Duskbound (Trilogía Esprithean 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

L os árboles medio muertos crujieron en el viento. Nos sentamos en un pequeño claro un poco más allá de la entrada de la montaña, donde unas raíces torcidas se abrían paso a través de la tierra gris.

—Los dos entendéis que esta pequeña excursión no es algo de lo que podamos hablar con los otros candidatos, ¿verdad? —dijo Effie, alisándose unas arrugas invisibles del uniforme—. Se supone que no debemos mostrar favoritismo durante las pruebas.

Rethlyn prácticamente nos había arrastrado hasta aquí, explicándonos que ya había preparado una pequeña celebración. Había una hoguera rodeada de piedras con troncos envejecidos dispuestos en círculo y promesas de vino de arroz, que juró que nos fortalecería.

—O fraternizar con potenciales reclutas —añadió Vexa, y acercó a Effie contra su costado—. Aunque, tras la demostración de hoy, yo diría que algo de celebración está garantizado.

—Ese tipo de reglas son estúpidas si tenemos en cuenta todo lo que está sucediendo —dijo Rethlyn, y sacó una botella de arcilla de su bolsa de cuero—. Además, llevo meses preparando esto. Parece la ocasión perfecta para probarlo por fin.

—La última vez que dijiste eso, tres centinelas acabaron en el ala médica. —Vexa observó la botella con sospecha—. ¿Uno de ellos no perdió temporalmente la vista?

—Eso fue de otro lote —respondió Rethlyn con indiferencia—. Y todavía puede ver sombras.

—Ah, bueno, en ese caso… —Effie puso los ojos en blanco—, es muy seguro.

—He perfeccionado la receta —insistió Rethlyn, descorchando ya la botella. Un olor a metal quemado y fruta pasada llenó el aire—. O casi.

—Si me muero por esto —Vexa cogió la botella de todas formas—, vendré a por ti.

—Me parece bien. —Rethlyn sonrió—. Aunque, en teoría, tendrías que ponerte a la cola con los demás.

Me removí en el tronco que compartía con Lael, aún insegura de cómo actuar en una situación distendida con personas a las que había considerado enemigas hacía tan solo unas semanas.

Pero la presencia del chico me ayudaba a anclarme; su entusiasmo por los sucesos del día suponía un bienvenido respiro.

—Todavía no me creo cómo controlaste a ese lobo —le dijo Vexa a Lael—. Hasta Urkin parecía impresionado, y eso es prácticamente imposible.

—No tan impresionante como hacer que seis centinelas se enfrenten entre sí. —Lael sonrió y me dio un golpecito en el brazo—. Creía que la general Taliora se iba a caer de la silla.

El recuerdo hizo que me recorriera un escalofrío.

Seis mentes, más de las que jamás me había imaginado.

Aún sentía el eco de sus consciencias contra la mía, el modo en el que se doblegaron a mi voluntad.

La mirada en la cara de Urkin había sido de lo más satisfactoria.

Aquel ceño se transformó en algo parecido a la sorpresa cuando sus centinelas volvieron las armas contra los demás.

Incluso en este momento, horas después, el recuerdo de su indignación apenas contenida hacía que se me escapara una sonrisa de los labios.

De verdad esperaba que esto sirviera de algo.

—¿Creéis que ha sido suficiente? —pregunté, verbalizando la preocupación que me había atenazado desde la demostración—. ¿Compensará la prueba de combate de ayer?

—Si nos basamos nada más que en la cara de Karis —Vexa se inclinó hacia delante con la luz del fuego danzando por sus piercings—, yo diría que lo has compensado con creces.

—El único que parecía que había chupado un limón era Urkin —añadió Effie mientras aceptaba la botella de arcilla que le tendía Vexa—. Pero siempre tiene esa cara, así que yo no me preocuparía.

Vexa se volvió hacia el miembro más callado de nuestro grupo.

—¿Qué piensas tú, Aether? No has dicho ni pío sobre el tema.

—Lo ha hecho bien —respondió sin más; su voz tenía un peso familiar que hacía que hasta el más simple cumplido fuera significativo.

No pude contenerme y lo estudié a través de las llamas. Era fascinante lo diferente que parecía aquí —relajado, sereno, casi en paz— en comparación con la intensidad reprimida que desprendía cuando estábamos a solas.

—¿Cómo es el Vacío? —preguntó Lael de pronto; su voz aguda por la curiosidad—. A ver, si superamos las pruebas, eso es lo siguiente, ¿no?

La atmósfera casual cambió; una pesadumbre se apoderó del grupo. Effie fue la primera en romper el silencio.

—Lo recuerdo muy… intenso —respondió ella—, pero, en realidad, los detalles están… difusos.

Rethlyn asintió, tocándose distraído las quemaduras del Vacío.

—Lo mismo me ocurre a mí. Sé que entré y que salí, pero lo que sucedió entre medias es…

—Como intentar recordar una pesadilla —intervino Vexa, cogiendo a Effie de la mano—. Sabes que ocurrió, pero los detalles se te escapan.

Cayó un silencio incómodo cuando todos dirigieron la vista hacia Aether. Él ni se inmutó bajo sus miradas, continuó sin más observando el fuego mientras las llamas se le reflejaban en los ojos.

