Duskbound (Trilogía Esprithean 2) Capítulo 39
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Capítulo 39

– V alkan está muerto.

Las palabras de Aether cayeron en la abarrotada sala de reuniones. Vi cómo las emociones se extendían por cada rostro: la inhalación brusca de Vexa, los dedos de Effie quedándose quietos sobre su manga, la rigidez de los hombros de Rethlyn.

—¿Cómo? —preguntó Vexa al final.

—Lo he matado yo. —El tono de Aether era plano, objetivo—. Junto a una docena de sus damphyre.

—¿Que has hecho qué? —Effie se levantó de la silla—. ¿Es que has perdido el juicio?

—La única región fértil que nos queda —dijo Theron en tono áspero desde su rincón—, ¿y vas y asesinas a su lord?

—Debe de haber habido un motivo —replicó Rethlyn, inseguro.

—Por supuesto que había un motivo —espetó Vexa.

—¿Tienes idea de lo que has hecho? —intervino Mira—. ¿Del caos político que causará eso? El Consejo pedirá…

—Me da igual lo que pida el Consejo. —Algo en la voz de Ae ther hizo que todos se callaran.

—Pues explícanoslo —repuso Raven en voz baja—. ¿Por qué?

Aether apretó la mandíbula, y, por un instante, creí que no iba a responder. Después, me miró a los ojos mientras algo oscuro y violento le cruzaba la cara. Los demás siguieron su trayectoria, y, de repente, sentí el peso de cada mirada de la habitación.

Effie fue la primera en fijarse en la venda que me asomaba por encima del cuello de la ropa. Abrió los ojos de par en par y, acto seguido, los entornó hasta que fueron unas rendijas.

—No.

Intenté alejarme de su escrutinio, pero era demasiado tarde. La comprensión se propagó por todas las caras, seguida de inmediato por el horror y luego por la ira.

—Ese monstruo… —susurró Effie; el color había abandonado su rostro—. De verdad ha…

—Se lo merecía. Eso es lo último que diré al respecto. Tenemos otros asuntos que discutir —cortó Aether, aunque su voz todavía conservaba el borde peligroso—. Porque disponemos de un plan para avanzar, pero Urkin no lo aceptará.

—¿A qué te refieres con que no lo aceptará? —preguntó Vexa, aunque los ojos seguían fijos en mi cuello y los dedos agarrando con fuerza el cinturón de armas.

—Estoy harto de obedecer órdenes suyas. —Las palabras de Aether parecieron adherirse a las paredes—.

Ha servido a este reino bien durante treinta años, pero se ha quedado estancado en el pasado y no está dispuesto a escuchar enfoques nuevos.

Si continuamos su camino, destruiremos todo lo que queremos salvar.

—Hablas de deserción —susurró Rethlyn.

—Hablo de supervivencia. —Aether paseó la vista por la habitación—. Las torres de arcanita… Debemos evitar destruirlas.

—¿Evitar destruirlas? —Theron se enderezó en la silla—. Pero si esa es toda nuestra estrategia.

—Una estrategia que fracasará. —La voz de Aether se endure ció—. Porque, si destruimos esas torres, toda la esencia almacena da será destruida o perdida para siempre a manos de Sídhe.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó Mira.

—Porque descubrimos algo en Draxon. —Aether se detuvo con los ojos fijos en mí otra vez—. Algo que cambia todo lo que pensábamos que sabíamos de esta guerra.

—¿Qué es lo que habéis descubierto exactamente? —Rethlyn se inclinó hacia delante.

—Lo que averiguamos era información sobre algo llamado «sifón » —explicó Aether; su voz tenía tal peso que todos se inclinaron hacia delante también—. Una persona que puede redirigir el flujo de esencia por todo el reino.

—Nunca había escuchado algo así —comentó Rethlyn, arrugando la frente.

—Claro que no. —Aether tensó la mandíbula—. A lo largo de la historia, se ha borrado su existencia. Se les considera una abominación.

—Pero ¿por qué? —inquirió Vexa.

Di un paso adelante, ganándome la atención de todos.

—Porque no solo redirigen la esencia, sino que la pueden robar. La extraen de la propia tierra, de otras personas.

—Eso se parece a un damphyre —señaló Mira en voz baja.

Aether se acercó y dijo con tono más sombrío:

—Hay similitudes, sí, pero un damphyre se crea, se retuerce hasta cobrar forma mediante la muerte de otro kalfar.

Su habilidad para drenar esencia es antinatural, forzada.

Un sifón nace con ese poder. Es su atadura, es tan parte de él como respirar.

—Me miró de nuevo—. Pero, mientras que los damphyre solo pueden alimentarse de otro kalfar, el alcance de un sifón se extiende hasta la propia tierra.

Pueden extraer esencia de un sitio y canalizarla en otro.

Las dos acciones corrompen el flujo natural de esencia; por eso nuestra gente siempre los ha visto con tal… extrema virulencia.

—¿Y qué tiene eso que ver con las torres de arcanita? —preguntó Theron.

—Porque al fin sabemos cómo lo ha estado haciendo Sídhe —respondió Aether—. Cómo han estado drenando nuestro reino.

La sala se quedó callada, a la espera. Yo me adelanté.

—El rey de Sídhe es un sifón.

—El rey —susurró Raven, garabateando algo en un cuaderno—. ¿Esto es de conocimiento público en Sídhe?

Me apoyé contra la pared de piedra, trazando patrones en el suelo con la vista.

—Nadie ha sabido nunca cuál es su foco, su atadura. Siempre ha sido un misterio.

