Duro como piedra EPÍLOGO 1
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EPÍLOGO 1

AXEL

Un mes después...

Los últimos días del verano bañan el césped del club en luz dorada mientras los niños se persiguen entre las mesas de picnic, sus risas mezcladas con el chisporroteo de las hamburguesas en la parrilla y el ronroneo constante de las motos acelerando para celebrar la boda de Hawk y Andi.

Desde mi puesto en la parrilla lo veo todo: mis hermanos relajados con sus familias, Duck discutiendo con Tank sobre cómo asar bien, y Lee ligando con una de las nuevas camareras del Devil's.

Pero no puedo dejar de mirar a Poppy.

Está sentada con Andi en una manta a la sombra, con el pequeño Adam delante jugando con una torre de vasos mientras las gemelas le cantan y bailan.

Verla tan natural con los niños, con esos instintos de mamá osa que ya asoman en cómo los trata, me llega al alma.

Me hace pensar en nuestro futuro, en verla con la barriga hinchada esperando un hijo mío.

—Se te están quemando las hamburguesas —dice Lee, que aparece a mi lado—. Y miras a tu vieja como un adolescente enamorado.

Le hago una peineta sin apartar la mirada de Poppy.

—Creía que estabas ocupado con la camarera nueva.

—¿Sarah? Solo soy amable.

Pero hay algo en su tono que me hace mirarlo.

—¿Por ella has estado en el Devil's todas las noches esta semana?

—No. He estado hablando con Devil. Va a vender. Pero no a nosotros.

—¿En serio? ¿A quién se lo vende? Más vale que no sea a los cabrones de Summit.

Lee niega con la cabeza.

—No, Devil dejó claro que no es Summit. Dice que el comprador quiere mantener el Devil's como bar, solo darle un lavado de cara. Meter música en directo, quizá ampliar la terraza. Devil cree que será bueno para el barrio.

Asiento pensativo mientras le doy la vuelta a las hamburguesas.

—Mientras no sea Summit metiéndose, me parece bien. Esa zona necesita sangre nueva, inversión que no tenga que salir de nosotros. Los fondos del club no dan para todo.

—Hablando de negocios, Duck dice que Summit está desesperada. Intentaron buscar otra constructora cuando los Bennett se retrasaron con los primeros plazos, pero con el respaldo del club y los materiales ya puestos, nos quedamos con el contrato. Summit está que trina.

Sonrío, con el pecho henchido de orgullo. Bajo la gestión de Poppy y sus hermanos, Bennett Construction ha avanzado más en un mes que Summit en seis. La diferencia se nota en cada reparación que terminamos.

—Bien. Que se jodan.

—El lado oeste también tiene mejor pinta. Los sistemas de drenaje que instalaron ahora funcionan de verdad.

Lee recorre el césped con la mirada hasta donde Felix charla animadamente con Stone sobre el próximo proyecto.

—Increíble lo que pasa cuando haces las reparaciones bien y no las usas para echar a la gente.

—Hablando del lado oeste...

Señalo con la cabeza hacia Hugo, que está ayudando a María a llevar un plato de galletas a la mesa de postres. Sus manos se rozan cuando ella deja la bandeja, y no se me escapa la sonrisa tímida que comparten.

—Ahí hay algo.

Lee se ríe.

—Sí. Me han dicho que se ofrece a hacer chapuzas en su casa desde que se mudaron a Paradise. Creo que le ha arreglado el porche tres veces solo esta semana.

—JJ también parece estar mejor —comento, viendo al chaval sonreír de verdad mientras enseña a los más pequeños a lanzar el balón—. Vuelve a ser el de antes.

—Quiere ser prospecto.

Arqueo una ceja mirando a Lee.

—Todavía es muy joven.

—Lo sé, pero el chaval tiene potencial. Vista aguda, buenos instintos. Podría merecer la pena tenerlo en el radar, ir preparándolo para cuando tenga edad.

Asiento.

—Ya veremos. De momento, alegrémonos de que esté mejor. María también parece más contenta.

—Tienes razón —dice Lee en tono normal antes de añadir en voz alta—: Aunque si Hugo le rompe el corazón a María, tendremos que tener unas palabritas con él.

