Capítulo 15Fuego bajo el agua
Fuego bajo el agua
S i bien con Edriek seguíamos sin hablar cuando había gente alrededor, había algo distinto en el aire, una energía nueva que flotaba entre nosotros.
Una mirada que duraba un poco más de lo socialmente aceptado.
Un roce de manos al pasar un libro.
Un silencio lleno de cosas no dichas.
Las clases habían retomado su curso como si nada hubiese pasado.
Como si yo no me hubiese desmayado.
Como si no hubiera descubierto una sala oculta llena de secretos familiares, ni sentido el peso de todo un linaje sobre mis hombros.
En Habilidades Fundamentales, Eliza me hacía entrenar el doble. Sabía perfectamente que necesitaba esa exigencia, pero no me quejaba. Al contrario, me ayudaba a no pensar.
El problema era Teoría Elemental.
Spencer y yo ya no éramos pareja en esa clase. Por “rotación”, ahora me tocaba con una chica que no hablaba mucho, y Edriek… bueno, él entrenaba con Sarah.
Una nueva de cuarto año, con sonrisa fácil y confianza peligrosa.
Sarah tenía una forma bastante poco sutil de demostrar que le gustaba. Estaba todo el tiempo demasiado... cerca.
Aunque sabía que él no iba a hacer nada, el simple hecho de verla tan cerca de Edriek me hervía la sangre.
Y si bien no somos nada, sí hay un “nosotros”.
Y eso lo cambia todo.
Estuve bastante tiempo tratando de contenerme. Intercambiaba miradas con Spencer, que entendía de dónde venía mi mal humor y un poco lo compartía por mi.
Cada tanto, nos mirábamos con Edriek, y aunque me dejaba bien en claro —solo con mirarme— que no le hacía ninguna gracia trabajar con ella, también me daba a entender que le divertía que yo estuviera celosa.
Pero la última vez fue demasiado.
Estábamos haciendo un ejercicio de conexión mágica y teníamos que mostrar lo que habíamos practicado durante la clase. Lo intenté, juro que lo hice.
Pero cuando vi que ella lo tocaba demás, que le agarraba la mano e incluso lo abrazaba antes de hacer el ejercicio… no pude contenerme.
Terminaron el ejercicio y vi como ella tuvo la intención de acercarse a él otra vez pero mi enojo me ganó y sin querer —o quizás sí queriendo—, una ráfaga de viento la levantó del suelo y la lanzó hacia el otro lado de la habitación, bien lejos de Edriek.
Se escucharon un par de risas, aunque nadie entendía muy bien quién lo había provocado.
Edriek me miró con una sonrisa cómplice.
Después de eso la clase terminó y como casi siempre yo me quede guardando mis cosas hasta que todos se fueran, cuando salí del aula empecé a caminar para mi otra clase pero algo me agarró de la mano y me tiró a un pasillo oscuro que ni siquiera sabía que existía.
—No sabía que eras tan celosa —dijo una voz familiar cerca de mi oído, mientras me empujaba suavemente contra la pared del pasillo.
—No sabía que te gustaban las chicas que te abrazan cada cinco segundos —le respondí, intentando sonar firme, aunque tenía el corazón a punto de explotar.
—¿Te molesta? —preguntó con una sonrisa que pude ver incluso en la penumbra.
—¿A vos te molesta que me moleste? —disparé de vuelta.
Durante un segundo, ninguno dijo nada. Solo nuestras respiraciones se mezclaban en ese espacio cerrado y oscuro.
Pude sentir su mano todavía en mi cintura. Firme. Tibia. Intencional.
—No te lo voy a negar… me gusta verte celosa —admitió con tranquilidad y cierta gracia. Demasiada para mi gusto.
—¿Y te parece gracioso? Capaz debería probar estar así de cerca con alguien, a ver si no te pasa nada.
—No me da celos verte cerca de alguien más —dijo, dando un paso más cerca. A este punto creo que dejé de respirar—. Y no, no me parece gracioso. Me parece real. Me gusta cuando no actuás como si no pasara nada entre nosotros.
—¿Y qué hay entre nosotros? —pregunté, más suave de lo que hubiese querido.
—Lo que vos quieras que haya —susurró, demasiado cerca de mí. Podía sentir su respiración mezclarse con la mía.
Mi cuerpo estaba completamente paralizado, pero no por miedo. Era otra cosa. La simple idea de pensar que podía llegar a besarme a esa corta distancia me generaba algo eléctrico por todo el cuerpo.
Quise decir algo, cualquier cosa que cortará la tensión, pero en lugar de eso, fue él quien se alejó a medio paso, como si recordara de golpe dónde estábamos.
—Deberíamos ir a clase —dijo, todavía con su mano en mi cintura.
—Sí. Supongo que sí —respondí con un suspiro. No había pasado nada, pero igual necesitaba recomponerme después de tenerlo tan cerca.
—Y tratá de no lanzar gente contra las paredes la próxima vez —añadió, guiñándome un ojo antes de desaparecer.
Me quedé ahí unos segundos, con la respiración agitada y el estómago revuelto.
Lo odiaba.
