Duro como piedra POPPY
89%

POPPY

«¿Sabes?, cuando imaginaba mi vida a los veintidós, nunca pensé que estaría desayunando con un grupo de moteros mientras esperaba a que los federales nos salvaran el culo.

Doy otro mordisco a mi gofre mientras observo a la multitud de hombres vestidos de cuero que llenan la cocina del club con un alegre caos.

—Aunque tengo que admitir que la comida es mejor de lo que esperaba.

—Es increíble cómo cambian las cosas —dice Ginger, la vieja de Tank, con una sonrisa cómplice—.

Hubo un tiempo en que esta cocina solo servía para guardar cerveza y calentar sobras en el microondas.

Ahora míranos: desayunos familiares, niños corriendo por todas partes, Steel con esa tiara mientras las gemelas consiguen que les corte toda la comida en trocitos diminutos.

—Tienen bocas pequeñas —insiste Steel a la defensiva, mientras sostiene un tenedor de plástico infantil con un trocito de gofre en la punta. Una de las gemelas abre la boca como un pajarito antes de que él le dé de comer, y no puedo evitar sonreír ante el gigante bonachón.

Ginger se ríe ante la escena antes de volverse hacia mí.

—¡Ah! Y volviendo a la comida, espera a probar mis rollos de canela. Hasta los moteros más duros se dan de hostias por el último.

—Es verdad —confirma Andi, meciendo al bebé Adam en su cadera mientras él mordisquea una galleta y babea por todas partes—. Una vez vi a Steel y Cash casi llegar a las manos por el bol del glaseado.

—Eso es porque Steel es un capullo que no respeta el orden natural —grita Cash desde su sitio en la barra—. El tesorero tiene prioridad en la repostería. Está en los estatutos.

—Eso no es verdad —replica Lee con la boca llena de beicon.

—Que sí. Justo después de la sección donde alguien tiene que revisar tres veces la ortografía de Duck.

Las bromas me envuelven y calman parte de la ansiedad que me revuelve el estómago desde la confrontación de la semana pasada en el garaje.

Mis hermanos ya están trabajando con Duck, revisando el equipo y comprobando qué podemos salvar de Bennett Construction ahora que el club nos respalda.

Todavía me parece surrealista: hace menos de siete días, todo mi mundo se estaba derrumbando.

Ahora llevo el parche de propiedad de Axel y planeo reparaciones de infraestructura con un club de moteros.

Hablando de mi Capitán de Ruta...

Siento a Axel antes de verlo, su calidez sólida contra mi espalda cuando se inclina para depositar un beso en mi cuello.

—Buenos días, buscalíos.

—Ya era hora de que aparecieras —bromeo, ladeando la cabeza para darle mejor acceso—. Empezaba a pensar que habías encontrado a otra chica del tráfico a la que aterrorizar.

Su risa me recorre el cuerpo.

—Nah, con una me basta. Además...

Sus palabras se cortan cuando le vibra el móvil. La tensión que de repente emana de su cuerpo hace que me incorpore.

—¿Axel?

Se aparta para atender la llamada, con expresión indescifrable mientras escucha. Intento concentrarme en mi desayuno, pero toda la cocina se ha quedado en silencio, todos fingiendo que no escuchan su conversación lacónica.

—Entendido —dice finalmente—. Envíalo.

Una pausa.

—Sí, igualmente.

Termina la llamada y vuelve a la mesa. Me aprieta el hombro antes de sentarse a mi lado.

—Mira tu correo. Debería haber algo interesante.

Me tiemblan ligeramente las manos al sacar el móvil. La cuenta de correo de Bennett Construction avisa de un nuevo mensaje del departamento de urbanismo. Lo abro y recorro rápidamente la jerga oficial hasta que encuentro...

—Dios mío.

El alivio me golpea tan fuerte que me desplomo contra Axel.

—Han enviado nuevos planos para el sistema de aguas pluviales. De verdad, dimensionados para un drenaje real en lugar de...

Trago saliva.

—En lugar de lo que fuera que Summit tuviera planeado.

—Estarán bien cabreados por eso —dice Lee tras tragar—. Pero al menos los hemos frenado un poco más. Les hemos demostrado a esos imbéciles que no pueden venir tan anchos a nuestro pueblo y hacer lo que les dé la gana sin que la buena gente de Stoneheart se interponga.

—¿Y lo mejor? —añade Axel con suficiencia—. Summit va a estar tan ocupado dando explicaciones sobre sus planos originales que le dará tiempo al MC para avanzar con algunos de nuestros planes.

—¿Qué planes? —pregunto, entrecerrando los ojos—. Más te vale no estar guardándome más secretos, Capitán de Ruta.

Me besa la sien.

—No más secretos, buscalíos. Duck ha estado currando para comprar propiedades en la zona oeste a través de esas empresas fantasma. Vamos a alquilárselas a los propietarios originales a precios justos, para evitar que Summit eche a la gente de sus casas y negocios.

—¿Como lo que hiciste por mí y por mis hermanos?

—Exacto.

—Usamos empresas fantasma para que Summit no sepa que somos nosotros —señala Cash, y asiento.

—Listo.

