Capítulo 25
E l Vacío se extendía ante nosotros. Los susurros de la multitud se propagaron a través de la nada que había a mis espaldas, pero yo mantuve la mirada hacia delante buscando cualquier movimiento. Vexa permanecía junto a mí callada, algo impropio de ella.
—¿Cuánto tiempo he estado ahí? —pregunté al final, aún con la voz ronca.
—Doce horas. —Cambió el peso de un pie a otro y se cruzó de brazos—. Theron salió el primero y Mira después. Tú has salido con Lael hace una hora más o menos.
Asentí mientras lo procesaba. Los médicos no habían tardado en llevarse a Lael y en darse prisa por estabilizarlo. Se hallaba inconsciente pero vivo, eso era lo que importaba. Me había resultado imposible seguir el paso del tiempo allí, pues se alargaba y se contraía sin lógica ni motivo.
—Doce horas —repetí—. A mí me han parecido semanas. Y también minutos.
—Es normal. —Vexa sonrió, pero la sonrisa no le llegó a los ojos—. Aunque lo de salir con otra persona… Eso es… inusual. —Me lanzó una mirada—. ¿Quieres hablar de lo que ha ocurrido ahí?
—No mucho.
—Está bien. —Se quedó callada un momento—. Kenna todavía sigue dentro. Y Valkan.
Contemplé el Vacío y deseé en silencio que Kenna fuera la siguiente a la que dejara salir. Y que Valkan no saliera nunca.
Los demás candidatos se habían congregado cerca de uno de los salientes rocosos.
Theron estaba sentado con la espalda apoyada en la piedra y los ojos fijos en algún punto lejano, mientras que Mira daba vueltas cerca en círculos cerrados.
Sus quemaduras del Vacío parecían salvajes, recientes…
y dolorosas de un modo que hizo que mi propia piel me escociera por empatía.
—¿Has visto algo ahí dentro? —El susurro de Mira me pilló con la guardia baja. Había dejado de caminar y se había detenido a apenas unos pasos—. Además de la oscuridad, me refiero.
Abrí la boca, pero, antes de que pudiera responder, los nobles comenzaron a llegar en grupos; su ropa elegante contrastaba con el paisaje gris. Lord Skaldvindr lideraba uno de los grupos y Lord Sveinson, otro. Había cierta tensión en sus conversaciones en voz baja.
—Todos están aquí por la misma razón. —Rethlyn apareció a mi lado; su comportamiento juguetón había sido sustituido por frialdad—. Para ver qué es lo próximo que sale de la oscuridad.
—Querrás decir «quién» —lo corregí.
—No. —Siguió con la mirada a las casas nobles mientras se posicionaban de manera estratégica en la zona—. Kenna les da igual. Están aquí por él. La salida de Valkan podría cambiarlo todo.
—El Consejo ya se ha dividido —añadió Vexa en voz baja—. Si logra emerger con éxito ahí…
No hacía falta que terminara. Había visto lo rápido que las casas nobles habían cambiado sus alianzas durante la asamblea. Lo desesperados que estaban por cualquier solución para su reino agonizante.
Una figura empezó a materializarse en las sombras.
Valkan emergió de la oscuridad con la misma gracia fluida que había mostrado durante las pruebas. Cuando avanzó hacia la luz gris, se limpió una mancha oscura de los labios. Sangre. Me dio un vuelco el corazón. ¿Sería suya?
Barrió la multitud con los ojos antes de posarlos en sus brazos desnudos. Una sonrisa se le dibujó en la cara.
No tenía quemaduras del Vacío en la piel.
—¿Cómo es posible? —le susurré a Vexa, pero ella parecía tan confundida como yo.
La palabra «duskbound» se propagó entre la multitud a medida que Valkan alzaba los brazos y reclamaba su atención.
—Amigos míos —su voz se extendió por el lugar, suave como la seda—, el Vacío me ha elegido. No ha habido prueba, demanda ni sacrificio. Solo debía encontrar mi camino de vuelta a vosotros.
Pillé a Theron y a Mira intercambiando miradas de increduli dad. Sus quemaduras del Vacío parecieron oscurecerse en contras te con la piel inmaculada de Valkan.
