Eclipse en Shadow City 18. Xander. Noticias del Boss
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18. Xander. Noticias del Boss

Xander Noticias del Boss

El muy cobarde dejó caer las bolsas y mochilas que llevaba a cuestas y salió disparado pasillo abajo en cuanto me vio enseñarle los dientes. Suerte tuvo de que no echaba espuma por la boca como un perro rabioso.

Scarlett me sujetó del brazo y me rogó con la mirada que no me pasase con el hacker.

—Tranquila, nena. Solo lo voy a hacer sufrir un poquito.

Adoré el modo en que mi pelirroja sacudió la cabeza con una sonrisa en los labios y me dio un manotazo en el trasero antes de liberarme de su agarre.

Más le valía estar preparada para cuando la pillase, porque las ganas que le tenía me estaban consumiendo.

Puto hacker.

Me dirigí como un maníaco hacia el escondite de Johnny, algo tan original y seguro como un cuarto de baño con un pestillo de juguete.

Pisé fuerte conforme andaba, para asegurarme de que oyera cómo me acercaba y se pusiera nervioso.

Me reí solo de pensar en la cara que tendría el humano.

Luego me detuve unos segundos frente a la puerta, por eso de generar expectación y añadir dramatismo, y aporreé la madera como si estuviera a punto de echarla abajo.

—¡Sal de ahí, rata cobarde!

—Ni de broma —medio sollozó al otro lado—. Vas a matarme. —Hizo una pausa—. ¿Dónde está ella?

—¿Scarlett? Creo que se está preparando un café. —Me miré las uñas, aguantando la risa. El pobre me daba hasta un poco de lástima—. Y no pienso matarte, hombre, eres mi compañero.

—¿De... de verdad?

—Claro. Solo te romperé los dedos de manos y pies, uno a uno, y te haré tragar la llave del piso para asegurarme de que no vuelves a interrumpirme en mis labores sociales.

—¿Lo ves? Eres un sádico...

—Venga, voy a ser bueno. Discúlpate y te romperé solo los dedos de la mano izquierda.

Por los sonidos que me llegaban, supuse que Johnny se había sentado en la tapa del inodoro.

—Colega, estás loco. ¿Todo esto por haber interrumpido un polvo?

—Un polvo con mi mahni.

—Bueno, pues haberlo echado antes de avisarme de que tenía que abandonar el otro piso.

—No me lo puedo creer. ¿Me estás culpando a mí?

—Oye, lo siento, ¿vale? No sabía que ibais a estar haciendo... lo que estabais haciendo. ¿Puedo salir ya?

—Me lo estoy pensando.

Scarlett salió de la cocina y Cenizas le fue al encuentro para seguirla allá donde fuera. La verdad, me costaba reconocer a mi compañera. Hasta daba la sensación de que fuera una mascota mansa.

Mi chica se detuvo antes de cruzar al comedor con una humeante taza entre las manos y me hizo un puchero con los labios que provocó que me mordiera el mío.

—Oh, pobrecito —dijo con teatralidad, como si hablara de una cría de mapache—. Anda, déjalo salir, lobito.

—Tienes suerte de que esté aquí mi chica para protegerte —le dije a Johnny a través de la puerta.

—¡No soy tu chica! —gritó ya entrando al salón.

—Claro que lo eres —murmuré—. Venga, colega, sal de ahí. Prometo no hacerte nada... mientras esté ella en el piso.

Cómo me gustaba torturar al chaval.

El hacker salió despacio, sin quitarme los ojos de encima, mientras una diversión malsana se acrecentaba en mi interior ruin. Lo seguí y lo ayudé a cargar con las mochilas hasta el comedor. Porque era malo, pero no un monstruo. Todavía.

Me quedé de pie con los brazos cruzados sobre el pecho, consciente de cómo Scarlett no perdía detalle desde el sofá de cada centímetro de mi cuerpo, cosa que me encantaba, y me quedé viendo a Johnny montar el chiringo de equipos informáticos con el mismo afán que cuando llegamos a la ciudad.

Acuclillado entre cables y aparatos de los cuales yo sabía entre poco y nada, alzó la barbilla para mirarme y pude darme cuenta de que el interrogatorio estaba a punto de comenzar justo en el momento en que empujó con el dedo el puente de la montura de sus gafas para recolocarlas en su sitio.

—¿Qué ha pasado?

—¿A qué te refieres? —Intuía lo que quería saber, pero la pregunta abarcaba demasiado. Para mí, habían pasado millones de cosas desde el centro comercial.

—Es la primera vez que tenemos que mudarnos tan pronto.

—Voy a hacerte un timeline : fuimos al centro comercial, allí la señorita gastó muchísimo dinero de la agencia. —Sonreí al comprobar que los ojos de Johnny se abrían como discos de vinilo. Preocupar a este chico resultaba tan fácil...

—¿Cuánto es mucho?