Y al mismo tiempo, me gustaba demasiado.
Cuando me recuperé, salí de donde estaba para dirigirme a mi próxima clase.
—¡Por fin te encuentro! ¿Dónde te habías metido? —me sobresalté por el susto que me dio Spencer—. Bueno, no importa, tenemos que ir a clase o vamos a llegar tarde.
No me dio ni tiempo de responder. Enseguida llegamos al aula, donde nos esperaba Cartografía Espectral , una materia demasiado aburrida . Nos pasábamos las horas escuchando al profesor mostrar fotos de mapas y explicarnos cómo funcionaban los flujos de energía y portales.
Por suerte, me sentaba en el fondo con Spencer.
—¿Podemos hablar de lo aburrida que es esta clase? —susurró Spencer solo para que yo la escuchara.
—Ni me lo digas. Ah antes de que me olvide… después te tengo que contar un par de cosas.
—¿Qué cosas? —preguntó con curiosidad, y luego añadió, emocionada—: ¿¡Me vas a confesar por fin tu amor sobre ya sabemos quién !?
—¡Shhh! No grites, que te va a escuchar. Aparte, no sé de qué estás hablando.
—Mhm… intenta disimular lo que quieras pero no es suficiente. Créeme, lo sé.
—¿Ah, sí? ¿Y vos cómo sabés tanto? ¿Quién es el afortunado? —dije, cambiando el foco con una sonrisa cómplice.
—Emily y Spencer, si no dejan de hablar, van a seguir la conversación en la oficina del director —interrumpió el profesor, bastante molesto.
No le dimos mucha importancia. Yo tenía que saber a quién le gustaba Spencer.
—¿Es Dominick? —le pregunté con curiosidad.
—Sí, pero no se lo digas a nadie, por favor —sonrió, un poco avergonzada.
—No lo puedo creer… o sea, sí, porque lo intuía, ¡pero wow! ¿Hace cuánto?
—Más o menos desde que lo conozco.
—¡Se terminó! Las dos, a la oficina del director. ¡Ahora! —gritó el profesor, y esta vez, supimos que no estaba bromeando.
Spencer y yo nos miramos con resignación.
—Bueno… supongo que es nuestra señal para convertirnos en alumnas modelo —dije, intentando sonar seria, aunque no funcionó porque nos reímos en silencio.
Salimos del aula entre alguna que otra risa y murmuritos.
— Bueno me estabas contando todo sobre tu amor hacia Dominick. ¿Desde cuando dijiste que te gusta?
Spencer suspiró como si se quisiera quitar un peso de encima.
—Desde siempre. Desde que apareció por primera vez con esa cara de misterio y esa sonrisa de “sé cosas que nadie más sabe” - Lo último lo dijo imitandolo a lo que la dos nos reímos.
—Ay, no —dije, llevándome una mano al pecho—. ¿Sos de las que caen por los chicos misteriosos con traumas?
—No. Soy de las que caen por chicos lindos que además son inteligentes y tienen una voz grave. El trauma es solo un bonus.
Nos reímos, bajando un poco el tono mientras caminábamos por los pasillos vacíos.
Justo antes de llegar a la oficina del director, Spencer se detuvo.
—¿Y vos? —me miró de reojo—. ¿Hace cuánto te gusta Edriek?
Me quedé en silencio... me agarró desprevenida.
—No sé si me gusta —respondí, más para mí que para ella—. Pero cuando lo tengo cerca... no puedo pensar en otra cosa.
Spencer sonrió como si ya supiera la respuesta.
—Entonces sí. Estás frita.
Antes de que pudiera responderle, se abrió una puerta a nuestra izquierda. Una que no habíamos visto nunca.
Nos miramos.
—¿Eso estaba ahí antes?
—mmm no —dije, ya caminando hacia la puerta—. Y eso es lo interesante.
—¿Vamos a la dirección o...?
—Ya estamos en problemas. ¿Qué más da uno más?
Estaba por apoyar la mano en el picaporte cuando una voz nos congeló.
—¿Qué hacen por acá?
Era Remus.
Las dos nos quedamos completamente quietas. Spencer me miró con los ojos bien abiertos y yo le devolví la misma mirada: ¿Qué hacemos ahora?
Nos dimos vuelta despacio, como si el tiempo se hubiera estirado a propósito para hacernos sufrir.
—Estábamos... explorando —dijo Spencer con una sonrisa forzada, claramente improvisando.
—¿Explorando? —Remus entrecerró los ojos, cruzándose de brazos—. ¿No tendrían que estar en Cartografía Espectral?
—Nos mandaron a la dirección —me apuré a agregar, como si eso solucionara algo.
Remus suspiró, se llevó una mano a la sien y después dijo:
—Bueno, entonces pasemos.
Entramos a su despacho y nos sentamos frente a su escritorio.
—¿Qué hicieron para terminar acá?
Fue así como empezamos a contarle lo que había pasado en clase y el motivo por el que el profesor básicamente nos había echado.
—¿Están acá por hablar en clase? —repitió, cruzándose de brazos—. Espero que, por lo menos, haya sido una conversación valiosa.
