Duskbound (Trilogía Esprithean 2) Capítulo 14 #2
25%

Capítulo 14 #2

¿Qué me ocurría? Era mi captor. El hombre que me había apartado de todo cuanto conocía. Y aun así mi cuerpo estaba respondiendo de la misma manera que lo hacía con Laryk. El pulso acelerado. El hormigueo de la piel. Esa calidez peligrosa se enroscó debajo de mis costillas con fuerza.

Al menos, con Laryk había habido… algo. Atracción mutua, respeto ganado por medio del entrenamiento, cualquier cosa complicada que nos hubiera atraído a ambos. ¿Esto? No era nada. O eso debería ser.

Entonces ¿por qué no podía convencer a mi cuerpo traicionero de ello?

Pasó un instante entre los dos, atrapados en esta posición enloquecedora.

—¿Has terminado ya? —Alcé una ceja, negándome a mostrar lo afectada que estaba.

Algo en sus ojos cambió cuando bajó la vista a mis labios.

—No —contestó en voz baja—. Todavía tenemos que trabajar en la observación de tu atadura.

Entonces, me liberó, rodó hacia un lado y se puso de pie con un movimiento fluido.

Extendió una mano para ayudarme a levantarme, pero me mofé y me erguí sola, tratando de pasar por alto cómo me temblaban un poco las piernas.

Aún me iba el corazón a mil, ya fuera por la pelea o por algo más, me negaba a analizarlo.

—Llevas tiempo sin usarla —explicó, pasándose una mano por el pelo enmarañado—. Necesitas practicar.

Miré a mi alrededor e hice un gesto obvio hacia la sala de entrenamiento vacía.

—¿Con qué exactamente? ¿Con las paredes?

—Conmigo.

La palabra me golpeó como un puñetazo en la cara.

—Contigo no funciona.

—No —respondió—. Lo que pasa es que yo no permito que funcione conmigo. Es distinto.

Me dio un vuelco el estómago. Me había hecho creer que estaba indefensa contra él.

—¿Me estás diciendo que todas esas veces que me bloqueaste…?

—Fue una elección, sí. —La satisfacción en su voz me hizo querer tirarle algo a él. O a su mente. Ambos me parecían igual de atractivos ahora.

—¿Algo más que hayas dejado que me crea?

—Muchas cosas. —Permaneció con una expresión estoica, pero algo titiló en aquellos ojos dorados que hizo que se me acelerara el pulso—. ¿Cuál es el alcance de tu habilidad exactamente? —inquirió.

La cuestión removió algo que había estado evitando, así que decidí preguntar una cosa yo.

—Has dicho que la podías ver, ¿no? Mi telaraña.

Se detuvo y alzó una ceja.

—Veo energía emanar de ti, blanca y perlada.

Como volutas y zarcillos serpenteando por el aire.

—Sus ojos siguieron algo invisible cerca de mi hombro, y contuve un escalofrío.

La idea de que hubiera estado viendo mi poder todo este tiempo, observando con exactitud lo que hacía, me parecía extrañamente íntima—.

Al principio, creía que todo el mundo podía verlo.

—Entonces ¿tienes otros talentos ocultos que no me hayas contado? —Me crucé de brazos, usando el sarcasmo para ocultar lo inquieta que me sentía ante su admisión—. ¿O he de pasar otro tiempo en aislamiento para que me reveles eso también?

—Ya es hora de que superes eso. —Me examinó con una atención inquietante—. El enfado no te sienta bien.

—No estoy enfadada. —La mentira sabía amarga—. Solo me parece interesante lo selectivo que eres con la información.

—Dijo la mujer que es evidente que se está callando algo ahora mismo.

Abrí la boca para protestar, pero su ceja alzada me detuvo.

Se me vinieron a la mente los sueños, recordé que veía por medio de los ojos de otros, que observaba a Laryk por medio de los de Mercer.

Pensar en contárselo a Aether me provocaba un nudo en el estómago.

Ya tenía demasiado poder sobre mí. Y algo que podría usar para espiar a ambos bandos de esta guerra…

No podía arriesgarme a que cayera en manos equivocadas.

—Bueno —dije en cambio—, mis habilidades se manifestaron por primera vez como algo mucho más caótico, y he de admitir que terrorífico. Mis amigos de casa lo llaman «reventar mentes».

Arrugó las cejas ante aquello.

—¿Debería preocuparme?

—Probablemente. —Sonreí con dulzura, disfrutando del inusual momento de tenerlo descolocado—. Me lo han descrito como agarrar con tanta fuerza una mente que se hace papilla.

—Qué bonito. —Sin embargo, reparé en la ligera diversión de sus ojos—. Igual la demostración la dejamos para otro día.

—¿Tienes miedo?

—Es por precaución. —Se inclinó hacia atrás, y traté de no percatarme de cómo las sombras jugueteaban por su rostro—. Tomar una mente es una cosa, pero reventarla… —Me estudió con un nue vo interés que me puso la carne de gallina—. ¿Cómo funciona?

Me removí bajo su mirada.

—¿El tomarla? Es simple en realidad. Mi telaraña se mete en la zona correcta, como una llave en un cerrojo, y después puedo mandar órdenes a través del vínculo.

Las sombras de la habitación se oscurecieron, y no supe decir si fue por él o cosa de mi imaginación.

—Enséñamelo.

—¿Estás seguro? —El corazón se me iba a salir por la boca—. ¿No me vas a bloquear esta vez?

—A menos que me des una razón para hacerlo. —Volvió a aparecer ese filo peligroso en su voz.

Inspiré hondo y me senté, convocando la telaraña.

Subió entrelazada por mi columna con ese brillo familiar y se esparció del cráneo al espacio a nuestro alrededor.

Era evidente que él se fijaba en sus movimientos ahora, y el aire entre nosotros se cargó de electricidad mientras los zarcillos se dirigían hacia él.

Sin embargo, no parecía asustado, se le veía como siempre, con esa calma ilegible en sus rasgos.