Capítulo 55 #2
—Incluso aunque quisiera creerte, no puedes prometer hacer algo en nombre de todo un reino. De todo un ejército. No tienes esa clase de autoridad.
Por primera vez, noté cómo el peso de mi derecho de nacimiento me cubría como una armadura.
—Sí que la tengo.
La confusión se le reflejó en el rostro.
—Está por encima de nuestros generales —explicó Aether, ignorándome y dirigiéndose a Laryk.
—Mi padre, el kalfar del que te he hablado… —respiré hondo para tranquilizarme— era el hijo de la reina actual.
Laryk solo parpadeó.
—Soy su heredera. —Al decirlas, las palabras me resultaron a la vez extrañas y correctas.
Aether se movió para situarse a mi lado.
—Fia heredará el trono de Umbrathia y se convertirá en la comandante de las fuerzas de combate del reino. Todos nosotros respondemos ante ella y solo ante ella.
Laryk se quedó atónito, sin poder articular palabra, mientras me recorría con la mirada con un respeto nuevo. «Igual teníamos que haber empezado por ahí». La revelación pareció cambiar algo en él. Era un estratega, al fin y al cabo.
Se puso a deambular por la habitación, sin centrar su atención en nada en concreto, al tiempo que rodeaba el escritorio y ponía las palmas sobre la superficie de madera.
—Entonces ¿qué es exactamente lo que tienes en mente? —Toda emoción se había borrado de su voz y había dejado que se abriera paso el general calculador al que había llegado a conocer tan bien.
El alivio me embargó, pero no dudé.
—Necesitamos desestabilizar Sídhe desde dentro —respondí con el mismo tono que el suyo—.
La Guardia no está al tanto de lo que ocurre en realidad.
La gente debe ver la verdad, ha de tener la oportunidad de decidir por sí misma si va a continuar arriesgando su vida por un rey que no ha hecho otra cosa que mentirle.
—Eso será complicado con tan pocos aliados a este lado de la grieta —insistió Laryk.
—Hay más de los que crees —repliqué, observando a Aether—. Ya se ha creado una resistencia en Sídhe.
Laryk arqueó la ceja.
—Tanto de civiles como de personas de dentro de la Guardia. Gente que ha podido ver a través de las mentiras.
—Ah, ¿sí? —preguntó, deslizándose la lengua por los dientes—. ¿Y quién es el líder de esta rebelión?
—Se pondrá en contacto contigo pronto —contesté—. Para elaborar la estrategia.
—La estrategia es obvia. —Laryk se encogió de hombros—. Los susurros son algo peligroso después de todo. En especial, ahora que los juramentos de sangre han sido destruidos.
Alcé la vista hacia Aether, que solo asintió a pesar del escepticismo de su mirada.
—Sembrar la duda en las mentes correctas, aprovechar la frustración que ya se ha comenzado a extender a través de las facciones…
—Soltó una carcajada—. Yo controlo los despliegues.
Puedo mantenerlos a todos aquí. Si sois fieles a vuestra palabra y no hay ataques a nuestras fortificaciones en el oeste, esa frustración se puede convertir en algo más fuerte. En algo más agresivo.
Señaló toda la habitación con las manos, casi con ligereza.
—Puedo hacer mi papel, provocar grietas en los cimientos que sostienen este lugar, poner a soldados leales contra la Corona. Esa parte será sencilla, podéis dejarme a mí los detalles —dijo—. Al fin y al cabo, es mi mejor don. El arte de la manipulación.
Asentí, conteniendo la esperanza que ahora me recorría.
—No puedes contárselo a nadie. Para que mis semillas de duda se extiendan de manera orgánica, tenéis que marcharos ahora; regresad a Umbrathia y aguardad a mi señal.
—Pero Raine, Briar…
—No puedes contarles nada. No solo los pone en riesgo de ser considerados traidores si la cosa se tuerce…
—hizo una pausa—, sino que tampoco tienes idea de en quién puedes confiar de verdad.
Sé que son tus amigos, pero, cuando se trata de este tipo de cosas, te sorprenderías de lo veletas que son las personas.
Una parte de mí quería protestar y exigir que se les dijera la verdad, aunque algo me detuvo. No quería dudar de ellos, pero ¿y si tenía razón? Incluso aunque creyera que los conocía, ¿podía estar segura de lo que harían cuando todo su mundo se viera patas arriba?
La culpa me atenazó.
Laryk guardó silencio con los ojos fijos en algo justo por encima de mi hombro unos momentos antes de desviar la vista hacia mí; sus ojos esmeraldas se habían vuelto de lo más serios.
—Debes comprender la gravedad de lo que implica derrocar un reino, Fia. No va a ser fácil. Todos tendremos que tomar deci siones difíciles. Pero, si queremos ganar, no podemos dudar de no sotros. Da igual lo que suceda, tenéis que confiar en mí. Confiar en que estoy haciendo lo que debo.
Le devolví la mirada con la misma intensidad.
—Confío en ti.
Acto seguido, Laryk se levantó y dio unos cuantos pasos despacio para rodear el escritorio y situarse delante de mí. Por el rabillo del ojo, vi a Aether acercarse, pero se contuvo de intervenir.
Aquellos ojos esmeraldas se clavaron en mí de nuevo con una expresión de tristeza mientras alargaba la mano y me colocaba un tirabuzón detrás de la oreja.
—Pero quiero que sepas que no hago esto por salvar un reino. Lo hago porque tú me lo has pedido. Porque eso es lo que quieres.
Su mano se detuvo en mi mandíbula y me acarició la piel con los dedos con suavidad. El roce me trajo recuerdos que me hicieron estremecerme.
—Te demostraré que soy digno de ti.