Eco de los cuatro elementos Capítulo 16El precio del saber
45%

Capítulo 16El precio del saber

El precio del saber

D esde que Remus cerró el libro de golpe delante nuestro y dijo “no están listas para saber” , algo se rompió dentro de mí, porque yo si estaba lista.

Pero él no quería que lo estuviera. Y eso me enojaba y entristecía a partes iguales.

Después de eso, Remus nos sacó el castigo— y el libro— y nos prohibió volver a esa parte del colegio.

Cuando estábamos volviendo a nuestra habitación, completamente calladas por estar pensando en todo lo que pasó…

—Eso no era una advertencia —dije en voz baja.

Spencer me miró con el ceño fruncido, como si no entendiera de qué estaba hablando.

—¿Qué cosa?

—La profecía. No era una advertencia. Era una elección.

—No sé, Em… ¿estás segura? Para mí fue todo muy raro. Lo que decía el libro, la reacción de Remus.

—Lo sé. No entiendo por qué reaccionó así, lo que me hace pensar que ese libro tiene más información de la que creemos.

—No sé por qué tengo la sensación de que se te están ocurriendo muchas cosas —dijo Spencer, entre graciosa y preocupada.

Le sonreí de lado, pero no respondí enseguida.

Porque sí. Se me estaban ocurriendo muchas cosas.

—Solo creo que… si ese libro llegó a nosotras, fue por algo —dije mientras entrábamos a la habitación.

—O por alguien —agregó Spencer, alzando una ceja.

—¿A qué te referís?

—Creo que no es casualidad que justo cuando tocaste la repisa, el libro apareció. Como si…

No hizo falta que terminara para entender a qué se refería.

—Me perteneciera —concluí. Spencer me miró y asintió despacio.

—¿Es muy loco pensar que el libro te pertenece?

—No, porque yo también lo pensé… y lo sentí.

—¿Y ahora qué vamos a hacer?

—Pienso buscar una respuesta, cueste lo que cueste. Y tengo a la persona perfecta para hacerlo.

Estaba a punto de salir de la habitación cuando Spencer me frenó con una mano.

—¿Vas a ir con Edriek?

—Sí —respondí sin dudar.

Spencer no dijo nada más. Solo me sostuvo la mirada por un segundo antes de asentir.

Caminé por los pasillos del colegio con el corazón latiéndome fuerte en el pecho. No sabía exactamente qué le iba a decir, pero sí sabía que lo necesitaba. Él tenía que saber algo de ese libro.

Llegué a la parte de los chicos, completamente nerviosa porque no debería estar ahí. Estuve como cinco minutos, que fueron los más largos de mi vida, buscando cual era su habitación- al lado de cada puerta están los nombres-

Golpeé dos veces la puerta de su habitación y esperé, bastante ansiosa de que nadie me vea.

Nada.

Golpeé otra vez, más fuerte. Esta vez escuché un murmullo del otro lado y el sonido leve de una silla moviéndose.

La puerta se abrió apenas. Edriek estaba despeinado, con cara de sueño…. que enseguida se le cambió a una de preocupación por verme ahí.

—Emily —dijo mi nombre en voz baja—¿Qué haces acá?

—Necesito hablar con vos —dije sin rodeos.

Me hizo un gesto para que entrara. El cuarto estaba en penumbras, iluminado solo por unas velas encendidas sobre su escritorio. Lo noté tenso, como si hubiera estado pensando demasiado.

—Perdón por molestarte, encima estabas durmiendo... —empecé a decir, ya arrepintiéndome de haber ido—. Mejor me voy. Te dejo seguir durmiendo, perdón...

Los nervios que sentía al estar en su habitación, en su espacio.

—Emily, tranquila no pasa nada—Dijo agarrandome el brazo—¿Qué pasó?

— Nos castigaron y tuvimos que ir a la biblioteca más lejana que hay en todo el colegio, y limpiando encontré un libro con algo escrito, bueno mejor dicho el libro me encontró a mi, pero no importa, vino Remus lo vio nos retó y estoy aca para hablar de ese libro extraño

Cuando terminó de decir todo más rápido que nunca, el solo me miraba con cara de no haber entendido nada de lo que le dije

—Dejame ver si entendí—dijo Edriek, alzando una ceja mientras trataba de seguir el torbellino de palabras que le había largado —¿Encontraste un libro… raro, con una profecía… y Remus las encontró y se puso como loco?

Asentí, mordiendo el interior de mi mejilla.

—No se puso como loco. Se asustó. Y eso es peor.

Edriek desvió la mirada, como si mi frase le hubiera dado justo en el centro de algo que no quería enfrentar. Caminó hasta el escritorio, se apoyó contra él y cruzó los brazos.

—¿Qué decía el libro? —preguntó con la voz más baja.

—No me acuerdo todo… pero hablaba de una decisión que puede romper un ciclo. De un poder que no todos entienden. Y decía algo sobre “el reflejo que guarde su memoria sabrá cómo detenerla”.

Sus ojos se clavaron en los míos. No dijo nada por un segundo demasiado largo.

— ¿Qué? ¿Sabés algo?