Sus ojos blanquecinos se clavaron en los míos, y su sonrisa se volvió más afilada. Cruzó el espacio que había entre nosotros con pasos comedidos y se acercó tanto que le olí la sangre en el aliento.
—Sabía que eras especial —susurró. Antes de que pudiera reaccionar, me agarró de la mano y la alzó junto a la suya—. ¡Mirad! —gritó a la multitud—. ¡Dos duskbound han emergido para conducir a Umbrathia a una nueva era!
Aparté la mano de un tirón, pero, en lugar de retroceder, me mantuve firme.
—Hola, encanto —murmuró, acercándose más—. Estás deslumbrante.
—¿Y Kenna?
Soltó una ligera carcajada.
—Cuánto te preocupas por los demás. Qué… adorable. — Alargó la mano como si fuera a tocarme la cara, pero me eché hacia atrás—. Podríamos ser increíbles juntos, ¿sabes?
—No me has contestado.
—No —aceptó; su sonrisa se agrandó unos segundos—. Supongo que no. —Se pasó la lengua por los dientes.
—¿Te has encontrado con ella allí? —insistí, aunque el miedo se arremolinaba en mi estómago.
—El Vacío nos muestra quiénes somos de verdad —respondió con sencillez, bajando la voz—.
Algunos de nosotros solo estamos más… dispuestos a aceptar nuestra naturaleza que otros.
—Desvió los ojos a mis labios—. Tú también lo estarás con el tiempo.
Una vez que entiendas todo lo que podríamos conseguir juntos.
La comprensión me cayó como un jarro de agua fría.
—La has matado.
La sonrisa no se le borró de la cara.
—Menuda acusación, chica. —Se aproximó más, y noté su aliento frío contra el oído—. Hay mejores formas de usar esa boca tan bonita.
El asco me atravesó por completo, revolviéndome el estómago.
Antes de poder apartarme, Aether se materializó a mi lado.
Me agarró del brazo y tiró de mí para colocarme detrás de él mientras se posicionaba entre Valkan y yo.
Hasta con el uniforme podía ver la tensión que emanaba de su cuerpo, listo para atacar.
Por una vez, no me molestó que se metiera.
Urkin se adelantó, y los demás generales lo siguieron mientras se abrían paso entre la multitud. Se produjo un fuerte silencio en la zona. Urkin abrió los ojos como platos cuando se fijó en la piel sin marcar de Valkan.
—No es posible —dijo con un hilo de voz.
—¿No has experimentado nada? —Theron permanecía de pie con la voz cargada de incredulidad.
—Solo la pura oscuridad. —Valkan abrió los brazos sin dejar de sonreír—. La oscuridad que reconoce a su igual.
—Ningún damphyre había entrado antes en el Vacío. —Talon se aproximó, ajustándose la ropa de Archivística mientras estudiaba a Valkan—. No sabemos qué efectos podría tener.
La multitud manifestó físicamente rechazo ante la mención de los damphyre. Vi cómo la sonrisa de Valkan flaqueaba apenas un instante antes de volver a blandirla.
—No hay sombras en tus ojos —espetó Vexa. Se movió para acercarse, pero Effie la agarró del brazo y tiró de ella hacia atrás.
La guardia personal de Valkan se materializó de entre la multi tud y tomó posición alrededor de él con los ojos blanquecinos entrecerrados. Sus movimientos eran tan fluidos y suaves que me provocaron un escalofrío.
—La extranjera ha emergido envuelta en sombras —anunció el general Karis, paseando la mirada calculadora entre Valkan y yo—. Tú, sin embargo, has salido tal y como has entrado.
Un destello siniestro le cruzó la cara a Valkan.
—¿Veis mi piel marcada por las quemaduras del Vacío? —Valkan alzó la voz, dirigiéndola hacia la multitud con una autoridad entrenada—. Solo hay tres resultados cuando uno se adentra en el Vacío. Evidentemente, mi salida habla por sí sola.
—Demuéstralo. —La voz de Mira cortó la tensión mientras se ponía de pie de un salto.
—Bastará con una simple demostración. —Rethlyn se encogió de hombros, acercándose al lado de Vexa y Effie. Su mirada distendida no encajaba con el filo de su voz.
Valkan entornó los ojos, aunque mantuvo la sonrisa fija en la cara.