—¿Cómo fue para ti? —le preguntó Lael a Aether directamente, muy ingenuo o demasiado valiente para darse cuenta de la tensión—. Entrar en el Vacío.

El silencio se alargó, roto tan solo por el chasquido y el estallido de la madera al quemarse. Cuando Aether al fin habló, su voz era grave y comedida.

—El Vacío te pone a prueba de maneras inimaginables —contestó sin apartar la vista de las llamas—. Te enseña cosas, te hace ver, sentir y experimentar aquello que te rompe. La clave para sobrevivir no es la fuerza o la habilidad. Es el aguante.

Sus palabras parecieron propagarse entre todos nosotros.

—Lo que de verdad pretende —prosiguió— es que te pierdas a ti mismo. Que te enredes tanto en su oscuridad que jamás encuentres la salida. Debes demostrarle que no sucumbirás.

Lael se había quedado muy quieto a mi lado. Aether acabó al zando la vista del fuego y se le suavizó un poco la expresión cuan do miró al chico.

—Es tarde —dijo, poniéndose con habilidad de pie—. Debe ríais descansar. La travesía de mañana no esperará a reclutas cansa dos.

—Pero… —protestó Lael, mirando a todo el grupo—. Ya estamos aquí. Y quería probar el vino de arroz de Rethlyn…

—Para el que, por cierto, eres demasiado joven —lo cortó Ae ther; su tono no daba lugar a discusiones. Rodeó la hoguera y le colocó una mano firme a Lael en el hombro—. Vamos.

Lael me lanzó una mirada suplicante, pero me encogí de hombros con compasión. Hasta yo sabía que no había que discutir con Aether cuando empleaba ese tono. Al final, el chico se levantó con un suspiro exagerado que me recordó a Effie.

—Vale —refunfuñó, arrastrando los pies mientras Aether lo guiaba hacia la entrada de la montaña. Vi cómo desaparecían entre las profundidades.

—Bueno —dijo Effie, rompiendo la persistente tensión—, eso ha estado muy bien. Hablando de cosas más agradables… —Se giró hacia mí con un renovado resplandor—. ¿Cómo es el sitio del que vienes? Quiero decir, además de lo obvio de que intentan matarnos.

La pregunta me pilló con la guardia baja, aunque debería ha berla esperado. Estos momentos cercanos a la camaradería me ha cían olvidar cómo eran las cosas antes.

—Por los Esprithe, háblame de la comida —gimió Effie, inclinándose hacia delante y pasándome la botella de vino, que acepté a regañadientes—.

Echo de menos la comida de verdad. ¿Tienes idea de cuánto hace que no huelo nada fresco?

¿Como esas empanadillas de carne especiada de los vendedores ambulantes?

—Cerró los ojos como si tratara de evocar el recuerdo—.

Las que vienen envueltas en esa masa hojaldrada que humea cuando las partes por la mitad.

O conservas de frutos negros en condiciones que saben dulce en vez de…

—hizo un gesto vago a la nada— lo que sea que finjamos comer últimamente.

El vino de arroz me abrasó la garganta cuando tragué.

Sentí cada palabra de Effie como si cortara; no pretendía herir, pero igualmente escocía.

¿Cómo se suponía que iba a hablarle a esta gente de Sídhe?

¿De la abundancia que había allí? Sobre todo ahora que sabía de dónde procedía y lo que costaba. Me parecía cruel.

—El mercado de Ravenfell olía espectacular —añadió Vexa con tono nostálgico—. Antes de la sequía. ¿Te acuerdas de las setas asadas, Reth? Solíamos atiborrarnos.

Pillé a Rethlyn mirándome con una expresión comprensiva. Debía de haber notado mi incomodidad, tal vez literalmente, dadas sus habilidades.

—¿Qué hay de tu familia? —preguntó en un intento claro de cambiar de tema—. En Sídhe.

El alivio me embargó ante el giro de la conversación; no obstante, fue sustituido enseguida por un dolor de distinto tipo.

—Perdí a mis padres cuando era muy pequeña. —Recorrí el borde de la botella con el dedo—. Pero tengo a alguien, una amiga con la que crecí. Básicamente, es mi hermana. Es la persona a la que más echo de menos.

—Entonces —soltó Effie con los ojos reluciendo con repentino interés— ¿no hay ningún apuesto pretendiente aguardando tu regreso?

La pregunta me cayó como un jarro de agua fría, y noté que me puse seria antes de evitarlo. El cambio no pasó desapercibido; Vexa arqueó las cejas y Rethlyn se removió incómodo.

—Vaya —dijo Vexa, arrastrando las palabras—. Creo que nos tomaremos eso como un sí.

El grupo se acercó; su curiosidad era palpable a la luz del fuego. Me planteé mentir o evadir el tema, pero el vino de arroz ya me había soltado la lengua.

—Hay alguien —aclaré con dudas—. Aunque no es algo serio.

Se me vino a la mente el rostro de Laryk, aquella sonrisa la deada, la extraña ocasión en la que sus ojos esmeraldas me mira ron con dulzura en lugar de con la dureza que les mostraba a todos. Lo extrañaba. Y eso me asustaba. Porque no sabía lo que éramos.

—Es obvio que tu reacción parece insinuar que sí que era algo serio —azuzó Effie, interrumpiendo mis pensamientos. No me había percatado de la fijación con la que estaba mirando las llamas.