—Pues mucho. Muchísimo. Ni Julia Roberts en Pretty Woman .

Scarlett puso los ojos en blanco cuando oyó que el hacker profería un sonido lastimero.

—Tampoco fue para tanto. Además —imitó mi sonrisa, y que demostrara tener tanta maldad como yo me hizo pensar que me habría pillado de ella incluso sin eclipse—, seguro que la agencia esa gastó mucho más dinero en ese coche de película que acabó destrozado.

A Johnny le iba a dar un infarto, estaba seguro.

—No adelantes acontecimientos, nena. Mi querido compañero necesita el paso a paso.

—Esperé a que el susodicho tomara aire y continué—: Después, lo clásico, los murciélagos vinieron a por su aperitivo para la fiesta, huimos, nos persiguieron, me lie a tiros con ellos, Cenizas hizo de las suyas...

Scarlett y yo tuvimos nuestro momento glorioso.

—Una risa me arañó la garganta al recibir el impacto de un cojín en la cara—.

Quién lo habría dicho, la que parecía que no había roto un plato... —Otro cojín me silenció.

—Está bien, está bien —continuó Johnny—. Y consideraste que estábamos más expuestos de lo que creíamos y decidiste cambiar de alojamiento por seguridad.

—Sí, algo así. Y si llego a saber lo que iba a pasar, no te habría avisado con tanta antelación.

Abrió la boca como si no creyera lo que estaba diciendo.

—¿Y dejarme allí sabiendo que suponía un peligro?

—Un riesgo asumible.

Scarlett rio por lo bajo al sorber el café.

—Qué cruel eres... —murmuró.

El hacker se levantó con un portátil en las manos y, algo alterado, volvió a colocarse las resbaladizas gafas en su sitio. Imaginé que ese era su mayor nivel de enfado.

—Bueno, pues que sepas que, mientras jugabas a ser Blade... —eso me ofendió. Él solo cazaba vampiros; yo purgaba el mundo tanto de esos chupasangres como de otras criaturas con más oscuridad que mi psique. Además, él no existía—, yo averigüé algunas cosillas.

Cambié el peso de un pie a otro. Eso sí me interesaba.

—No me digas... —lo pinché.

—Sí. —Abrió el portátil, sosteniéndolo con una mano como si llevara una bandeja—. Las cámaras a las que accedí en el Golden Sword me han mostrado esta misma mañana al Boss, Patrick Freeze.

Descrucé los brazos y me acerqué a ver las imágenes. Si el Boss se había dejado ver, la cosa estaba más tensa que una sirena en un restaurante de sushi.

—Estuvo inspeccionando el lugar —prosiguió Johnny. Scarlett se levantó y se situó detrás de nosotros, atenta a las grabaciones. No me gustó lo seria que se puso de repente—, y no parecía estar contento con la cantidad de cuerpos achicharrados que había.

—¿Los quemaste tú? —preguntó mi chica.

Incliné la cabeza a un lado y a otro, dudando.

—Técnicamente, lo hizo la granada de luz ultravioleta que lancé. Continúa —le solicité a Johnny, quien avanzó en la grabación—. ¿Alguna noticia de dónde se va a celebrar el aniversario de Amelia?

—Como sabes, no dispongo de audio, pero aquí...

—Congeló la imagen en un momento en concreto en el que el Boss dejaba de dar la espalda a las cámaras, con el cabello engominado y su elegante gabardina negra.

Johnny empezó a teclear a toda velocidad—.

Si pasamos estos segundos de vídeo al programa LDL que solicité a la SOF hará un par de meses...

—hablaba más bien para sí, porque los demás no entendíamos una mierda—, acercamos la imagen, despixelamos, damos mayor definición y...

—Aguardó un par de minutos en silencio, sin dejar de hacer sonar el teclado—. Et voilà .

Scarlett y yo no perdimos detalle del clip. Un primer plano de Patrick ocupó toda la pantalla. Sus labios se movieron a cámara lenta, forzado por el hacker, y la secuencia se reprodujo en bucle. Una y otra vez hasta que por fin ocurrió algo que acaparó toda nuestra atención.

Sobre la imagen apareció un texto. El increíble programa del que fardaba Johnny acababa de leer los labios del Boss, y sobre ellos escribió: «Se celebrará el 1 de julio».

—No podéis estar seguros de que se refiera a la fiesta de cumpleaños —señaló Scarlett.

—No te falta razón —fue Johnny quien habló—, pero creo que deberíamos estar atentos, por si acaso.

Asentí, con mi endiablada cabeza ya trazando un plan.

—En ese caso, el festejo sería dentro de tres días.

Mañana tendré que hacerle una visita a la araña para que nos diga dónde va a ocurrir.

Mientras tanto, Johnny intenta acceder a las cámaras de los edificios más pijos de Shadow City.

El instinto me dice que no van a llevar a cabo la celebración en un garaje.