Capítulo 6 Las sombras de la Directiva.
Mientras Kleisy y su grupo se adentraban en las profundidades del búnker del bosque de cristal, la realidad en el corazón de la civilización se tejía con hilos mucho más oscuros.
En las entrañas de lo que quedaba de la capital de la Directiva, lejos de la luz del día y del caos de las calles, el silencio solo era interrumpido por el zumbido constante de los servidores cuánticos.
En el centro de la sala de mando principal, una figura observaba fijamente un mapa holográfico tridimensional que flotaba en el aire.
Era la directora Vora, la mente maestra que realmente movía los hilos del régimen, una mujer cuya sola presencia imponía una disciplina militar absoluta.
Su rostro, ajeno al paso del tiempo y endurecido por décadas de control, permanecía iluminado por el resplandor azulado de los datos en tiempo real.
Un pitido agudo interrumpió la secuencia de transmisión. Una de las líneas del mapa parpadeó antes de estabilizarse en un punto geográfico específico de las Montañas Prohibidas.
—El prototipo ha despertado —anunció Vora. Su voz, fría como el hielo de la cordillera, resonó en la amplitud de la sala sin un solo atisbo de sorpresa o alteración—. Las lecturas térmicas confirman que la secuencia de descongelamiento en la Cuna ha sido iniciada con éxito.
A su lado, un oficial de alto rango revisó los gráficos de energía, visiblemente consternado.
—Directora, si la señal se desestabiliza, el norte entero podría colapsar. El Proyecto Spark está diseñado para emitir un flujo que apenas podemos contener con los supresores actuales. Thorne creía que podíamos utilizarlo como un armamento de dispersión masiva...
—Thorne era un peón demasiado torpe, limitado por su propia ambición —lo interrumpió Vora, sin desviar la mirada del holograma—.
Él quería un arma para infundir miedo y aplastar la rebelión de la Vanguardia.
Nosotros somos más ambiciosos. No buscamos un arma; buscamos una llave.
El Proyecto Spark no se diseñó para estabilizar el Eclipse, sino para controlarlo desde la raíz, manipulando las leyes de la Falla a nuestra conveniencia.
A su alrededor, los soldados de la Guardia de Élite se movían en perfecta sincronía, revisando los últimos detalles de sus armaduras tácticas y preparando los rifles de supresión de frecuencia pesada.
Eran la fuerza más letal de la Directiva, hombres modificados genéticamente para ser inmunes a las fluctuaciones del plasma.
Vora extendió una mano enguantada hacia la pantalla táctil y amplió la imagen del sector norte. Un punto rojo de alta intensidad comenzó a parpadear con fuerza en las coordenadas del bosque de cristal, marcando una firma genética inconfundible.
—Si la conductora ha llegado a la Cuna, significa que los registros de Elena la han guiado exactamente a donde queríamos —continuó la Directora, esbozando una sonrisa gélida—.
No cometan el error de matarla en el primer asalto.
Necesitamos que se vea acorralada, que sus emociones fuercen el flujo y que aprenda a usar su poder al máximo rendimiento antes de iniciar el protocolo de extracción.
El oficial asintió, tomando nota de las especificaciones técnicas en su tableta.
—¿Y qué hacemos con el clon, señora? —preguntó—. Su programación es inestable. Si entra en contacto con la original, buscará destruirla de inmediato.
—Dejen que peleen —ordenó Vora, dándose la vuelta y entrelazando las manos a la espalda—. El clon es solo una prueba de esfuerzo para la original. Cuando el clon falle, Kleisy será la única opción viable en el tablero. Y entonces, cuando esté lo suficientemente agotada, será completamente nuestra.
Los motores de las naves de transporte de la Guardia de Élite comenzaron a rugir en los hangares inferiores, listos para partir hacia el norte. La trampa estaba perfectamente dispuesta, y Kleisy acababa de dar el primer paso dentro de ella.