Eco de los cuatro elementos Capítulo 19Mi droga, mi abismo
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Capítulo 19Mi droga, mi abismo

Mi droga, mi abismo

Edriek

—¿Eso es lo que te demuestro? —pregunté, bajando aún más la voz.

Mi voz se quebró con ella. Como si sus palabras hubieran abierto algo en mí. Un eco, un reflejo… algo que no supe frenar.

Y entonces la besé.

Ella no respondió al instante, como si todavía no pudiera creer lo que estaba haciendo.

Porque ni yo sabía lo que estaba haciendo.

Solo sabía que durante años contuve ese impulso. Lo escondí bajo silencios, peleas, excusas.

Lo enterré con todo lo que me obligué a callar.

Pero en ese instante, ya no pude más.

La besé con todo el miedo que había sentido por perderla.

Con toda la rabia que me tragué al verla tan lejos de mí.

Con todos los “te quiero” que nunca dije.

Con cada mirada que duraba un segundo más de lo que debía.

Con cada noche que soñé con esto… para después despertarme sabiendo que no podía ser.

Y sin embargo, ahí estaba ella.

Con los ojos cerrados.

Con la respiración temblando.

Dejándome entrar.

Su boca tembló contra la mía y sentí que algo dentro de mí se rompía.

Y al mismo tiempo, algo nacía.

Porque en ese beso entendí que ya no había vuelta atrás.

Que si alguna vez había creído que podía alejarme de ella… me había estado mintiendo.

Emily era eso que no sabía que necesitaba.

Lo inevitable.

Mi droga.

Mi abismo.

Mi única salvación.

—Perdón por tardar tanto —le dije, mirándola a los ojos.

—Valió la pena la espera —susurró, y rodeó mi cuello con los brazos, atrayéndome para darme un beso corto.

Podría acostumbrarme a esto.

A su cercanía.

A su contacto.

A la paz que sentía teniéndola así.

—Solo si nunca más me haces esperar así.

Solté una risa suave y la acerqué más. Como si no fuera suficiente lo cerca que estábamos.

—Ya no te vas a librar tan fácil de mí.

—Eso espero —murmuró antes de besarme otra vez.

Fue un beso distinto.

Tierno, sincero, lleno de lo que no habíamos dicho hasta ahora.

Y en ese instante, supe que ya no estábamos jugando con fuego.

Éramos fuego.

Y estábamos dispuestos a arder juntos.

El beso se volvió más desesperado con cada segundo.

Más hambriento de todo lo que en este tiempo no hicimos.

Mis manos seguían aferradas a su cintura, como si soltarla me quemara.

Sus dedos descendieron por mi espalda, recorriéndome como si descubriera un lugar que siempre había sido suyo.

Mi piel se encendió con su contacto.

Como si me hubiera estado esperando desde siempre.

No dijimos nada.

No hacía falta.

Cada caricia hablaba por nosotros.

No sabíamos qué vendría después.

Pero en ese instante, solo existía ella.

Solo existíamos nosotros.

Nos separamos por falta de aire. Apoyé mi frente contra la suya.

Sus labios estaban rojos por la intensidad del beso, y me dieron ganas de que ese fuera su color natural.

—Odio pensar que cuando volvamos vamos a tener que seguir fingiendo que no nos pasa nada —murmuró. Su voz sonaba dolida. Y odié eso. Odié que se sintiera así.

Le levanté la cara con una mano y le besé la comisura de los labios.

—Entonces no volvamos. No ahora.

Su expresión se llenó de sorpresa, y supe que no entendía del todo a qué me refería, así que seguí:

—Podemos ir a cualquier parte. Solo un rato. Vos y yo.

Al principio pareció confundida. Había dudas en sus ojos.

Pero después, algo cambió. Se le iluminó la mirada.

Nunca me cansaría de eso.

De cómo se le iluminan los ojos.

—¿Qué se te ocurrió? —pregunté divertido.

—¿Cómo sabés que estaba pensando en algo?

—Porque te brillaron los ojos. Ahora decime… ¿a dónde querías ir?

—Estaba pensando en volver un rato a casa. Sé que es una locura y no hace falta que digas que sí. Solo era una idea, lo…

No la dejé terminar. Le robé un beso corto. Me daba tanta ternura cuando hablaba rápido por nervios.

—No es una locura. Si querés volver un rato… hagámoslo —le dije, acariciándole la mejilla.

Sus ojos brillaron aún más.

En ese momento me prometí que siempre intentaría mantener ese brillo único, que la caracteriza.

—¿Estás lista?