Duskbound (Trilogía Esprithean 2) Capítulo 39 #3
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Capítulo 39 #3

—No tenía ni idea… —susurró. Jamás la había visto mirarme de esa manera antes, como si tal vez fuera a echarse a llorar. La lásti ma que había en sus ojos hizo que me dieran ganas de cubrirme.

—Cualquiera de nosotros habría hecho lo mismo que Aether. —La voz de Effie era feroz.

Las lágrimas que había estado conteniendo todo el día se derramaron al fin, y, una vez que empezaron, no pude pararlas. Sentí cómo liberaba de pronto todo lo que había estado reprimiendo desde el castillo.

Vexa atravesó la habitación y me atrajo para abrazarme. El gesto me sorprendió.

—Dinos qué podemos hacer. —Su voz era más suave de lo que nunca la había escuchado, y, de alguna forma, esa amabilidad hizo que fuera más difícil mantener la compostura.

—¿Quieres hablar de ello? —preguntó Effie con tacto.

Lo consideré durante unos segundos, preguntándome si hablar del horror en voz alta ayudaría a dejarlo atrás. Pero la idea de describir esos labios fríos contra mi piel, de revivir la indefensión mientras se alimentaban de mí…

Negué con la cabeza mientras me brotaban nuevas lágrimas. Me llevaron a la cama y se sentaron junto a mí a cada lado hasta que los sollozos que me sacudían el cuerpo comenzaron a calmarse. Su presencia parecía un ancla que me mantenía alejada de aquellos recuerdos oscuros.

Pasó un rato, no sabía cuánto, pero al final mi cuerpo se quedó quieto y los sollozos que habían estado saliéndome del pecho cesaron. Las lágrimas cada vez eran menos.

Una vez que mi respiración se hubo normalizado, Effie rompió el silencio:

—Tengo que ser sincera, Fia. —Se detuvo, y, cuando alcé la vista, vi un destello familiar en sus ojos—. Me ofende bastante que nunca hayas soñado conmigo.

La carcajada que solté nos sorprendió a todas. La notaba extraña en la garganta, casi ajena después de todo lo que había sucedido, pero también necesaria, como romper el hielo en busca de aire.

—Encuentro muy interesante… —dijo Vexa, y algo en su tono me hizo tensarme— el modo en el que has soñado con nosotros. O, más bien, el hecho de que hayas soñado a través de los ojos de Aether.

Un rubor abrasador me coloreó el rostro cuando Effie soltó un bufido indecoroso.

No esperaba que se centraran en ese detalle, aunque quizá debería haberlo hecho.

El recuerdo de esos sueños regresó, cómo sus ojos dorados me habían perseguido mucho antes de saber lo que significaban, a quién pertenecían.

—Qué romántico, Fia. —Effie tenía un tono provocador en la voz que habría sido molesto si no fuera una distracción preferible a pensamientos más sombríos.

Le di un codazo a Effie, tratando de ignorar cómo me había dado un vuelco el estómago ante sus implicaciones.

—No es eso. —Pero las palabras me sonaron vacías hasta a mí. ¿Cuándo había cambiado eso?

—No te creas que no nos hemos dado cuenta de cómo actúa contigo —soltó Effie, y el estómago me dio otro vuelco extraño. No estaba lista para analizar lo que podrían haber notado, lo que yo misma había estado intentando con desesperación no notar.

—Al principio, jamás lo había visto tan enfadado, jamás había visto que alguien se le metiera bajo la piel de la manera que lo hiciste tú. O que le sacara una reacción siquiera, vaya. —Vexa se encogió de hombros, pero había algo astuto en sus ojos violetas—. Siempre ha sido más estatua que hombre.

La mente se me fue a días atrás, a cómo me había sujetado contra él en aquella cueva cubierta de hielo, al modo en el que las sombras habían bailado cuando le había dado más. A la forma en la que le habían ardido los ojos cuando me encontró en Draxon.

Y también estaba la noche anterior. Cuando me salvó de los fantasmas que asolaban cada pensamiento. Cuando me sostuvo contra su pecho y nuestros latidos resonaron el uno en el otro.

—Sí, bueno —murmuré, tratando de ocultar el sonrojo que se me extendía por las mejillas—, parece que los dos tenemos ese efecto en el otro.

—Pero ahora es diferente. —Vexa transmitía tal peso en la voz que hizo que me detuviera.

El silencio pareció alargarse, y me vi incapaz de mantenerles la mirada. «Diferente».

—No lo es —respondí aprisa, aunque la voz me traicionó—. Es que hemos aprendido a trabajar juntos.

—Lo que tú digas. —El tono de Effie reflejaba suspicacia, y lo noté… Ese puñetero rubor rosado extendiéndoseme de nuevo por las mejillas.

¿De verdad era tan transparente?

Hablamos hasta bien entrada la noche. La conversación cambió a temas menos serios: la línea de perfumes que Effie había comenzado antes de que empezara la sequía, historias de Vexa de cuando se encontraba en la cárcel…

Poco a poco, el nudo del pe cho se me fue aflojando.

Los cortes seguían escociendo, y yo sabía que los recuerdos regresarían, pero, de momento, rodeada por su calidez y las carcajadas, me sentí casi completa de nuevo.

En algún instante, me quedé dormida con la camisa de Aether todavía envolviéndome y las voces de ellas como un suave murmullo de fondo.

Aunque podría haber jurado que, en algún momento de la noche, vi un par de ojos dorados asomándose a la habitación.

O igual me lo había imaginado.