Capítulo 39 #2
—No he sido precisamente transparente en lo relativo a mis habilidades —dije, sintiendo la ansiedad mientras todos clavaban los ojos en mí, un poco oscurecidos—.
Además de controlar mentes, además de verlas detrás de las barreras…
—Inhalé hondo, obligándome a continuar—.
Hay algo más. Algo que yo misma apenas he comenzado a comprender.
Aether se recostó en la silla, cruzándose de brazos y lanzándome una mirada que estuvo a punto de hacer que se me secara la boca.
—Prosigue.
Retorcí los dedos mientras buscaba las palabras adecuadas.
—Tengo sueños. Pero no son sueños normales. Veo a través de los ojos de otras personas, experimento sus recuerdos, sus momentos. A veces desde el pasado, otras ahora mismo. Y no puedo controlar cuándo llegan o por qué me muestran lo que me muestran.
Me giré hacia Vexa, que había entornado los ojos violetas.
—El año pasado, viví a través de alguien que forjaba una daga. Cada golpe de martillo, cada marca grabada en la hoja. —Bajé la mirada a sus armas—. Tus marcas.
Se llevó la mano a la empuñadura que tenía al costado y trazó con los dedos unos patrones que había grabado ella misma.
—Y tú —le dije a Aether, cuya mirada se había intensificado con interés—.
Vi tus ojos en mis sueños meses antes de atravesar la brecha.
Antes de incluso conocer la existencia de este reino.
—Las palabras me salieron con más suavidad de la que pretendía, y un cálido estremecimiento me subió por la nuca cuando mantuvo los ojos fijos en mí.
Por un segundo, parecía que estábamos solos en esa habitación.
El silencio que se produjo después me oprimía la piel, pero continué antes de que el peso de su mirada me hiciera perder el coraje del todo.
—Últimamente he estado viendo a dos hermanas.
Mellizas, creo. Dos jóvenes nacidas en la nobleza, quizá incluso en la realeza, aquí en Umbrathia.
—El recuerdo del primer sueño parpadeó en mi mente—.
Su padre las llevó al Vacío cuando apenas eran unas chiquillas.
Su madre… —tragué saliva, acordándome de sus ruegos desesperados— le imploró que no lo hiciera.
Pero he estado viendo retazos de sus vidas conforme crecían.
Una de ellas se casó más tarde con un lord de la familia de los Skaldvindr; tal vez por eso me di cuenta de que estas personas eran reales e importantes.
Tuvieron un hijo. —Las palabras se sintieron pesadas cuando las dije, aunque no supe por qué.
Notaba la mirada de Aether en mí, pero yo mantuve los ojos clavados en el suelo.
Raven se acercó; algo había cambiado en su comportamiento casual.
—La reina actual se casó con lord Skaldvindr antes de que muriera.
Despacio, desvié la vista a Raven, que me observaba con intensidad. Vexa y Effie intercambiaron una mirada que me puso la piel de gallina.
—También tenía una hermana —añadió Raven en voz baja—. ¿Cómo se llamaba?
—Vilda. Su melliza. —La voz de Aether había perdido su calidez previa, reemplazada por algo vacío—. Murió poco después de Skaldvindr. Poco después de su padre, de hecho. —Se giró hacia Raven.
—Algunos afirman que aquello fue el catalizador. El motivo por el que la mente de la reina empezó su viaje a la locura —susurró Vexa, aferrándose a la silla bajo ella con los nudillos blancos.
—Y luego murió su hijo, lo que solo empeoró más las cosas —añadió Effie en voz baja.
El silencio se pegaba a las paredes mientras yo lo asimilaba.
La reina. Estaba soñando con la reina y su familia.
Pero ¿por qué? ¿Cómo estaba todo conectado?
Lo sentía hasta en mis huesos… Que había una razón para que yo lo presenciara.
Que acabaría siendo importante, aunque seguía sin poder atar cabos.
El corazón me retumbó en el pecho cuando me obligué a continuar:
—Hay algo más.
Todos me devolvieron la atención.
—En esos sueños, en ocasiones… —Me mojé los labios, insegura de repente—. En ocasiones, oigo una voz. Me llama por un nombre distinto. —Las palabras se me quedaron atoradas en la garganta—. Fiandrial. Creo que podría ser mi verdadero nombre.
Aether se paralizó por completo, como si lo hubieran congelado en el sitio. Raven y Vexa parecían confundidos, pero Aether…
Se levantó de un modo tan abrupto de la silla que se estampó contra el suelo de piedra.
—Tengo que hacer una cosa. —Su voz era tensa, controlada, pero yo noté el temblor que había debajo—. Volveré más tarde.
La puerta se cerró a sus espaldas con tal fuerza que me detuvo el corazón por un segundo.
Me metí en la cama, envolviéndome más en la camisa de Aether.
La tela aún conservaba su olor a lluvia y a humo de leña.
Debería haberme sentido rara al llevarla, pero, en vez de eso, me parecía…
lo correcto. Me daba seguridad. Aunque la seguridad ahora se veía como una broma cruel.
Justo como la noche anterior, cada vez que cerraba los ojos regresaba a esa horrorosa sala.
Aether todavía no había vuelto de adondequiera que hubiera ido corriendo. Iba a tener que enfrentarme a esta noche sola.
Recorrí mi piel con la mirada hacia aquellas vendas de un blanco intenso, demasiado limpias, demasiado prístinas contra mi piel.
Parecían una mentira, como si escondieran la verdad de lo que había ocurrido en aquel castillo, haciéndolo ver ordenado y controlado cuando no había sido así.
Antes de darme cuenta de lo qu e hacía, me las estaba arrancando, rompiéndolas hasta que los cortes superficiales que había debajo quedaron expuestos.
A lo mejor era peor mirar la prueba de lo que me habían hecho, pero afrontar la realidad me sentaba mejor que ocultarla.
Un golpe en la puerta me sobresaltó; la cara de Valkan se me vino a la mente antes de que pudiera evitarlo.
Tenía que recordarme que estaba muerto, que había visto cómo lo destrozaban, que era probable que su sangre aún manchara las paredes de aquella cámara.
Aun así, el corazón se me aceleró conforme me acerqué a la puerta.
Cuando la abrí, vi a Vexa y a Effie allí de pie con almohadas y mantas bajo los brazos. Su presencia hizo que algo dentro de mí se quebrara.
—Nos quedamos contigo esta noche —dijo Vexa, pasando ya junto a mí hacia la habitación. Effie la siguió y las dos dejaron caer la ropa de cama en el suelo como si fuera lo más natural del mundo.
Hasta que no se giraron hacia mí, no me acordé de mi estado: con la camisa de Aether colgando suelta y los cortes ahora visibles en los brazos y en las piernas.
Observé cómo se les notó la comprensión en los ojos, pues a Vexa se le transformó la cara con una furia que parecía letal y a Effie se le extendió la sorpresa por el rostro.