Hugo titubea, el cuello rojo como un tomate al darse cuenta de que lo estamos mirando. Le murmura algo a María y sale pitando, casi tropezándose con sus propios pies.

Niego con la cabeza entre risas.

—El chaval está pillado.

—No le culpo.

Lee se encoge de hombros.

—María es un partidazo. Fuerte, independiente, genial con sus hijos. Además, ¿has probado sus tamales? Cualquiera se enamoraría solo por eso.

—Ojo —le advierto en broma—. Sigue hablando así y la gente va a pensar que tú te has ablandado.

—Qué va —dice, alejándose para reunirse con los demás—. No me interesa buscarme una vieja. Solo digo que María merece volver a ser feliz.

Poppy me pilla mirándola desde el otro lado del patio y sonríe, esa sonrisa suave y especial que guarda solo para mí.

El corazón me da el vuelco de siempre mientras la veo devolverle a Adam a Andi y levantarse, sacudiéndose la hierba de los vaqueros.

Está guapísima con su chaleco, el parche de «Propiedad de Axel» bien visible mientras viene hacia mí.

—Hola, buscalíos —la saludo, atrayéndola hacia mí para un beso que se alarga más de lo que sería apto para menores—. ¿Te lo estás pasando bien con los enanos?

Se le ilumina la cara.

—Son geniales. Adam ya empieza a ponerse de pie, y las gemelas me han enseñado cómo Steel les enseñó a cantar «estrellita, dónde estás».

Me viene a la cabeza la imagen de nuestro prospecto, duro como el pedernal, haciendo gestos de estrellita con su tiara de siempre, y me echo a reír. Pero enseguida la sustituye una visión de Poppy con nuestro propio bebé, enseñándoles a nuestros hijos canciones infantiles y bailes tontos.

—¿Qué? —pregunta, pillando algo en mi expresión.

—Nada, pensaba.

Le acaricio la mejilla con el pulgar.

—En lo natural que estás con ellos. En lo bien que queda.

Se le corta la respiración al leer entre líneas. —¿Sí?

—Sí. —Me inclino para murmurarle al oído—. Me hace pensar en hacerte uno yo.

El escalofrío que la recorre me dice que la idea no le desagrada. —Axel...

—¡Deja de quemar esas hamburguesas y buscaos una habitación! —grita Duck.

Poppy le saca la lengua, pero no aparta los ojos de mí. —Quizá deberíamos. Estrenar ese colchón nuevo.

Sonrío y le rodeo la cintura con un brazo, atrayéndola contra mí. —Me has leído la mente, buscalíos.

Le agarro la mano y prácticamente la arrastro por el césped, deteniéndome solo lo justo para pasarle las pinzas a Lee e ignorar su sonrisa cómplice mientras guío a Poppy de vuelta al club.

En cuanto llegamos a nuestra habitación, la tengo contra la pared y mis manos ya están desabrochándole los vaqueros.

—¿Impaciente, eh? —bromea sin aliento, aunque sus dedos están igual de desesperados, tirando de mi cinturón.

—¿Por ti? Siempre. —Le atrapo la boca en un beso abrasador, tragándome su gemido mientras le bajo los vaqueros y las bragas por las piernas. Se los quita con impaciencia y luego me baja los vaqueros hasta los tobillos. Pero se quedan atascados en las botas.

—Joder. Bah, olvídalo —dice, rodeándome la polla con la mano y pasando la lengua por la punta, haciéndome gemir—. Ya tengo lo que quiero.

—Poppy —siseo, agarrándome al marco de la puerta para no caerme.

—¿Mmm? —ronronea, recorriendo mi miembro con la lengua y metiéndome más adentro en su boca cálida. Su mano acaricia la base mientras me lleva más profundo, tarareando alrededor de mi polla de una forma que me hace flaquear las rodillas.

—Joder, cariño, tu boca... —Entrelazo los dedos en su pelo, sin empujar ni controlar, solo aferrándome como si me fuera la vida en ello mientras me trabaja.

Se aparta con un chasquido obsceno, los labios brillantes e hinchados. —¿Te gusta eso, Capitán de Ruta? —Su voz es ronca, rota y jodidamente sexy—. ¿Te gusta cuando me arrodillo para ti?