—Además —añade Stone—, con Bennett Construction trabajando ahora con nosotros de forma legal, podemos empezar a hacer mejoras reales en el barrio. Arreglar todas las obras paradas de Summit que pretendían echar a la gente.

—¿Sabéis qué es lo que más me gusta de vosotros? —digo, mirando a todos los que están alrededor de la mesa, estas personas que tan rápido se han convertido en mi familia—. Lo fieros que sois protegiendo a esta comunidad.

—De eso ha ido siempre el MC —dice Stone con esa autoridad tranquila en la voz—. Cuidamos de los nuestros. Siempre lo hemos hecho, siempre lo haremos.

—Cuando mi prima se largó y me dejó criando a sus hijos —interviene Andi, meciendo a Adam en su rodilla—, el club apareció sin dudarlo.

No solo me ayudaron a mantener un techo sobre nuestras cabezas.

Se convirtieron en la familia que necesitábamos.

Hawk con sus tortitas de dinosaurio, Steel jugando a las princesas...

Me sonríe.

—Eso es lo que es realmente el MC: una familia que aparece cuando todo lo demás se desmorona.

Duck asiente. —El lado oeste tiene buena gente. Gente trabajadora. Se merecen algo mejor que ser expulsados por una corporación que solo los ve como números en una hoja de cálculo.

—Por eso la expansión del taller es tan importante —interviene Hawk—. Traerá más empleos a la zona, le dará a la gente la oportunidad de construir algo aquí en lugar de verse obligada a marcharse.

—Además —añade Lee con una sonrisa—, va a cabrear mucho a Summit cuando empecemos a comprarles en sus propias narices cada propiedad que quieren.

Me apoyo en el costado de Axel y siento una calidez que se extiende por mi pecho mientras observo a estos hombres duros, vestidos de cuero, hablar de desarrollo comunitario con la misma intensidad que le ponen a todo lo demás.

—Mi padre nunca entendió esto —digo en voz baja—.

Estaba tan centrado en el dinero, en triunfar, que olvidó lo que realmente importa.

El brazo de Axel me estrecha con más fuerza. —¿Y qué es eso, buscalíos?

—La familia. La comunidad. Tener gente que te respalda pase lo que pase. —Lo miro con el corazón rebosante—. Tener a alguien que te quiere lo suficiente como para enseñarte a escribir «motocicleta» correctamente.

Duck pincha el gofre con dignidad exagerada. —Para que lo sepáis, ese diseño del parche era deliberadamente vanguardista. Una declaración sobre liberarse de las restricciones sociales como la ortografía correcta.

—¿Ah, sí? —sonrío por encima de mi taza de café—. Y yo que pensaba que simplemente se te había olvidado la «c».

—Vosotros no apreciáis el buen arte —murmura Duck, mientras se le ponen las orejas rojas—. Además, no os oí quejaros a ninguno cuando salieron los parches por primera vez.

Tank resopla sobre su café. —Teníamos demasiado miedo de Maggie para decir nada. Esa mujer tiene un gancho de derecha brutal.

—Y ropa interior con pedrería —añade Lee con una sonrisa burlona—. No olvidéis esas braguitas con brillantes y el parche mal escrito en la parte de atrás.

—¡Esas se vendieron como rosquillas en la concentración! —protesta Duck mientras la mesa estalla en carcajadas.

—Eh, espera —Axel intenta defenderlo, pero lo interrumpo.

—No teníais ni idea de que estaba mal escrito. Todos lo llevasteis sin daros cuenta. —Hago un gesto señalando a todos en la mesa—. Vi con mis propios ojos el ataque de pánico cuando os disteis cuenta.

Lee casi escupe los gofres por todas partes. —Ahí nos ha pillado.

—Vale. Ya está. —En un movimiento fluido, Axel se levanta y me echa sobre su hombro, igual que aquella primera noche—. Es hora de recordarle a mi chica quién manda aquí.

—¡Bájame! —me río, sin quererlo decir en serio—. ¡Tengo planos de construcción importantes que revisar!

—Luego. —Empieza a llevarme hacia el pasillo que lleva a nuestra habitación—. Ahora mismo tengo que ocuparme de ese problemilla de actitud tuyo.

—¡No olvidéis la reunión sobre las obras a las dos! —nos grita Duck.

—¡Y mis rollitos de canela estarán listos en una hora! —añade Ginger.

—¡Guardadnos algunos! —grito, y luego chillo cuando la mano de Axel me da un azote en el trasero.

—Sigue con tu descaro, buscalíos, y nos perderemos las dos cosas.

Mientras sus largas zancadas nos llevan escaleras arriba, de dos en dos, no puedo evitar sonreír.

Algún día tendremos nuestro propio sitio, pero por ahora, estar aquí con nuestra loca y variopinta familia es exactamente lo que necesito.

Lucharemos contra Summit juntos, protegeremos nuestra comunidad juntos y construiremos algo duradero, igual que Axel y yo hemos construido este amor entre nosotros.

Y en realidad, ¿qué más podría pedir una chica que un hombre que se la lleva al hombro como un cavernícola mientras todo un MC silba y les lanza piropos a sus espaldas?

La vida es bastante perfecta, faltas de ortografía incluidas.