Dulce No Venganza 43 ARYA
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43 ARYA

¿Podía negarme? Podría intentarlo, supongo.

¿Quería negarme? Dios, no.

Fueron dos días agonizantes, una prueba de resistencia para mi cuerpo, pero también para el alma de Liam. Verlo así —este hombre fuerte, el poderoso y rico empresario— reducido a una súplica constante de amor, me desarma por completo.

Es increíble, ¿no?

¿Se lo impediré? He terminado con esa resistencia; las murallas que levanté para protegerme se han desmoronado bajo el peso de su devoción.

Uso las manos que todavía tengo enredadas alrededor de su cuello para acortar la distancia. Su frente cae sobre la mía, pesada y cálida. Nos miramos más allá de lo superficial, conectando en ese espacio donde las palabras sobran, y entonces decido cerrar la brecha para besarlo.

Beso al hombre que ha conquistado cada rincón de mi corazón, que me ha rescatado de la oscuridad más veces de las que puedo contar, y en ese roce entiendo que mi tiempo de huir ha expirado.

Yo... lo amo. Con una intensidad que me asusta y me libera al mismo tiempo.

—Ya no quiero huir, Liam —susurro contra sus labios, dejando que mi aliento se mezcle con el suyo.

—Ya no lo hagas. Quédate conmigo —responde. Suena como una orden, pero percibo la vibración de la vulnerabilidad escondida en su garganta.

—No sé cómo será nuestro futuro —empiezo a decir, sosteniendo su mirada azul con firmeza—, pero hay una cosa que sí sé con absoluta certeza: me enamoré de ti desde el primer día en que te vi. Malditamente te amo.

Los pasos de Liam vacilan al cruzar el umbral de su habitación. Nuestra habitación.

—Repite eso, por favor —me suplica, con sus ojos bailando entre los míos en una mezcla de asombro y ruego.

—Ya no quiero huir.

—No, esa parte no. La última —me ruega con un desespero que nunca le había oído. Le tomo el rostro con las manos, acariciando la aspereza de su barba de tres días con mis pulgares antes de volver a reclamar sus labios.

—Te amo, Liam Blake.

—Mierda... Así que así es como se siente tocar el cielo.

Me río contra su boca; imaginé muchas facetas de este hombre, pero esta vulnerabilidad luminosa es algo que nunca esperé ver.

—¿Qué es lo que tiene tanta gracia? —me pregunta con el ceño fruncido, aunque esa sonrisa de lado delata que es plenamente consciente del efecto que tiene sobre mí.

—No es nada, solo pienso en que se siente bien soltarse —admito, mientras mis dientes se aferran a mi labio inferior en un gesto nervioso.

Es la verdad: me siento ligera, pero también terriblemente expuesta. Mi corazón está abierto de par en par, y solo él tiene la llave .

—También me da un poco de miedo. Por favor, Liam, no me traiciones. No juegues conmigo; no creo que pueda soportar una ruptura ahora.

Llegamos a la cama y él levanta las mantas con una delicadeza casi sagrada antes de acostarme y cubrirme. Nadie me había cuidado así jamás; nadie me había adorado con esa intensidad casi religiosa. Su mirada se siente como un incendio, uno que arrasa con todas mis emociones.

Me toma el rostro con ambas manos, inmovilizándome suavemente para que mi universo se reduzca solo a él.

—Nunca más, Arya. He terminado con todo esto. No vale la pena seguir adelante si corro el riesgo de perderte en el camino. He terminado.

Las lágrimas pican detrás de mis ojos ante el peso de sus palabras. Aun así, necesito escucharlo con claridad.

—No estoy entendiendo, Liam. ¿Con qué has terminado? —La pregunta sale estrangulada. Necesito la certeza.

Él me sonríe y, aunque es la sonrisa que tanto amo, noto una sombra de melancolía en sus rasgos. Mi corazón se comprime antes de que pronuncie la respuesta.

—He terminado con mi venganza. No hay nada en este mundo que me importe más que tú y nuestro hijo. Te quiero para toda mi vida, y si eso significa perdonar al hombre que me quitó a mis padres, lo haré. Por ti lo haré. Por un futuro a tu lado.

Todo el aire abandona mis pulmones de golpe.

La honestidad en sus palabras me llena el pecho de una alegría dolorosa. Me impulso con las fuerzas que me quedan y lo rodeo en un abrazo desesperado, arrastrándolo conmigo al colchón hasta que termina cernido sobre mí.

—Gracias, Liam. No tienes idea de lo que esto significa para mí.

No tenías que hacerlo y, aun así, estás demostrando tener un corazón más noble que el de cualquiera.

—Siento una punzada de tristeza por él, por el sacrificio que está haciendo y por todo lo que perdió hace años.

En este instante, me hago la promesa de que mi meta de vida será compensarlo.

Verlo otorgar su perdón, después de tanto odio acumulado, es el regalo más grande que podría darme.

—Te amo —susurro desde lo más profundo de mi alma.

—Y yo te amo a ti, mi dulce Arya.

***

Han pasado cinco días desde que regresamos del hospital. Finalmente, Liam accedió a que Su se quedara conmigo mientras él intenta retomar las riendas en BLAKE.

Tuve que insistirle toda la noche que fuera a trabajar, que revisara sus contratos e inversiones; no podía permitir que descuidara su imperio por mi culpa. Además, el reposo absoluto se está volviendo una jaula bastante aburrida.

—Su, necesito pedirte un favor. —Miro a mi amiga con ojos inocentes, pero no la engaño. Ella me mira con los ojos entrecerrados, desconfiada.

—Si estás pensando en huir, te voy a rogar que te lo pienses mejor. Liam me va a despellejar viva si se entera de que te dejé salirte con la tuya otra vez —dice con ese tono decidido que solo tiene ella.

