Scarlett. Presente
Scarlett
Presente
Me masajeo las sienes y aprieto los párpados. Quiero que el colchón me engulla y me haga desaparecer por un par de horas. O más.
—No hacía falta que contaras todos los detalles... —le digo entre dientes a Xander.
Claudia se había levantado de la cama en cuanto el helsing mencionó la persecución. No había parado de caminar de un lado a otro, escuchando lo que ocurrió con las manos en la cabeza.
Ha sido mi intervención la que ha conseguido que la muñeca de cuerda en la que se había convertido se detuviera.
—Claro que hacía falta —me contradice mi mejor amiga—. Joder, si ha sido la mejor parte de la historia hasta ahora.
Noto espasmos en el pecho de Xander a mi espalda, sacudidas que me indican que se está riendo en silencio. Cuando Claudia decidió abandonar el catre, el helsing reptó por el edredón hasta sentarse con la espalda pegada al cabecero. Yo aproveché para colocarme entre sus piernas.
Es como si fuera un imán para mí. Busco cualquier excusa para sentir su calor, para aprovecharme de ese movimiento involuntario que hace al rodear mi cintura con los brazos cuando me acerco a él.
—No podía callarme uno de los mejores momentos de mi vida, nena. —Suspira y me da un beso rápido en la coronilla—. Fue épico, y me siento orgulloso.
Pongo los ojos en blanco para que mi prima no se dé cuenta de que, en el fondo, también creo que fue un momento épico.
—Sois tan monos que dais asco —dice Claudia mientras se deja caer como un muerto en la butaca que antes ocupábamos Xander y yo—.
No, pero ahora en serio. Dejando a un lado esa parte perturbadora que deberías mirar de tratar con un psicólogo, porque, os lo tengo que decir, no es normal correrse al volante en medio de un tiroteo...
—cambia la expresión y se queda mirando al suelo con ojos vacíos—, sí, dejando eso aparte, la situación me tiene acojonada, chicos.
No... no sé... Hasta ahora no había asimilado que corres un verdadero peligro, Scarlett.
Por primera vez, veo el miedo reflejado en el rostro de mi prima y la angustia se me presenta sin invitación.
—Claudia, no...
—No intentes suavizar la situación, prima. Por favor, necesito ver la realidad como es y no edulcorarla. —Me quedo callada porque sus palabras se han tragado las mías. Eleva la barbilla y nos clava unos ojos acuosos que me parten el corazón—. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudaros?
—No hemos venido a eso, Claudia. —Siento la necesidad de aclararle este punto, no quiero ser un estorbo ni que ella forme parte de este problema—.
Ya me estás ayudando al escucharme. Para mí era importante compartirlo contigo porque la carga que llevo desde la noche en que pedí mi deseo es demasiado pesada y necesitaba liberarla...
Y solo confío en ti. Por eso estamos aquí.
Se enjuga los ojos rasgados con el puño de la camiseta y esas lágrimas que acaba de impedir que resbalaran por sus mejillas me hacen sentir fatal. Quizá no debería haber sido tan egoísta al venir a soltarle aquí un chorro de información delirante.
Porque ahora lo veo. No lo he sopesado antes, y he aquí el error.
Pero, sí, si me hubiera preguntado a tiempo cómo me sentiría yo si mi prima viniera con esta historia de ciencia ficción y me dijera que vete a saber cuántos vampiros quieren comérsela, habría reaccionado igual o peor.
Pero estaba tan saturada que solo pensé en desahogarme, sin cuestionarme cómo recibiría ella todo esto.
—No puedes pretender venir a mi casa, soltarme la bomba de que tu ex quiere venderte como carnaza a los mensajeros de la muerte y esperar que me quede solo a escuchar. —Hace una pausa y desvía sus ojos oscuros. Ya no me mira a mí, sino a Xander—. Quiero ayudar. —Dos palabras que suenan a súplica.
—No es mucho lo que puedas hacer. —La voz rasgada y grave del lobo retumba a mi espalda—.
Pero, si te hace sentir mejor, podrías mandar a paseo a Ryan cuando se pase por aquí para preguntarte por Scarlett.
Estoy seguro de que te hará una visita cuando empiece a ponerse nervioso porque no da con ella.
—Eso está hecho. Y pienso tener preparada una taza con café hirviendo para que, sin querer, se me caiga sobre su cara cuando tropiece, también sin querer.
—La imagen que he recreado mentalmente y el cambio de tono de Claudia me hacen sonreír—.
Pero, Xander, te lo pido de corazón, no permitas que le pase nada malo a mi prima. ¿Me lo prometes?
Se me comprime el corazón y dejo de respirar. De pronto me siento pequeña, indefensa y una molestia. Temo morir, pero le tengo más miedo a que pueda ocurrirle cualquier cosa a Xander por mi culpa.
Una extraña sensación de pérdida me hace acariciar los morenos antebrazos que me rodean la cintura y, cuando termino el recorrido en sus manos, decido entrelazar mis dedos con los suyos para sentirlo más mío y convencerme de que nada lo va a separar de mí.
—Lo prometo. —Su respuesta inunda la habitación y se queda flotando en ella como un mal presagio—. Arrasaré esta ciudad, y el mundo entero si hace falta, para mantenerla a salvo.
Mi prima asiente con un fuego que nunca antes había visto en su mirada. Con la expresión más adulta y seria que jamás me haya mostrado, vuelve a clavar sus pupilas en las mías.
—¿Qué pasó después?