—Ningún otro kalfar que haya emergido inmaculado del Vacío ha dejado de reclamar el título de duskbound. No permitiré que me obliguéis a demostrar nada. Sigo siendo el lord de Draxon. Haríais bien en recordarlo.
Entonces, lord Skaldvindr salió de entre la multitud flanqueado por miembros de otras casas nobles. Paseó los ojos oscuros por la escena, evaluando.
—Lord Valkan, solicitamos que nos lo demuestres. Eso acabaría con todas las dudas de inmediato.
Valkan caminó con pasos largos hacia Skaldvindr, reduciendo la distancia hasta que apenas los separaron unos centímetros. Se inclinó y le susurró algo. Fuera lo que fuera lo que le había dicho, el rostro de Skaldvindr perdió todo rastro de color.
—Amigos míos… —Valkan se giró para dirigirse a la multitud con ese ensayado tono encantador en la voz de nuevo—, ¿es que no he demostrado mi valía una y otra vez?
Mientras otras tierras se marchitan, la gente de Draxon prospera.
Mientras que otros se mueren de hambre, mi pueblo da festines.
¿Y ahora vais a cuestionar mi valía después de haber pasado vuestras pruebas con un éxito sin precedentes?
Sus palabras estaban cargadas de un peso diferente ahora; había una amenaza velada bajo el encanto. Vi cómo varios miembros del Consejo se removieron con incomodidad.
—Si eres incapaz de demostrarlo —dijo Aether, cortando con su voz la retórica de Valkan—, entonces, vuelve a Draxon con el rabo entre las piernas.
Valkan se giró hacia él y, durante solo un momento, la máscara se le cayó por completo. Los ojos blanquecinos se le llenaron de un odio puro. A continuación, me miró, y algo peor reemplazó al odio: una promesa. Un hambre que hizo que se me helaran las venas.
Antes de que nadie reaccionara, su forma se onduló y se retorció. Donde había estado su cuerpo, ahora un pájaro negro enorme se alzaba imponente con las alas bloqueando la poca luz que quedaba. Con una poderosa batida de aquellas alas, emprendió el vuelo.
El caos se desató entre la multitud cuando Valkan desapareció entre las nubes.
De inmediato, lord Sveinson se volvió hacia sus alia dos con la cara colorada de furia mientras gesticulaba hacia donde había estado Valkan.
Otras casas nobles comenzaron a cambiar de aliados ante mis ojos; los que habían apoyado a Valkan en la asamblea ahora trataban de distanciarse con desesperación mientras otros aprovechaban la oportunidad para denunciarlo abiertamente.
Lord Skaldvindr se separó de los demás nobles y se acercó a nuestro grupo con pasos medidos. Me miró con aquellos ojos oscuros, deteniendo la vista en las sombras que todavía se aferraban a mi piel.
—Lo has hecho bien —comentó, aunque su tono reflejaba más evaluación que halago—. El reino recordará este día.
Le mantuve la mirada.
—¿Qué parte? ¿La parte en la que un damphyre proclama que el Vacío lo ha elegido? ¿O la parte en la que todo el mundo lo deja irse de rositas?
La ira o el miedo le cruzó la cara; no sabría decir cuál de las dos. Pero jamás abandonó la expresión diplomática.
—¿Y qué se suponía exactamente que debíamos hacer nosotros? Es un hombre libre. ¿Por qué lo íbamos a retener?
A sus espaldas, me fijé en que los guardias de los Skaldvindr ajustaban su posición de manera sutil, creando una barrera entre su lord y los partidarios que quedaban de Valkan.
Entonces, Effie se abrió paso a empujones entre la multitud; tenía la cara tensa por la preocupación cuando llegó hasta Vexa.
—No me puedo creer que haya salido de ahí siquiera. —Miró al Vacío y luego a nuestro grupo de nuevo—. ¿Y Kenna? ¿Alguien la ha vist…?
—No va a salir. —Las palabras me supieron a ceniza en la boca.
Observé cómo la comprensión se les reflejó en los rostros.
El silencio que se produjo fue ensordecedor.
La expresión neutral de lord Skaldvindr se quebró y, por unos segundos, un terror genuino le iluminó los ojos—. Valkan se ha asegurado de ello.