Duskbound (Trilogía Esprithean 2) Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Nos unimos a la multitud que salía al salón principal.

Delante, Aether y Vexa se encontraban cerca de una chimenea enorme cuyas llamas arrojaban sombras danzantes por las paredes de piedra.

Algo en la postura de Aether me hizo detenerme: tenía la mandíbula tensa, los hombros rígidos y los ojos dorados ardiendo con un filo cortante.

Cruzó la mirada con la mía un instante antes de volverse hacia Effie. Intercambiaron un sutil asentimiento.

Vexa dobló por un pasillo que se bifurcaba desde el salón principal, en sentido contrario al que se dirigía la multitud.

—¿Puede alguien explicarme…?

La voz de Aether atravesó el aire.

—Espera hasta que estemos solos.

—No sabía que el apoyo había cambiado tanto desde la última asamblea —susurró Vexa, pasándose una mano por el pelo—. Y ahora trata de comprar la lealtad de la gente con un festín, venga ya. Es deplorable.

—Entonces ¿vamos a ir al fest…?

—Effie, ¿en serio? —El filo de la voz de Vexa podría haber cortado cristales.

—A ver, ya que estamos… —Effie se encogió de hombros; su comportamiento superficial regresó cuando echó un vistazo por encima del hombro hacia el distante sonido de las voces—. Me parece cruel que se desperdicie.

—Ella ya ha visto suficiente. —Aether clavó los ojos en algún punto distante, con la voz grave—. Es hora de largarse.

—Es más sospechoso que nos vayamos —replicó Effie—. Ur kin se preguntará…

—Que lo haga.

—¿Quién es él? ¿Quién es Valkan? —Se me escaparon las palabras antes de poder contenerlas—. Responded. Ya.

—Es el lord de Draxon. —Vexa nos llevó más adentro del pasillo, donde este giraba a la izquierda, fuera de la vista—. Es la ciudad más lejana de la brecha. En el extremo sudoeste de Umbrathia.

La bilis me subió por la garganta.

—Sabéis lo que os estoy preguntando. ¿Por qué tiene tierras fértiles si todo el mundo se muere de hambre? ¿Por qué el Consejo lo mira como si fuera un monstruo? ¿Qué es lo que no me contáis?

—Hay una diferencia de opinión en lo que respecta a cómo afrontar la guerra —dijo Effie en voz baja; el tono juguetón había desaparecido de su voz.

—No lo entiendo. Estáis todos desesperados por acabar con Sídhe. ¿Qué tiene él de repulsivo para que tracéis la línea ahí? ¿Qué me estoy perdiendo? —Las palabras me salieron en un siseo. Lo estaban haciendo de nuevo, darme respuestas que solo llevaban a más preguntas.

Vexa miró a Aether, que permanecía como una estatua, antes de volverse hacia mí. Cuando la chica habló, su voz temblaba con una rabia apenas contenida:

—Lo que él… Lo que su gente hace para mantener la vida es… blasfemo. Es ilegal en todo el reino. Un ritual asqueroso que va en contra de todo lo que somos como kalfar. La profanación de esencia es la mayor herejía que alguien puede cometer, y él ha reunido a un ejército considerable de ellos.

—¿De quiénes?

—De damphyre. —La palabra salió de los labios de Aether como si fuera un insulto.

—Ya no necesitan comida —continuó Vexa, bajando el tono de voz—. Toman su alimento directamente de la sangre de los demás. Consumen la esencia de otro kalfar.

El espanto me recorrió la espina dorsal.

—¿Quieres decir que se alimentan de personas?

El silencio fue respuesta suficiente.

—Pero… no lo entiendo. ¿Cómo es eso sostenible?

Vexa exhaló un aliento tembloroso.

—Les proporcionan a los… voluntarios una vida cercana al lujo. Te sorprenderías de las cosas a las que se somete la gente cuando ya no le queda nada. Como los damphyre no necesitan comida, hay más para repartir entre los kalfar a los que drenan.

—¿Y eso qué les hace a sus ataduras? —Me apoyé en la pared para estabilizarme, mareada de pronto.

—Las fortalece. Las hace más poderosas que antes de la sequía.

El nudo en el estómago se me volvió más grande.

—Y quieren unirse a la Umbra… —Cuando me di cuenta, lo sentí como un puñetazo—. Unirse a la lucha contra Sídhe…

—Un montón de cuerpos llenos de esencia y sin límites para matar. —La voz de Vexa era más amarga—. Las quemaduras del Vacío no son más que un añadido. Eso hará que Valkan quede genial cuando trate de usurpar la Corona.

Me quedé tiesa. «Por esto me quieren. Por esto están tan desesperados. Yo soy la alternativa a…».

—¿Qué tenemos aquí? —La voz se deslizó por el pasillo como la seda. Valkan estaba pegado a la pared, observándonos con aquellos ojos blanquecinos desconcertantes y sus rasgos perfectos dispuestos en una expresión de curiosidad.

El repentino jadeo de Effie hizo que bajara la vista. El negro se desvanecía de mi melena, retirándose como humo que se disuelve en el aire. Unos tirabuzones blancos comenzaban a aparecer.

—Valkan. —Aether había bajado tanto la voz que se había transformado en algo aterrador. Se puso delante de mí; su figura de pronto parecía más grande, más peligrosa—. Esto no es de tu incumbencia. Márchate.

Valkan curvó los labios en algo que no era exactamente una sonrisa.

—Solo siento curiosidad por tu nueva amiga, Aether. No seas grosero; es impropio de ti.

Dio un paso adelante; aquellos ojos apagados me observaban con un interés horrible. Aether se movió a la par que él, manteniendo la barrera entre nosotros.

—Igual no he sido lo bastante claro —rugió—. Lárgate antes de que te obligue yo a hacerlo.

—No es necesaria tanta hostilidad. —Valkan alzó las manos en un gesto fingido de rendición, pero su voz seguía teniendo un matiz oscuro—. Es una fiesta al fin y al cabo. ¿Dónde están tus modales?

En un abrir y cerrar de ojos, Valkan estaba contra la pared con los pies colgando como si una mano invisible lo sujetara por la garganta. Aun así, esa diversión horrorosa jamás se le borró de la cara. Aether se acercó con la cabeza ladeada y los brazos detrás de la espalda.

—Supongo que tendremos que hacer esto por las malas.

—Vaya, qué protector, Aether. ¿Quién es ella para ti?

—Me clavó los ojos apagados de nuevo—. Tienes suerte de que lleve mi mejor traje.

De lo contrario, me habría visto obligado a tomar represalias contra este ataque feroz e injustificado.

¿Cómo explicaría eso tu querido Urkin? —Su sonrisa se hizo más grande y enseñó demasiados dientes.

—Vexa, sácala de aquí. Effie, busca a Rethlyn y haced lo mismo.

—Pero Aether…

—No lo voy a repetir. —Las sombras a su alrededor parecieron retorcerse.

Vexa me agarró el brazo con fuerza y tiró de mí hacia el pasillo. El pulso le latía como loco donde se tocaban nuestras pieles, a juego con el frenético ritmo del mío.

—Hasta la próxima, querida. —La voz de Valkan nos siguió mientras Vexa empujaba una pesada puerta hacia el aire gris. Corrimos a través del campo hasta donde esperaban los vördr; el sonido de nuestras botas sobre la hierba helada estuvo a punto de ahogar el estruendo de mi corazón acelerado.

A punto.