Duskbound (Trilogía Esprithean 2) Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

Contemplé a Aether y, acto seguido, a Vexa; ninguno de los dos se dignó a mirarme cuando el hombre arrastró los pies hacia mí, enrollándose las mangas. En una reacción instantánea, se me tensó el cuerpo, me levanté rápido y retrocedí unos cuantos pasos.

—Fia, tranquila. No va a hacerte daño —susurró Vexa.

—Sí, y es una lástima. —Effie frunció el ceño al otro lado de la mesa.

—¿Alguien puede explicarme qué está pasando? —pregunté entre dientes mientras alzaba los brazos en señal de advertencia. El hombre se detuvo.

—Va a observar tu atadura, tu foco o como quieras llamarlo.

—Rethlyn se puso de pie y gesticuló con los brazos como si fuera a calmarme.

En un momento, se me relajó el cuerpo sin que yo quisiera.

Me senté en la silla mientras la confusión me invadía al tiempo que mi respiración se volvía lenta, mesurada y casi meditativa.

—¿Qué sucede? —pregunté.

—Tú intenta relajarte nada más. —Rethlyn vino a situarse junto a mí—. Te juro por los mismísimos Esprithe que no sufrirás daño —me dijo, y otra oleada de alivio intenso me recorrió—. Por si te ayuda.

Me dedicó una breve sonrisa.

—Ahora, dale a Talon tu brazo.

No reaccioné cuando el hombre extendió la mano en busca de la mía, pero la preocupación le cubrió los rasgos cuando me sujetó la muñeca y respiró hondo.

—No tardaré mucho. —Asintió mientras cerraba los ojos. La sala permaneció en un silencio inquietante; la atención de todos estaba centrada directamente en mí, en el agarre del hombre.

—Qué raro —susurró, arrugando la frente.

—¿Qué ves? —preguntó Vexa.

Él permaneció en silencio un rato más con los labios fruncidos en una dura línea antes de soltarme la mano. Miré a Vexa y a Ae ther llena de confusión.

Talon se dejó caer en la silla que había a mi lado y dirigió la vista despacio a Aether.

—La esencia corre por ella, pero no es una atadura —dijo al fin—. No hay nada que la ate a la tierra. La esencia de su interior se… autoabastece… —Se calló y parpadeó, como si se esforzara por comprenderlo.

Vexa y Effie lanzaron los ojos en mi dirección mientras Rethlyn se alejaba un paso de mí.

El corazón me dio un vuelco. ¿Que se autoabastece? Siempre había sabido que mi foco era distinto, me había pasado años ocultando lo diferente que era, pero había asumido que se debía a que de alguna manera había algo malo en mí. No porque yo fuera… ¿qué? ¿Algo más?

—¿Qué significa eso? —pregunté en voz baja.

—Pareces… generar tu propia esencia. —El hombre me observó con cautela.

Las implicaciones me atravesaron como oleadas.

Cada información que había aprendido sobre la esencia, sobre cómo fluía por la tierra, cómo nosotros éramos meros canalizadores de su poder, había sido errónea.

O, por lo menos, en mi caso. ¿En qué me convertía eso?

No era exactamente aossí ni tampoco kalfar. ¿Algo a medias?

Pensé en todas las veces que había contenido mi foco, que había intentado hacerlo pequeño, más normal. ¿Cuántas veces había senti do esa diferencia y había elegido ignorarlo? ¿Cuántas señales me habría perdido porque estaba demasiado asustada para fijarme?

—Se parece a ti, Aether… —A Effie le tembló la voz.

—No, ya os lo he dicho. Jamás había visto algo así. No sé cómo Aether alberga las habilidades que tiene. No puedo leer ni un solo ápice de esencia, ni nada más, en su interior. Es como si los poderes de él procedieran de la nada. —Talon paseó los ojos por la habitación.

—También lo he visto en ella —replicó Aether con sequedad.

Todos se fijaron en él.

—Siempre que canaliza, veo cómo a su alrededor se entrelazan volutas de energía que irradian a través de ella hacia fuera.

