Duro como piedra EPÍLOGO 2
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EPÍLOGO 2

POPPY

Tres meses después

—Entonces —digo, sentada en la encimera del baño de nuestra habitación en el club—, ¿recuerdas cuando no parabas de hablar de dejarme embarazada?

Axel se queda inmóvil a mitad del cepillado, con el cepillo aún en la boca, y sus ojos se encuentran con los míos en el espejo. Escupe, se enjuaga y se gira para mirarme con una intensidad que me derrite por dentro.

—Buscaproblemas —gruñe mientras se coloca entre mis piernas—, ¿qué intentas decirme?

Levanto la prueba de embarazo, con el positivo bien visible.

—Parece que tanta práctica al fin ha dado sus frutos, Capitán de Ruta.

Por un instante, se queda mirando el palito de plástico en mi mano. Luego alza los ojos hacia los míos, y la emoción pura que veo en ellos me deja sin aliento.

—¿Estás segura? —pregunta con voz ronca mientras posa las manos en mis muslos.

—Me llegaron los resultados del análisis de sangre esta mañana —me muerdo el labio, nerviosa de pronto—. Sé que no hemos hablado del momento, ni de cómo encaja esto con mi horario de trabajo y...

Su boca devora la mía, cortando mi divagación. El beso es profundo, posesivo, lleno de promesas, de amor y de algo que sabe a eternidad. Cuando por fin se aparta, los dos jadeamos.

—Cásate conmigo —dice contra mis labios.

Parpadeo.

—¿Qué?

—Cásate conmigo —me toma el rostro entre las manos—. Sé mi esposa, no solo mi vieja. Déjame darle mi apellido a nuestro hijo, que lo nuestro sea oficial en todos los sentidos.

—Axel... —noto el escozor de las lágrimas. Malditas hormonas—. ¿Estás seguro? O sea, ya soy tuya. El parche...

—No es suficiente —me seca con el pulgar una lágrima que se me escapa—. Lo quiero todo contigo, Poppy. El anillo, la ceremonia, todo. Quiero que el mundo sepa que me elegiste, que nos elegimos mutuamente.

—¿Aunque sea una buscaproblemas que intentó tirar tu moto?

Suelta una risa grave y cálida.

—Precisamente por eso —me besa de nuevo, más suave esta vez—. Entonces, ¿qué dices, buscaproblemas? ¿Vas a hacer de mí un hombre respetable?

Finjo pensármelo, aunque la alegría me desborda por dentro.

—Bueno, supongo que Thorn sí es un apellido bastante molón...

—¿Eso es un sí?

Le rodeo el cuello con los brazos y lo atraigo hacia mí.

—Eso es un sí rotundo.

La sonrisa que me dedica lo dice todo.

—Bien. Porque llevo un tiempo con algo preparado, esperando el momento adecuado.

—Axel...

Su sonrisa se ensancha mientras me toma de la mano y me lleva del baño al dormitorio. Me guía hasta el borde de la cama, donde el colchón se hunde ligeramente bajo mi peso.

—Dame un momento.

Abre el cajón de su mesita de noche y sus dedos tatuados buscan algo a tientas. El corazón me da un vuelco cuando alza la mirada hacia mí y luego abre la mano.

En su palma descansa un delicado anillo de plata que brilla bajo la suave luz de la habitación. Es sencillo pero elegante, con un único diamante que atrapa la luz como una pequeña estrella, y se me corta la respiración al contemplarlo.

—Es perfecto —susurro, asombrada de que haya sabido elegir un anillo tan «yo», mientras se arrodilla y me lo desliza en el dedo.

—Tú eres perfecta —me rodea las caderas con las manos, se inclina y deposita un beso en mi vientre, que de momento solo está redondo por comer demasiado—. Los dos lo sois.

Y aquí, en nuestra habitación, con la luz de la mañana entrando por la ventana, por fin entiendo lo que es la verdadera felicidad. No se trata de casas elegantes, ni de familias perfectas, ni de cumplir las expectativas de los demás.

Es esto: un motero rudo y su descarada chica del tráfico, construyendo algo real, duradero y completamente nuestro.

—Te quiero —digo mientras le paso los dedos por el pelo, le acaricio la barba y poso la mano en su pecho.

Me mira con esos ojos grises que me han calado el alma desde que nos conocimos.

—Yo también te quiero, buscaproblemas. Siempre.

Seguro que el club monta un numerito con lo del compromiso y el bebé. Habrá fiestas, preparativos y seguramente un montón de regalos inapropiados de nuestra loca familia motera. Pero ahora mismo, en este instante perfecto, solo existimos nosotros.

Solo mi Capitán de Ruta y yo, listos para empezar nuestra próxima gran aventura.

Juntos.

¡Gracias por leer!