se revelaban mucho más oscuras de lo que jamás imaginé.
Caminaba al lado de Edriek por los pasillos del colegio, pero me sentía a la deriva. Las preguntas me rodeaban como un mar sin fondo, y las respuestas… escasas, esquivas, silenciosas.
Estaba harta.
No habían pasado ni veinticuatro horas desde que le concedí ese margen a Remus, pero ya no importaba. Hoy iba a terminar el juego del silencio.
Hoy, me dijeran lo que me dijeran, iba a ser el día en que todos me dijeran la verdad.
Aunque tuviera que romperlo todo para conseguirlo.
Cuando por fin llegamos a la puerta de su oficina, una voz desconocida me hizo detenerme en seco.
Era una voz dulce, pero firme.
Una que no había estado ahí antes.
Miré a Edriek buscando respuestas en su mirada, pero él también pareció confundido. Frunció el ceño, como si intentara atrapar un recuerdo suelto entre miles. Y entonces lo entendió.
Su rostro se tensó.
—¿Qué pasa? —le pregunté en un susurro.
Pero él no respondió. Solo murmuró algo que apenas alcancé a oír:
—No pensé que ella ya estaría acá.
No entendía a qué se refería… o a quién.
Abrí la puerta, completamente insegura.
Y la vi.
Hablaba tranquilamente con Remus, como si no le molestara que yo estuviera ahí, como si mi presencia no significara nada. Como si… simplemente, no le importara conocerme.
La que se suponía que era mi madre biológica estaba parada frente a mí por primera vez.
Y yo sentía que el mundo se me daba vuelta.
Entre mi familia desaparecida sin explicación, la familia de Edriek que me busca sin razón aparente y, ahora, Evelyn…
Definitivamente, después de esto, me iba a tomar unas vacaciones muy largas.
Evelyn estaba de pie junto a Remus, con una expresión serena… hasta que me vio. Sus ojos se abrieron apenas, y luego se llenaron de algo que no supe nombrar al instante. ¿Nostalgia? ¿Dolor? ¿Amor?
—Emily… —susurró con la voz quebrada.
No hubo tensión. No hubo juicio. Solo un paso hacia mí, tembloroso, como si temiera asustarme. Como si no supiera si tenía derecho a acercarse. Sus manos estaban apretadas contra el pecho, y sus ojos brillaban con lágrimas contenidas.
—Estás tan grande —dijo con una sonrisa que parecía mezclada con años de culpa, mientras me abrazaba con suavidad—. Tan distinta… y tan igual a como te recuerdo.
Sentí un nudo en la garganta. No podía moverme, no sabía si corresponderle el abrazo o no. Me quedé quieta, como si cualquier reacción pudiera romper algo sagrado.
Se separó apenas de mí, con manos temblorosas, y me acarició la mejilla mientras las lágrimas le corrían sin vergüenza por las mejillas.
Pero la magia del momento no duró demasiado.
—No quiero interrumpir este encuentro, pero realmente tenemos que hablar —intervino Remus, con su tono firme de siempre, aunque por primera vez noté un matiz diferente… ¿molestia?
—Mi familia sabe que Emily está acá, entrenando —intervino Edriek enseguida—. Hay que intentar descubrir exactamente qué quieren… y por qué fueron a su casa.
—¿Vos qué hacés acá? —soltó Remus con una dureza que me sorprendió.
—¿Perdón? —Edriek frunció el ceño, dando un paso al frente—. ¿Vos también pensás que tengo algo que ver con todo esto?
—No sería la primera vez que tus lealtades están divididas —espetó Remus, con la voz afilada—. Sos hijo de la misma familia que mandó una advertencia a esta casa. No me vengas con aires de inocencia.
—¡No soy como ellos! —Edriek alzó la voz, sin poder contenerse—. Si estuviera de su lado, ni siquiera te estaría contando lo que pasó. ¡Estaría escondiéndolo, como hacen ellos!
—Y sin embargo, lo sabías —Remus no se movió, pero su tono se volvió más severo—. Sabías que estaban siguiendo a Emily. Sabías del símbolo. Y no dijiste nada hasta que ya era demasiado tarde.
—¡¿Cómo se supone que iba a saberlo?! —replicó Edriek, apretando los puños—. ¡Desde el principio me fui de mi casa para protegerla!
—¿Protegerla? Por favor, si son unos niños…
—¡Basta! —grité, alzando la voz sin siquiera darme cuenta.