Cruzó la mirada conmigo y, por una vez, no pude desviar la vista. Había algo en aquellos ojos que hacía que me quedara sin aliento; no era reconocimiento, sino comprensión. Como si él supiera lo que implicaba ser diferente, ser algo distinto a lo que todos esperaban.

—Cielo, ¿tus habilidades se han reducido desde tu llegada a Umbrathia? —preguntó Talon.

Titubeé, extendí la telaraña y dejé que me acariciara la columna con un aleteo agradable. Me pareció normal, como siempre desde que había aprendido a controlarla.

—No —respondí.

Rethlyn avanzó hacia mí de nuevo con ojos curiosos.

—Ni te atrevas —le dije, alzando la mano a modo de advertencia—. Que no se te pase por la puta cabeza hacer otra vez lo que sea que has hecho antes.

—¡Pero bueno! —contestó Rethlyn con las manos en alto en señal de acatamiento—. Solo quería ayudar.

—Ahora me toca a mí hacer las preguntas —espeté con la voz tensa observando a Vexa.

Ella me devolvió la mirada y asintió.

—Muy bien, Talon, ya puedes irte —soltó ella mientras le indicaba que se marchara—. Vuelve corriendo a la ciudadela.

El hombre me observó sin más, luego a Vexa y, por último, a Aether, donde detuvo más rato los ojos al tiempo que se levantaba y se ponía bien la ropa.

—Si de veras pensáis que es posible que sea una duskbound, ya sabéis que solo hay una forma de que él lo crea. —Talon le dirigió a Aether una mirada intencional y se fue a la puerta.

—¿De qué habla? —pregunté, y miré alrededor, pero el ambiente de la habitación se había vuelto cargado. Todo el mundo parecía haberse puesto rígido, todos excepto Aether.

Él suspiró y se inclinó hacia la mesa.

—Tienes que entrar en el Vacío.

Un temor desconocido se apoderó de mí ante su tono.

—¿Qué es exactamente el Vacío?

—El lugar más aterrador que te puedas imaginar —musitó Effie.

—Effie —la advirtió Vexa con un tono agudo cortando el aire. Se giró hacia mí y me explicó—: Es algo antiguo… Una masa de oscuridad que engulle la parte más al norte del reino.

Desvié la vista hacia Rethlyn, que se había levantado del asiento y tenía los ojos clavados en la pared.

—Es la única oscuridad que nuestros ojos no pueden atravesar —dijo en voz baja—.

El Vacío no es solo un lugar, es una ausencia, un abismo que consume no solo materia, sino la mismísima esencia del ser.

Adentrarse en él es deshacerse. —Se le quebró un poco la voz y tenía la mirada perdida, como si estuviera rememorando un recuerdo enterrado mucho tiempo atrás.

Sentí un ardor en el estómago y un sudor frío recorriéndome la piel.

La voz de Vexa disminuyó casi a un susurro, como si hablara de algo que no debiera repetir:

—Cuando te adentras en el Vacío, hay tres posibilidades.

Le lanzó una mirada a Aether y añadió con palabras lentas y deliberadas:

—Si resistes el frío, la muerte que promete… En primer lugar, si logras sobrevivir, saldrás con quemaduras del Vacío. Te convertirás en un recipiente. —Vexa bajó la vista hacia su brazo y se enrolló la manga para revelar unas marcas negras que le cubrían la piel.

—¿Y si no? —pregunté.

Aether posó en mí los ojos mientras las sombras se le derramaban de las comisuras de los iris dorados. Bajó la voz, ronca y grave.

—Si no, sales indemne, al menos por fuera.

Pero que no te quepa la menor duda de que te habrán marcado.

Esas sombras se te pegan al alma y graban sus instrucciones muy adentro; se vuelven inherentes.

Tan innatas como respirar. —Hizo una pausa y su mirada se intensificó—.

Sales como una verdadera dominadora. Emerges como duskbound.

Suspiré.

—¿Y la tercera opción?

—Mueres.