—Tendría sentido —añadió Vexa, paseándose ahora—. El modo en el que la sequía se extiende, cómo son capaces de drenar zonas concretas mientras dejan otras sin tocar…

—¿Cuánto? —preguntó Mira con la voz aguda—. ¿Cuánto tiempo lleva planeando esto?

—Décadas —contesté—. Desde que comenzaron a extraer arcanita en Riftdremar. Ese fue el objetivo en todo momento.

—¿Y qué hacemos entonces? ¿Matar al rey? —inquirió Theron.

Un escalofrío me recorrió la piel ante la idea, pero no podía decir que yo misma no lo hubiera considerado.

—No lo sabemos, aunque esto lo cambia todo. Debemos elaborar un nuevo plan para afrontar esto.

—Mientras tanto —intervino Aether—, tenemos una idea que podría ayudar a restaurar algo de lo que ha sido robado, pero vamos a necesitar la colaboración de todos los aquí presentes.

Rethlyn se inclinó mucho más adelante.

—¿Qué clase de idea?

Aether asintió en mi dirección, y yo avancé hasta llegar al centro de la habitación. El corazón me iba a mil; lo que estaba a punto de sugerir no era solo peligroso, sino probablemente imposible. Sin embargo, después de todo lo que habíamos descubierto, debíamos intentar algo.

—Creo que, si puedo conseguir arcanita, tal vez sea capaz de imbuirla con esencia.

—Eso es mucho suponer. —Mira entornó los ojos.

—Cuando Talon me examinó, dijo que la esencia parecía fluir a través de mí de un modo distinto al de una atadura. No había conexión entre la tierra y yo. —Hice una pausa, serenándome—. Dijo que yo creaba mi propia esencia. Que se autoabastecía. Valkan parecía opinar lo mismo.

Bajé los ojos al tiempo que otro silencio se propagaba por la sala.

—¿Y dónde exactamente propones buscar la arcanita? —preguntó Effie al fin, aunque algo en su tono sugería que ya conocía la respuesta.

Le sostuve la mirada.

—En Riftdremar.

Y, de nuevo, me gané la atención de todos.

—Eso es imposible —replicó Theron—. Riftdremar fue destruida. Todo se quemó…

—Pero ¿y si no es así? —insistí—. ¿Y si solo se llevaron lo que necesitaban? Podrían quedar reservas olvidadas después de todos estos años.

—Merece la pena intentarlo —dijo Vexa para mi sorpresa—. ¿Qué más opciones tenemos? Los hombres de Valkan tomarán represalias en algún momento. Debemos ser lo más fuertes posible antes de que caigan sobre Ravenfell y tener las ataduras al máximo.

—Debemos actuar rápido —añadí—. Antes de que al Consejo le dé tiempo a reorganizarse, antes de que las fuerzas de Draxon puedan movilizarse. Raven, tú serías nuestros ojos y oídos aquí en Ravenfell.

Él me miró de arriba abajo y asintió con un misterioso brillo en los ojos de nuevo.

—¿Y qué pasa si nos vemos rodeados por las fuerzas de Sídhe en el instante en el que descubramos esas minas? —preguntó Theron.

—Pues moriremos tratando de salvar nuestro reino —contestó Aether sin más—. En lugar de ver cómo se marchita hasta desaparecer del todo.

La sala se quedó en silencio otra vez mientras consideraban sus palabras. Vi cómo en sus caras la duda luchaba contra la esperanza y el miedo, contra la determinación. Al final, Vexa dio un paso adelante.

—Me apunto.

—Yo también —añadió Effie—. Aunque preferiría no morir si podemos evitarlo.

—En los archivos debe de haber mapas de Riftdremar de antes del incendio —propuso Raven—. Detalles sobre el lugar en el que se almacenaba la arcanita.

Mira intercambió una mirada con Theron antes de asentir.

—Después de lo que le ha ocurrido a Lael… Estoy harta de ver cómo perdemos a gente mientras esperamos órdenes.

—Debemos proceder con cuidado —dijo Rethlyn, pasando ya al modo táctico—. Explorar primero el territorio, planificar nuestro enfoque…

—No hay tiempo para eso —interrumpió Aether.

—¿Cuándo nos marchamos? —preguntó Vexa.

—Mañana por la noche. —La voz de Aether era decidida—. El Consejo seguirá sumido en el caos por la muerte de Valkan. Urkin aún no habrá regresado de Stravene. Es nuestra mejor oportunidad.

—Es… pronto —comentó Effie.

—No lo bastante —replicó Aether, y, por una fracción de segundo, vislumbré al líder que el Consejo había querido hacía tantos años. La autoridad de su voz, la determinación que tenía escrita en la frente, la presencia imponente que casi emanaba de él.

Transcurrió un momento mientras todos meditaban a lo que estaban accediendo. Lo que implicaría desertar de sus puestos, ir contra órdenes directas. Arriesgarlo todo por una teoría que podría no funcionar.

—Llevas razón —dijo Vexa al final.

Los demás asintieron, y algo se instaló en mi pecho, algo parecido al miedo, pero también algo más ligero, algo que resplandecía dentro de mí. Teníamos un plan. No era mucho, pero era algo.

—Descansad un poco —soltó Aether.

Conforme los demás salieron en fila, yo sujeté a Raven del brazo en la puerta.

—Quédate. —Miré a Vexa y a Aether, que todavía susurraban en la esquina de la sala. Effie estaba sentada sola con la cabeza entre las manos.

Caminé hacia ellos.

—Hay una cosa que todos debéis saber.

La gravedad de mi voz debió de haberse notado, porque Raven cerró la puerta de inmediato y tomó asiento delante de mí.