Eclipse en Shadow City 19. Scarlett. No seas como la protagonista del libro #2
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19. Scarlett. No seas como la protagonista del libro #2

—Sí, de hecho, me sorprende que no sea el caso.

Pero me siento segura con Xander. No sabría explicarte por qué, pero el miedo que siento no es por mi vida, sino por la suya.

—Aprieto los puños y me doy cuenta de que lo estoy haciendo cuando ya noto las uñas clavándoseme en las palmas—.

Claudia..., tengo un nudo en el estómago que me advierte de que estoy a punto de vivir un infierno.

No sé qué es, puede que el instinto ese femenino que dicen que tenemos, pero siento que me arde el pecho con solo pensar que pueda pasarle algo malo a Xander.

—Cariño —mi prima posa con suavidad su mano sobre la mía y me obliga a aflojar la presión de mi puño—, ese tío es un profesional.

—Busca mi mirada para dedicarme una de esas sonrisas que también dan con el carnet de madre—.

Por lo que ha dicho, lleva años dedicándose a lo mismo y ahí está, con su tupé intacto.

—Se me escapa un soplido que podría parecer un amago de risa—.

Yo no creo que debas preocuparte por eso.

Más bien deberían preocuparse esos chupasangres, porque intuyo que a ellos sí les espera el infierno.

—Sí... Es posible que esté exagerando y yo misma me coma la cabeza con cosas que podrían no pasar nunca.

Claudia asiente, pero no deja de clavarme sus oscuros iris.

—Hay algo que te mueres por decirme —la tanteo.

Ella sonríe y se reacomoda, acercando sus rodillas a mis muslos, como si necesitara estar más cerca de mí para compartir sus secretos.

—Sí creo que tu deseo de conocer a tu crush literario se te concedió.

Ahí me animo. Esto ya se parece más a las típicas charlas que solemos tener.

—¿Verdad?

—Es que le he estado dando vueltas. Mira, es un cazador de...

bichos mágicos. El protagonista de la novela que tenías en la mesilla de noche es un cazador de vampiros.

—Yo asiento nerviosa—. Quitando todo el tema medieval y esas mierdas, él también es superposesivo con la protagonista; está tremendo, es mucho más viejo de lo que aparenta.

—En ese momento no puedo evitar torcer el gesto con desagrado.

Prefiero no pensar en la cantidad de años que pueda tener Xander en realidad—.

Y también tiene una especie de vínculo con la chica.

A ver, no creo que sea él, él . Pero sí es posible que la estrella, el universo o lo que sea te haya concedido el deseo.

—Es justo lo que pienso —admito, ahora agarrándome a sus manos como una niña pequeña—; además, es un cliché andante.

—Cierto. Ahora —vuelve a ponerse seria de un modo tan repentino que me descoloca—, ¿qué es lo que te frena?

—¿A qué te refieres?

—He visto cómo te mira él, que, por cierto, te adora, y también cómo lo miras tú. Se nota a leguas que estás coladísima por el helsing, pero también me he dado cuenta de que intentas echar el freno. ¿Por qué?

Me quedo mirando a mi prima por unos minutos, en silencio. Creo que es la pregunta más difícil de responder que me han hecho en la vida y, a la vez, lo tengo bastante claro.

—Es por el eclipse —contesto, y le muestro la marca en el antebrazo. Ella la contempla y luego me mira a mí, sin entender—. Es solo que no quiero tomar una decisión que pueda venir marcada por este vínculo. No... no quiero que estemos juntos por obligación.

—¿Obligación? ¿Es que acaso no sientes nada por él? ¿No se te aceleran los latidos, no sientes ese cosquilleo en el estómago cuando lo tienes cerca...?

—Sí, claro que sí.

—Pues no le veo el problema.

Gruño con frustración y noto cómo el enfado trepa por mis venas.

—Pero es que nada de lo que siento es real. Todo, la necesidad de estar junto a él, la paz que me aporta y esas emociones que describes vienen dadas por esto. —Señalo el círculo que rodea el tallo de mi rosa tatuada.

—A ver, keep calm y escúchame, porque pareces tonta.

—Frunzo el ceño; ahora mismo lo que menos estoy es relajada—.

A mí me importaría un pedo de mi marido si el sentimiento naciera del corazón, de un vínculo o del cubo de la basura.

Si lo sientes —me pone una mano en el pecho—, es real.

Y si es real, ¿qué más da de dónde proceda? El caso es que está ahí.

—Pero Xelina...

—¿Quién es esa?

—La protagonista del lib... —Un golpe sordo y un calor repentino en mi mejilla me hacen callar—. ¿Acabas de darme un guantazo?

—Y te mereces dos, te lo juro. —Claudia suspira como si estuviera intentando encontrar su paz interior—.

Si vuelves a compararte con una tipa que se pasa cuatro libros de una saga negando sus sentimientos porque proceden de un vínculo, entonces dejamos de ser primas.

Scarlett, no seas como la protagonista del libro.

Tu historia todavía no está escrita; aprovecha y ahórrate meses de sufrimiento absurdo. Tíratelo.

Abro los ojos de par en par y pestañeo despacio.

—¿Perdona?

—Bueno, quizá he estado un poco bruta ahí. Pero lo que intento decirte es que no te niegues a ti misma lo que es tan evidente. Date una oportunidad con él. Si no lo haces, ¿cómo sabrás si la relación podría o no funcionar?

—Sé que tienes razón, pero ¿y qué hay de él? No quiero que se sienta atado a mí sin remedio.

—No eres una cadena, Scarlett. Tú eres su mahni.

Y estoy segura de que no tenemos ni idea de lo importante que eres para él, del sentimiento que debes de despertarle.

Con toda probabilidad, eres lo mejor que le ha pasado a ese chico en todos estos años.

Dime, prima, si tanto te asusta sentir, ¿estarías dispuesta a olvidarte de él, a no volver a verlo?

Solo de pensar en esa posibilidad, se me empaña la mirada.

—No. No, no estoy dispuesta. —Una seguridad férrea se adueña de mis palabras—. No habría ciudad, planeta ni galaxia que me impidiera estar a su lado.

—Entonces, déjate de dudas y actúa.