—Sabes que sí. —Le aprieto los dedos en el pelo, guiándola de vuelta a mi polla palpitante—. Ahora sé buena chica y dale mejor uso a esa boca descarada.

Sus ojos se oscurecen ante la orden y obedece con ganas, rodeándome con los labios una vez más. Me lleva hasta el fondo, relajando la garganta hasta que su nariz me roza los abdominales. Me estallan estrellas detrás de los párpados cuando su garganta me aprieta la punta sensible.

—Dios, Poppy, así, así —digo con voz ronca, presionándole el cuero cabelludo con los dedos. Gime alrededor de mi polla y las vibraciones hacen que se me contraigan los huevos. Su lengua traza la gruesa vena de abajo mientras va y viene, acercándome más y más al límite con cada giro y cada lametón.

Justo cuando estoy a punto de correrme, le tiro del pelo y la aparto de mi polla con un gruñido. —Arriba —ordeno con brusquedad, la voz ronca de necesidad—. Por mucho que me encante esa boca sucia, necesito estar dentro de ti cuando me corra.

Poppy se levanta con un brillo perverso en los ojos mientras se limpia los labios relucientes con el dorso de la mano. —¿Cómo me quieres? —ronronea, ya girándose para apoyar las manos en la puerta.

—Así, perfecta —digo con voz ronca, recorriéndole la curva del culo con las manos antes de agarrarle las caderas—. Abre las piernas para mí, buscalíos. Enséñame cuánto lo deseas.

Obedece con un gemido necesitado, abriendo más las piernas y arqueando la espalda para ofrecerse a mí. Gimo ante la vista: sus labios hinchados brillando de excitación, los pliegues rosa oscuro llamándome.

Le paso los dedos por la raja, recogiendo su humedad antes de rodearle el clítoris, haciéndola jadear y empujarse contra mi mano.

—Por favor, Axel —gime, empujándose hacia atrás contra mis dedos provocadores—. Te necesito dentro.

Sonrío, encantado de lo desesperada que suena. —Pídelo bien, buscalíos. Suplica por mi polla.

—¡Joder, por favor! —gimotea, meneando las caderas con impaciencia—. Por favor, fóllame, Axel. Necesito tu polla grande y gruesa abriéndome. Llenándome. Haciéndome tuya.

Sus súplicas guarras me arrancan un gemido del pecho. —Esa es mi chica sucia —la elogio mientras me alineo con su entrada—. Cogiendo lo que necesitas como una buena bribona.

Con una embestida dura, me entierro hasta el fondo en su calor apretado. Los dos gritamos por lo repentino, Poppy apretándose como un puño alrededor de mi polla palpitante.

—Oh, Dios —jadea, apoyándose en la puerta mientras empiezo a moverme—. Sí, Axel, así. Fóllame duro.

—Lo tienes, nena. —Marco un ritmo brutal, mis caderas chocando contra su culo con cada embestida contundente. Cómo gime y se retuerce, saliendo a mi encuentro con cada embestida poderosa, casi me hace perder la cabeza.

—Más fuerte —exige—. Quiero sentir esto durante días.

Gruño como respuesta, agarrándole las caderas con más fuerza mientras me estrello contra ella, la fuerza sacudiéndole todo el cuerpo. —¿Eso es lo que necesitas, buscalíos? ¿Mi polla recordándole a este coñito avaricioso a quién pertenece?

—¡Sí! —grita, apretándose alrededor de mí—. Soy tuya, Axel. Solo tuya.

El orgullo posesivo me recorre al oír sus palabras. Le llevo la mano al clítoris y le froto círculos firmes, haciendo que arquee la espalda mientras persigue su placer. —Así es, nena. Este coñito dulce es todo mío. Mi putita perfecta, ¿verdad?

—¡Joder, sí, toda tuya! —Su cabeza cae hacia delante mientras se restriega contra mí, tan cerca de deshacerse—. Por favor, Axel, necesito correrme. Hazme correr con tu polla dentro.

Le pellizco el clítoris, dándole lo que necesita. —Hazlo, Poppy. Empápame la polla. Enséñame a quién pertenece este coño.