No es lo que pretendo, pero me llevo las manos a la cadera y finjo una molestia indignada.

—¿Y en qué momento pasaste de ser mi mejor amiga a ser la presidenta del club de fans de Liam? —le reclamo con un puchero.

—Ja. ¿Quizás desde el momento en que me juró que te ama y que movería cielo y tierra para matarme si algo te llega a pasar? —chilla Su, exagerando el drama .

—Liam no haría eso, no es un psicópata —digo rodando los ojos.

—Tal vez no, pero es un hombre enamorado, y eso es mucho más peligroso. Por lo que veo, tú también estás perdida por él. —Golpea su hombro con el mío—. Menos mal, porque criar a un niño sin querer ver al padre iba a ser una situación bastante incómoda.

—¡Susan! —La reprendo—. Nos estamos desviando. Además... quiero estar aquí, con él.

—Es un alivio, porque me dejó un par de esposas por si acaso.

Me río, rodando los ojos de nuevo. Conociendo a Liam, no estoy del todo segura de que mienta, pero decido ignorarlo. Me incorporo lentamente, apoyando la espalda en la cabecera. A Liam le da un ataque si me muevo sin supervisión, pero me siento fuerte y lo hago con extremo cuidado.

—Esto es importante, Su —le digo, recuperando la seriedad—. Se trata de Liam y mi padre. Liam le ha concedido el perdón por lo que hizo. Dice que solo quiere un mundo en paz conmigo.

Mi amiga aprieta mi mano con cariño.

—Eso es bueno, ¿verdad? Podrán cerrar ese capítulo oscuro al fin. —Su tono, aunque aliviado, me deja ver un poco de duda detrás.

—Eso deseo más que nada, pero no se siente correcto.

Necesito hablar con mi padre. Necesito que se entregue a las autoridades.

Aunque Liam lo perdone, yo necesito saber que hubo justicia.

—Suelto el aire de mis pulmones en un suspiro pesado—.

Es mi padre, pero las razones de su crimen son horrendas.

Liam no se merecía ese dolor. Nadie se lo merecía.

Susan me observa en silencio durante un largo rato.

—Eres increíblemente valiente, Arya. La justicia es un concepto subjetivo hoy en día, pero veo esa chispa de determinación en tus ojos. ¿Qué necesitas de mí ?

—Necesito hablar con Aron. Quiero saber qué opciones legales existen, pero Liam no puede saberlo. Tú serás mi voz. Pídele asesoría; no sé si debo ser yo quien lo entregue o si es mejor presionarlo para que lo haga solo.

—¿Serías capaz de entregarlo tú misma? —pregunta Su con un jadeo de sorpresa. Mi cuerpo reacciona después de expresar mis pensamientos de la última semana en voz alta. Siento un escalofrío que me recorre la espalda y no siento que sea uno de los buenos.

—No lo sé. Solo sé que quiero hacer lo correcto. Preferiría que él tomara la iniciativa e insistiré hasta que lo haga. —Los brazos de mi amiga me rodean con una suavidad protectora; está siendo casi tan exagerada como Liam.

—Cuenta conmigo. Hablaré con Aron hoy mismo y te daré noticias mañana. —Respiro aliviada. Pero no se me escapa el pequeño rubor que llega a sus mejillas por mencionar el nombre de Aron.

—Gracias, de verdad. —Me aclaro la garganta para cambiar de tema—. Ahora, tenemos toda la tarde... ¿por qué no me confiesas qué está pasando realmente entre Aron y tú?

Parece que toco una fibra sensible. Las mejillas de Su cambian de rosadas a rojas en un segundo.

—Sabes que puedes confiar en mí —insisto—. Si Aron se ha propasado o algo...

—No, Arya. Aron no ha hecho nada. —Suspira dolorosamente—, y empiezo a creer que ese es el problema.

—Se deja caer en la cama a mi lado y empieza a soltarlo todo—.

Creo que le gusto, pero cada vez que estamos cerca, parece que pone una barrera y se aleja.

—Baja la mirada y sacude la cabeza. —Es un caballero perfecto: mensajes de buenos días, cenas increíbles. .. pero no pasa de ahí. No lo entiendo.

—Esa información definitivamente no es la que esperaba —digo, genuinamente sorprendida—. Creí que tal vez… bueno no sé, Aron me parece del tipo que hace las cosas enserio .

—No encuentro otra explicación. —Me mira y puedo ver lo mucho que le duele.

—¿Has intentado hablarlo con él directamente?

—No. Tengo terror de que sea solo mi imaginación y él solo esté siendo un buen amigo. No podría con la vergüenza.

—Lo siento, Su. Conmigo siempre fue alguien divertido y muy seguro de sí mismo. Me cuesta imaginar que no caiga rendido ante tu encanto. Eres una mujer hermosa. —Pone los ojos en blanco.

—Exageras. —No le gusta que lo diga, pero es la verdad.

—Para nada. Y si Aron no es capaz de verlo, alguien más lo hará y te valorará por todo el oro que tienes dentro.

—Gracias... se supone que yo soy la que viene a cuidarte y terminas siendo tú la que me consuela. —Se ríe, pero es una risita melancólica que me dice que de verdad está mal por Aron. Solo puedo sonreír.

—Para eso estamos las amigas. Siempre estaré para ti.

—Tal vez tú sí, pero dudo que el guardián de Liam me deje acercarme mucho. Si ahora actúa como un maníaco protector, no quiero ni imaginarlo cuando tenga a tu bebé en brazos.

Niego con la cabeza, riendo, aunque en mi interior sospecho que Susan tiene toda la razón del mundo.