Nos reímos, nerviosas. Él nos miró en silencio un momento, como si supiera exactamente de qué hablábamos. Entonces se inclinó hacia adelante.
—El castigo no va a ser tan grave —dijo con una media sonrisa—. Pero no va a ser solo limpiar la biblioteca.
Nos miramos, confundidas.
—Van a ir al cuarto piso, ala norte. Hay una sección cerrada al público que necesito que clasifiquen. Están buscando un libro en especial. Tiene una tapa negra con detalles dorados, sin título. Me lo traen si lo encuentran.
—¿Eso es parte del castigo?
—Es una tarea... educativa —dijo, y sus ojos brillaron un segundo con algo que no supe identificar—. Y no le digan a nadie.
—¿Qué tiene de especial ese libro?
—Si lo encuentran, lo sabrán.
Así fue como, después de que nos dijera nuestro castigo, nos dirigimos al ala norte a cumplirlo.
Tardamos un poco en llegar porque es una de las alas más lejanas de todo lo otro, y no era precisamente fácil de ubicar. Ninguna de las dos había estado ahí antes. El aire era más frío, el silencio más denso, como si incluso el tiempo caminara más lento por esos pasillos.
—¿Seguro que esto sigue siendo parte del colegio? —susurró Spencer, apretándose el abrigo.
La biblioteca del ala norte no tenía nada que ver con la que solíamos usar. Las estanterías eran más altas, de madera oscura y crujiente, y había una fina capa de polvo en casi todo. Algunas lámparas titilaban como si la magia que las sostenía ya no fuera estable.
—Bueno… a trabajar —dije, intentando sonar más segura de lo que me sentía.
Pasamos más de media hora limpiando, acomodando libros por orden alfabético y descartando los que estaban muy dañados. Todo parecía normal, hasta que Spencer se detuvo frente a una estantería al fondo, donde las sombras parecían más densas.
—Emily… vení a ver esto.
Me acerqué. Entre dos libros encastrados, había un espacio apenas visible, como si uno faltara.
Cuando lo toqué, el estante entero se corrió con un quejido profundo y polvoriento, revelando una especie de compartimiento oculto.
Dentro, perfectamente alineado en una repisa de piedra, había un solo libro.
Tapa negra. Detalles dorados. Sin título.
—No puede ser —susurré.
Spencer lo agarró con cuidado.
—Está... caliente.
En cuanto mis dedos tocaron la cubierta por completo, una ráfaga de aire salió del hueco, como un suspiro contenido por años.
—¿Y ahora qué hacemos?
—¿Lo abrimos?
Nos miramos. Spencer sonrió con ese brillo en los ojos que siempre aparece antes de una mala idea.
—Solo una ojeadita —dijo.
Y yo, por supuesto, no dije que no.
Las hojas estaban amarillentas, algunas medio quemadas en los bordes. Pero lo que nos detuvo fue un fragmento en el centro del libro, rodeado por anotaciones ilegibles en tinta roja. El texto estaba escrito en un estilo antiguo, casi poético, pero claro. Demasiado claro.
Leí en voz baja, sin poder evitar que la voz me temblara un poco.
“Dicen que cuando el equilibrio de los cuatro elementos se vea amenazado por la oscuridad nacida del linaje,
una herencia dormida despertará en la sangre de la heredera silenciada.
Su alma será fuego bajo el agua, y en ella se abrirán los caminos que muchos han sellado con miedo.
Si el corazón guía su poder, el mundo será testigo de una nueva armonía.
Pero si la sombra lo corrompe, incluso los cimientos de la magia caerán.
El Vínculo de la Llama no podrá romperse sin consecuencia.
Solo el reflejo que guarde su memoria sabrá cómo detenerla... o liberarla.
Y cuando las marcas ocultas vuelvan a arder, nada volverá a ser como antes.”
Al terminar, se hizo un silencio denso. Spencer me miró sin decir nada durante unos segundos.
—¿Vos también… lo sentiste? —preguntó al fin, más bajito.
Asentí despacio. Había sentido un tirón en el pecho, como un eco que vibraba desde adentro. Una presión leve en la frente, como cuando estás a punto de recordar algo que no sabías que habías olvidado.
—”Fuego bajo el agua”… —repitió Spencer—. ¿No te suena demasiado parecido a…?
—Sí. A mí.
—Y lo de “la heredera silenciada”... ¿será por tu familia?-- No dije nada, no sabía ni que pensar —¿Y si esto es… una profecía? ¿O una advertencia?
—¿Y si Edriek sabía de esto? —susurré, más para mí que para ella.
Spencer se incorporó de golpe.
—Remus. Remus tiene que saber de esto. Seguro este libro no está acá por casualidad.
Pero antes de que pudiéramos decidir si llevarnos el libro o no, escuchamos pasos.
Alguien venía por el pasillo.
Y no era cualquiera.
—¿Qué están haciendo con eso? —La voz de Remus retumbó antes de que su figura apareciera desde las sombras, seria, demasiado serio
Nos giramos lentamente,
—Ese no es el libro que les pedí que buscaran.
el libro todavía abierto entre mis manos.
Yo no sabía si esconderlo o sostenerlo más fuerte.