Ambos se quedaron quietos, como si mi voz los hubiera detenido en seco. Sentía el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.
—Estoy harta de todos ustedes hablando como si yo no estuviera en esta sala —dije, con las mejillas ardiendo—. ¿Quieren dejar de pelear por un segundo y enfocarse en lo importante? Mi familia no está. Alguien fue a buscarlos. Y yo necesito respuestas. No egos chocando en medio de todo esto.
El silencio que siguió fue incómodo.
Fue Evelyn quien dio un paso al frente, rompiendo la tensión con una calma que parecía envolvernos a todos.
—Tiene razón —dijo, suave pero firme—. No estamos acá para pelearnos entre nosotros. Estamos acá porque Emily corre peligro. Porque este mensaje no fue casual. Y porque, si no dejamos nuestras diferencias de lado, vamos a estar demasiado ocupados discutiendo… mientras ellos se siguen acercando.
Se volvió hacia mí con una sonrisa triste.
—Siento tanto que estés en medio de todo esto, mi amor. Pero te prometo que no vamos a dejar que nadie te toque. No de nuevo.
Sentí el peso de sus palabras como un manto tibio. Edriek bajó la cabeza. Remus desvió la mirada. Nadie dijo nada más durante unos segundos
—Lleve a Emily a ver a su familia, fue ahí cuando vimos que no estaban y el símbolo de mi familia- Agregó Edriek mucho más calmado y mirando solamente a Evelyn
—¿¡Que hiciste que!?- Otra vez Remus se estaba dirigiendo a Edriek de mala gana y gritando—Si vos tenes prohibido hacerlo que te hace pensar que podes hacerlo con ella. ¡Pero vos no pensas en lo que haces?¿En lo que le podría pasar a ella, en el riesgo que la pusiste?
—¿Yo? ¿Yo la puse en riesgo, encerio? Necesitaba un momento con su familia, un momento de paz con personas que si la quieren y no le ocultan las cosas por miedo—Escupió Edriek, otra vez como si no estuviera ahí.
Su odio es mucho más grande que cualquier cosa, incluso del cariño que pueden llegar a tener por mi.
—¡Nosotros somos su familia!-- Gritó Remus señalando a Evelyn también.
—Bueno no se nota que ustedes son su familia
—¡Y vos qué vas a saber de tener una familia! —espetó Remus, sin filtro.
—¡Basta! —volví a gritar, ahora con la voz temblando de rabia—. ¡Dejen de hablar de mí como si fuera un trofeo que tienen que repartirse!
Ambos se callaron de inmediato.
—Estoy acá. Estoy escuchando todo. Y no voy a permitir que usen sus peleas para justificar lo que sea que hicieron conmigo. Estoy cansada de que se echen la culpa entre ustedes mientras yo me lleno de preguntas.
Me di vuelta hacia Remus, todavía con la voz agitada.
—Si te importo tanto como decís, entonces dejá de gritarle a Edriek y empezá a decirme la verdad.
Y después, lo miré a él.
—Y vos… no me pongas en el medio de tu odio. No me uses como excusa para vengarte de lo que te hicieron a vos. No me prometas que vas a protegerme si después te importa más ganar una pelea que entenderme.
Edriek apretó los labios y vi en su mirada como me pedía disculpas por cómo reaccionó, las cosas que dijo, las cosas que me hizo sentir. Remus no dijo nada, solo se quedó mirándome como si recién ahí me estuviera viendo de verdad.
Fue Evelyn quien se acercó, despacio, y me tomó las manos con cuidado.
—Tenés razón —dijo en un susurro, con los ojos húmedos—.
Te merecés la verdad. Y también te merecés respeto.
De todos. Esto no tiene que ser otra guerra para vos.
Vamos a contarte todo, pero primero quiero que sepas algo: lamento profundamente no haber estado en tu vida.
Y no hay un solo día en el que no haya pensado en vos.
Me acarició la mejilla con ternura.
—Vamos a cuidarte, Emily. Todos los que estamos acá, aunque no sepamos hacerlo de la mejor manera. Pero nadie más va a decidir por vos. Te lo prometo.
Sentí que algo dentro de mí se aflojaba. Por primera vez… alguien me estaba hablando como si realmente importara lo que yo sentía.
No paraba de preguntarme por qué tardó tanto en aparecer en mi vida Evelyn, era la única que parecía entenderme realmente, la única que sabía que me merecía la verdad.