Capítulo 5Sonrisas Disfrazadas
Sonrisas Disfrazadas
Y a habíamos vuelto a casa y me encontraba en mi habitación a punto de cambiarme cuando mi celular comenzó a sonar.
—¿Hola? ¿Pasó algo?
—Hola... Necesito tu ayuda urgente —dijo Sean, con un tono de voz que me preocupó de inmediato.
—¿Dónde estás, Sean? —pregunté, inquieta.
—En mi casa. Cuando llegues, entrá directo. No voy a poder abrirte.
Cada vez me asustaba más, así que tomé mi abrigo sin pensarlo dos veces, fui a avisarle a mamá que Sean me necesitaba y, por suerte, no puso objeciones. Salí casi corriendo. Por suerte, vivíamos cerca, así que no tardé en llegar.
Al estar frente a la puerta, no lo dudé: entré directamente buscando a Sean, pero para mi sorpresa, todo estaba oscuro y silencioso. No parecía haber nadie… hasta que escuché un grito colectivo.
—¡¡SORPRESA!! —gritaron varias voces al unísono.
La casa se iluminó de golpe y descubrí a un montón de personas reunidas. No podía creerlo. Me habían organizado una fiesta sorpresa.
—Feliz cumple, Emily —dijo Sean, acercándose a envolverme en un abrazo.
—Gracias… No lo puedo creer. No tenías que hacer todo esto —dije saliendo del abrazo, pero enseguida me rodearon los brazos de otra persona.
—Feliz cumple, te quiero mucho —escuché decir a Camille.
—Gracias. Yo también te quiero mucho —le respondí con una sonrisa.
Después de un rato, me escabullí hacia la cocina para tomar un respiro. Había demasiada gente y, siendo sincera, no conocía ni a la mitad. La mayoría parecían amigos de Sean que jamás se perderían una fiesta.
Sin embargo, había un chico que nunca antes había visto.
Era alto y corpulento, con el cabello negro, corto y con suaves ondas que le caían en la frente como un flequillo.
Sus ojos oscuros transmitían seguridad, una extraña sensación de confianza que me hacía querer acercarme.
Era muy atractivo, pero más que eso, había algo en él… algo que no podía explicar.
Estaba tan perdida en mis pensamientos que me sobresalté al escuchar una voz familiar.
—¿Te gustó la sorpresa? —preguntó Sean.
—Me encantó. Gracias de nuevo —respondí con una sonrisa. —¿Te puedo hacer una pregunta?
—Sí, obvio. Lo que quieras.
—¿Quién es él? —pregunté señalando al chico que había estado observando.
Sean miró en la dirección que señalaba, pero no pareció darle importancia.
—Ni idea, capaz es amigo de alguno de los chicos —respondió mientras tomaba un sorbo de su vaso. Justo en ese momento lo llamaron, así que se fue. Cuando volví la mirada al chico misterioso… ya no estaba.
Empecé a buscarlo entre la multitud hasta que una voz a mi espalda me hizo estremecer.
—Feliz cumpleaños —dijo.
Me di vuelta de golpe, con un escalofrío recorriéndome la espalda. Era mucho más lindo de cerca
—Gra-gracias —respondí, algo nerviosa. Él sonrió al notar mi reacción.
No sabía quién era ni cómo había llegado a mi fiesta, pero no podía evitar sentirme atraída por su presencia. Tenía un porte elegante y una sonrisa perfecta.
—¿Te está gustando la fiesta? —preguntó, clavando sus ojos en los míos. Fue la primera vez en la noche que sentí esa mirada... y algo en mi interior se encendió. Era como si lo conociera de toda la vida, aunque era la primera vez que lo veía.
—Sí, aunque no soy de esas personas que disfrutan muchas fiestas. Pero fue un gesto lindo.
—¿De qué sos entonces? —preguntó con una sonrisa.
Me quedé más tiempo del adecuado admirando su sonrisa.
Ante mi duda, aclaró:
—Me refiero, ¿qué te gusta hacer?
—Ah, claro. Soy más de la lectura y la música, no tanto de este estilo
Un silencio tenso se instaló entre nosotros. Lo miré de reojo, pero él seguía observándome con esa misma calma intrigante.
—¿Y vos? ¿De qué sos? —pregunté, intentando romper la incomodidad.
—También —respondió simplemente.
Se hizo un silencio que, sorprendentemente, no fue incómodo. Pero aun así, sentí la necesidad de saber más.
—No me dijiste tu nombre…
Él rió suavemente, dejando ver sus dientes perfectos.
—Es verdad, pero prefiero que siga así —dijo, guiñandome un ojo antes de desaparecer entre la multitud. Quedé completamente hipnotizada por ese chico.
—¡Emily! Al fin te encuentro —dijo Camille, tomándome de la muñeca y arrastrándome con ella al notar que seguía paralizada. Todavía no lograba entender qué acababa de pasar.
El resto de la noche lo pasé bailando con ella, pero no podía dejar de pensar en aquel chico. Había algo extraño en él. No algo malo… solo extraño.
¿Quién era? ¿Por qué no me dijo su nombre? ¿Por qué sentí esa conexión, esa química? ¿Cómo llegó a mi fiesta? ¿De dónde era?
Cuando la fiesta terminó y todos se fueron a sus casas, me quedé un rato más charlando con Sean. Pero cuando el cansancio me venció, regresé a casa. Apenas llegué, me tiré en la cama sin siquiera cambiarme.