—¡Axel! —Con un grito agudo y lastimero, Poppy se hace añicos a mi alrededor, su coño apretándome la polla como un puño de terciopelo mientras se deshace. El apretón pulsante de sus paredes es demasiado y, con un rugido, la sigo hasta el éxtasis, llenándola con mi descarga.

—Joder, Poppy.

—¡Oh, Dios! ¡Axel! —solloza mientras sigo embistiendo suavemente, llevándonos a ambos por las últimas oleadas de placer.

Le recorro el cuello y el hombro con besos húmedos, saboreando la sal de su piel.

—Eso es, cariño. Ordeña mi polla. Tómalo todo y dame un bebé. No puedo esperar a verte redonda y radiante con mi hijo.

Paso la mano con reverencia sobre su vientre, imaginándolo abultado con una nueva vida.

Poppy tiembla bajo mis caricias, con la voz entrecortada:

—¿De verdad quieres eso? ¿Un bebé conmigo?

Salgo de ella con cuidado y la giro para que me mire. Le cubro el coño con la mano para que no se derrame mi semen y uso los dedos para empujarlo todo de vuelta dentro.

—Más que nada, bichito. Lo quiero todo contigo. Eres mi meta final, ¿recuerdas?

Se le llenan los ojos de lágrimas mientras me sonríe.

—Yo también quiero eso, Axel. Muchísimo. Te amo.

—Yo también te amo, cariño.

La beso con suavidad, vertiendo toda mi devoción en ese tierno roce de labios.

—Ahora, ¿qué te parece si nos limpiamos y volvemos a la fiesta antes de que envíen un equipo de búsqueda?

Suelta una risita.

—Probablemente sea buena idea. Aunque no sé cómo voy a mirar a nadie a los ojos después de esto. Estoy bastante segura de que todos nos oyeron.

—Los miras con ese brillo de recién follada que les hace saber a todos a quién perteneces —bromeo, dándole una palmada juguetona en el trasero desnudo.

Poppy pone los ojos en blanco, pero no puede contener la sonrisa mientras nos aseamos rápidamente y nos arreglamos. Cogidos de la mano, volvemos a la fiesta, ignorando las miradas cómplices y las bromas bienintencionadas de mis hermanos.

Mientras Andi y Ginger se llevan a Poppy a una conversación —sin duda para sonsacarle detalles—, me acerco a donde Stone le da sorbos a una cerveza mientras observa a los niños jugar con una sonrisa nostálgica.

—Son algo especial, ¿verdad? —dice cuando me pongo a su lado—. Te hacen darte cuenta de lo que realmente importa en esta vida.

Asiento y busco a Poppy con la mirada. Se ríe de algo que ha dicho Andi, con la cabeza echada hacia atrás; el sol le ilumina el pelo y la hace parecer casi etérea.

—Nunca pensé que tendría esto —admito en voz baja—. Una mujer que me ama, un futuro que construir. Después de todo lo de mi padre, el legado familiar del que me alejé... no creía merecerlo.

Stone me da una palmada en el hombro.

—Te lo has ganado con creces, hermano. Tanto tú como Poppy. Después de todo lo que habéis pasado, todo lo que habéis hecho por este club y este pueblo, merecéis toda la felicidad.

Asiento, incapaz de encontrar palabras para describir la paz que me invade hasta los huesos. Esto es por lo que me alejé del legado de mi familia: no solo la hermandad del MC, sino la oportunidad de construir algo real. Algo honesto.

Poppy me pilla mirándola desde el otro lado del césped y me regala esa sonrisa radiante que todavía me deja sin aliento. Sí, pronto tendremos nuestra propia familia. Construiremos nuestro propio legado. Uno hecho de amor y confianza en lugar de juegos de poder y mentiras.

—¡Ven aquí y dame de comer, Capitán de Ruta! —grita—. ¡Estas hamburguesas no se van a montar solas!

Niego con la cabeza, sonriendo, mientras me acerco a donde mi mujer me espera para que la ayude a preparar la comida. Algunas cosas nunca cambian: como su descaro, o la forma en que mi corazón se acelera cada vez que me mira. Pero así es exactamente como lo quiero.

Esta es nuestra vida ahora. Nuestra familia. Nuestro futuro.

Y no lo cambiaría por nada.