— No.

— Edriek.

— No lo sé todo, Emily. Pero… sé que ese libro no aparece por casualidad. Y mucho menos frente a vos.

— Entonces ¿Por qué me eligió a mí? ¿Por qué apareció? Deberías haber visto cómo fue que lo encontré

— No es que te eligió —dijo, con una seriedad que me heló la piel— es que te pertenece

— ¿Qué? ¿Como?

—Está todo en vos y en el libro. En tu primer recuerdo. El verdadero. No el que creés recordar. El que te borraron.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

—¿Cómo encuentro algo que me borraron?

—Yo te puedo ayudar. Pero solo si confías en mí.

—Siempre confié en vos —dije. Y no era del todo verdad. Pero quería que lo fuera.

— ¿Estás segura de que quieres hacer esto? Una vez que sepas todo, ya no hay marcha atrás, Em.

Me acerqué a él, hasta que solo un suspiro nos separaba.

—No quiero volver a lo de antes. Quiero saber todo.

Edriek me miró con una luz en sus ojos que no supe qué significaba.

—Antes de que veas tus recuerdos, deberías saber de qué es ese libro.

—¿No era que no sabías?

—Nunca lo leí en su totalidad, solo se de la leyenda que habla, que es prácticamente lo que leíste vos.

— ¿Y de qué leyenda habla?-- pregunté, con el corazón empezando a latir más fuerte.

—De un linaje olvidado. Uno que se creía extinto. La leyenda dice que cada mil años aparece una persona elegida sabiamente con el don más poderoso que existe, de controlar los cuatro elementos. Se cree que esta persona iba a ser capaz de romper la barrera de los mundos o reforzarla.

—¿Esa persona soy yo?

Edriek no respondió enseguida. Solo me miró.

—Yo creo que sí pero eso es lo que vamos a averiguar —dijo al fin, en voz baja.

Y en su mirada vi algo que me asustó más que cualquier respuesta: certeza.

Sentí el corazón retumbarme en el pecho, descubrir la verdad no había estado tan cerca y si bien era lo que más quería, me asustaba a partes iguales.

—¿Y si no puedo con esto? —susurré, sin saber si le hablaba a él o a mí misma.

Edriek se acercó, me levantó la cara con delicadeza y me dijo:

—Vos podés. No estás sola —como si fuera una promesa.

Cerré los ojos mientras apoyábamos nuestras frentes, y le tomaba las manos.

—Gracias por confiar en mí y ayudarme con todo esto —dije, mirándolo a los ojos.

Pero él se alejó apenas dije eso.

—No me agradezcas… todavía no.

—¿Por qué? Sos de las únicas personas que me dicen algo, que por lo menos me ayudan a entender —insistí, intentando acercarme, pero él seguía tomando distancia.

— Hay muchas cosas que todavía no sabés. Solo no quiero que me agradezcas… porque capaz, cuando sepas todo, ya no me mires como lo hacés ahora.

Me quedé quieta. Con el corazón encogido.

No era una advertencia. Era casi una confesión.

—Entonces decime —susurré—. Lo que sepas. Lo que sea.

Edriek bajó la mirada. Se lo notaba más dolido que antes.

—No puedo decirte todo, Emily. Pero sí puedo ayudarte a empezar a conocer un poco más de tu historia, como la otra vez.

Me estaba por acercar de nuevo, cuando agregó:

—Creo que es momento de que hables con Remus sobre el libro. Yo voy a contarte algunas cosas… pero muchas otras, las tenés que escuchar de él.

Me quedé congelada en mi lugar.

Obvio que quería hablar con Remus. Lo único que estaba esperando… era el momento perfecto para que no se diera cuenta de que, en realidad, yo ya sabía más de lo que él creía.

Justo entonces, alguien golpeó la puerta.

Ambos nos sobresaltamos. Edriek reaccionó primero y caminó hacia la entrada.

—¿Esperás a alguien? —le pregunté en un susurro.

—No —dijo, sin mirarme. Su voz sonaba tensa.

Se acercó con cautela y abrió apenas, dejando solo ver una rendija. Desde donde estaba no podía ver quién era, pero lo supe apenas escuché la voz del otro lado:

—¿Estás con alguien? ¿Acaso estoy interrumpiendo algo importante ?

La voz de Dominick era tranquila, pero cada palabra llevaba un peso envenenado. Como si ya supiera que yo estaba ahí. Como si disfrutara la incomodidad.

—¿Emily sabe que estás con alguien más? No creo que le guste enterarse… a menos que ese alguien sea ella.

¿Qué le pasaba? No era la misma persona que solía reírse conmigo en el jardín o compartirme galletas después de clase.

Edriek salió un poco, cerrando más la puerta detrás de sí.

—No estoy con nadie. Y aunque lo estuviera, no sería de tu incumbencia. ¿Qué querés?

—Solo venía a recordarte que el proyecto no es solo tuyo. Lo tenemos que hacer juntos —respondió Dominick con falsa cordialidad, pero su tono tenía filo.

Mi respiración se cortó. Me alejé un paso de la puerta, sintiendo que el corazón me latía en la garganta.

