Capítulo 21 #3
No había ni un ruido en el bosque, a excepción del crujido de las ramas bajo nuestras botas. Agradecí el silencio tras la conversación junto al fuego, aunque mis pensamientos no hacían más que volver a sus preguntas sobre Laryk. A cómo parecían incapaces de entenderlo.
De repente, el brazo de Aether salió disparado delante de mi pecho, haciendo que me parara. Seguí su mirada al suelo, donde unos pinchos de madera podridos sobresalían de un foso oculto.
—Una trampa vieja —dijo, guiándome para rodearla—. El bosque está plagado de ellas.
—Pareces estar en tu hábitat natural aquí. —Recordé que Vexa lo había llamado «leñador» y que Rethlyn mencionó su cabaña—. Me sorprende. No tienes pinta de rural.
Arqueó una ceja.
—¿Y de qué tengo pinta?
—Bueno, nunca he visto a un cazador con tanto metal en la cara.
Soltó una extraña carcajada, profunda y fuerte.
—Los piercings son una tradición. Ya te irás enterando. —Le brillaron los ojos con diversión—. No sabía que las apariencias dictaminaban quién prefería los bosques a los fuertes.
—Entonces ¿admites que eres un ermitaño?
—Prefiero el término «sociable selectivo » .
—Sociable selectivo —repetí—. ¿Así es como llamas a esconderse en el bosque?
—Habló la mujer que se está escondiendo ahora en el bosque conmigo.
—No me estoy escondiendo, estoy… —busqué la palabra apropiada— evitando estratégicamente cualquier conversación. Y responsabilidad.
—Salta a la vista que eso te funciona. —Le apareció un hoyuelo mientras rodeaba un tronco caído.
Un silencio agradable cayó sobre nosotros mientras nos aden trábamos más en el bosque. La tensión de antes había desapareci do. Me encontré observándolo cuando no miraba, analizando su modo de moverse entre los árboles con tanta familiaridad.
—Cuidado con dónde pisas —dijo, señalando otra trampa—. Se vuelven más difíciles de localizar cuanto más nos adentramos.
—¿Cuántas veces has caído en una?
—Ninguna. —Un indicio de orgullo se le reflejó en la voz—. Aunque Vexa se las arregló para encontrar la más profunda la primavera pasada.
Sacudió la cabeza, como si recordara algo.
—Está convencida de que yo pongo trampas elaboradas solo para chincharla —dijo—. Como si no tuviera cosas mejores que hacer.
No pude evitar sonreír ante la estampa de Vexa cubierta de barro, lanzándole acusaciones. Era raro ver este lado de él: el humor sutil, la manera en la que su absurda melancolía se había suavizado. Ahora casi era amigable.
—Bueno, ¿qué haces exactamente aquí además de conducir a gente confiada a fosos mortales?
—Sobre todo, existir. —Se inclinó para esquivar una rama baja—. El bosque es más silencioso que el fuerte. Hay menos intrigas políticas.
Un chillido resonó encima, y los dos alzamos la mirada para ver una forma oscura recortada en el cielo gris. Nihr desplegó las alas cuando giró con brusquedad.
—¿Siempre te sigue así?
—Es protectora. —Aether siguió con los ojos el movimiento de su montura.
—Parecen… —vacilé— particulares. Al menos, para ser animales.
—Lo son. —Ese indicio de orgullo regresó a su voz—. Nihr me encontró poco después de salir del Vacío. No se apartó de mi lado en días. Al final, dejé de intentar ahuyentarla.
—¿Intentaste ahuyentar a una vördr?
—No fue mi momento más fino. —Se le contrajo una comisura de los labios—. Aunque, en mi defensa, diré que no pensaba con claridad en aquella época.
Traté de imaginarme cómo debió de haber sido.
Salir del Vacío sin recuerdos, sin saber quién eras ni de dónde venías, y que entonces una poderosa criatura como esa decida que mereces que te siga.
¿Sabría siquiera lo que era un vördr entonces?
¿O Nihr sería otra cosa extraña más en un mundo que no tenía sentido?
Nihr voló a través de las copas de los árboles; las ramas se mecieron a su paso.
—Y ella… ¿decidió quedarse sin más? ¿Incluso tras tu vacilación?
—Los vördr eligen a sus jinetes de por vida. Una vez que han tomado la decisión, no hay vuelta atrás. Son bestias cabezotas. — Se encogió de hombros—. No sirve de nada discutir con una criatura que ha vivido durante siglos.
—¿Qué edad tiene?
—Nadie lo sabe con exactitud. Los registros mencionan una vördr negra con alas con puntas plateadas durante la primera guerra, pero… —alzó la vista cuando Nihr sobrevoló en círculos— es imposible afirmar si se trataba de ella.
—Entonces, supongo que eso la haría vieja, ¿no?
—Y por eso dejé de protestar. —Esa ligera sonrisa apareció de nuevo.
—Bien visto. —Me detuve, dejándome llevar por la curiosidad—. ¿Cuál fue la primera guerra?
Clavó la mirada en mí, curioso.
—La guerra que puso a los Valtýr en el trono. Antes de ellos, gobernaba el linaje de los Syrndore. —Se crujió los nudillos; el sonido reverberó por el bosque seco—. Pero los Valtýr eran duskbound y afirmaron que era un derecho divino gobernar.
—¿Y por eso ganaron?
—Unieron a las demás casas nobles. Los registros dicen que la lucha duró décadas. —Apretó la mandíbula—. Casi destruyó el reino antes de que los Valtýr reclamaran el trono.
Asentí mientras volvíamos a caer en un cómodo silencio.
—Deberíamos regresar —dijo Aether—. Necesitarás descansar para mañana.
Lo seguí hacia la montaña, evitando las ramitas de la maleza espesa y seca, consciente de pronto de lo mucho más ligera que me sentía.