¿Qué proyecto? ¿Y por qué sonaba más a amenaza que a tarea?

—Volvé a tu habitación —respondió Edriek, seco.

Hubo una pausa larga.

—¿Seguro? Porque si necesitás ayuda con algo… o con alguien … ya sabés que podés contar conmigo —dijo, arrastrando las palabras como quien deja un veneno lento.

Edriek no respondió. Solo lo miró fijo, como si contuviera algo. Finalmente, escuchamos los pasos de Dominick alejándose lentamente.

Edriek cerró la puerta despacio, como si no quisiera hacer ruido.

Cuando se dio vuelta, yo seguía en el mismo lugar, sin saber qué decir.

—¿Creés que nos escuchó? —pregunté en voz baja. --¿De qué proyecto hablaba?

—No lo sé. Esperemos que no haya escuchado nada —respondió él, frotándose la cara con las manos—. Pero si sospecha, no va a parar hasta averiguar qué está pasando.

—No me respondiste. ¿De qué proyecto hablaba?

Edriek se me quedó mirando.

—Es una tarea que nos mandó un profesor.

Una excusa demasiado conveniente. Justo con Dominick. Justo cuando yo no estaba.

—¿Una tarea? ¿De qué profesor? ¿Y por qué solo a ustedes?

—Emily… son muchas preguntas juntas —dijo, dejándose caer en la silla, como si el cuerpo le pesara. -- Nos la dio el profesor de Cartografía Espectral. Cuando te mandaron a dirección por estar hablando.

Entrecerré los ojos. Dudando si creerle o no.

—Hablando de eso… ¿le confesaste tu amor por mí a Spencer? —dijo de pronto, con una sonrisa apenas levantada.

—Primero: ¿qué hacés escuchando conversaciones ajenas? Segundo: ¿qué te hace pensar que hablábamos de vos?

Era más que obvio, pero no iba a dárselo tan fácil.

Él solo se rió, con esa risa baja que hacía que todo pareciera menos grave.

—Tercero —dije, conteniendo una sonrisa—: volvamos a lo importante. ¿Cómo hago para irme sin que Dominick me cruce en el pasillo?

La sonrisa de Edriek se borró.

—No creo que sea buena idea que salgas ahora. Él no se va a quedar tranquilo. Podría estar vigilando desde algún rincón, y no quiero que te pase nada.

—¿Y entonces? ¿Me quedo acá para siempre?

Él se levantó y fue hasta un pequeño cajón en el escritorio. Sacó algo que parecía una piedra pulida, con un símbolo tallado en el centro, como una especie de ojo.

—No para siempre. Solo hasta que estemos seguros. Pero, por si necesitás salir antes…

Me extendió la piedra.

—Esto es un silenciador de energía. Si lo activas, durante unos minutos nadie va a percibir tu presencia mágica. Ni siquiera Dominick. No te vuelve invisible, pero ayuda a pasar desapercibida.

La tomé con cuidado. Estaba fría.

—¿Y cómo lo activo?

—Solo pensá en desaparecer. Literalmente. Tocá el símbolo y concéntrate. Pero usalo solo si es necesario, ¿sí?

Asentí, guardándola en el bolsillo.

—Gracias, Edriek.

Él volvió a mirarme. Esa mirada que siempre tenía algo de culpa, de promesa y de ternura.

—Por ahora, quédate acá. Hasta que nos aseguremos de que no haya nadie despierto.

—Pero eso no es hasta altas horas de la madrugada —protesté en un susurro. Ya estaba agotada, y la idea de quedarme encerrada toda la noche me angustiaba.

Edriek se acercó, esta vez más cerca que antes. Su presencia tenía ese efecto extraño: me calmaba y me inquietaba al mismo tiempo.

—Lo sé. Pero prefiero que estés a salvo —dijo con suavidad, casi como si me pidiera perdón sin decirlo—. Si necesitás salir antes, usá la piedra que te di. Ya sabés cómo funciona. Pero esperá al menos media hora. Voy a dar un par de vueltas, asegurarme de que nadie esté rondando.

Asentí, aunque la idea de quedarme ahí, sola, mientras él se enfrentaba a lo que fuera que estuvieran escondiendo, me revolvía el estómago.

—¿Y vos dónde vas a estar?

—Cerca —respondió sin dudar.

Quise creerle. Quise aferrarme a esa promesa, como si fuera suficiente para no tener miedo.

Cuando se acercó a abrir la puerta, dudó. Se giró una vez más.

—Emily… —dijo, con la voz más baja que nunca—. Espérame ¿Sí? no te vayas hasta que no esté de vuelta.

Y antes de que pudiera preguntarle a qué se refería, se fue.

La puerta se cerró con un suave clic, y el silencio me envolvió como una manta demasiado pesada.

Me senté en el borde de la cama, con la piedra entre las manos, mirando el símbolo tallado en su superficie.

Tal vez no podía confiar del todo en Edriek. Tal vez él también me ocultaba cosas.

Pero aun así, cada vez que se iba, una parte de mí se quedaba deseando que volviera.